Este próximo domingo, 5 de julio, es la oportunidad para que todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en los Estados Unidos participen en un ayuno unificado.
“Todos están invitados a participar en un ayuno unificado para expresar gratitud por la libertad religiosa y orar para que se fortalezca en todo el mundo”, escribieron el presidente de la Iglesia, Dallin H. Oaks, y sus consejeros de la Primera Presidencia, el presidente Henry B. Eyring y el presidente D. Todd Christofferson, en una carta fechada el 12 de marzo y enviada a los líderes locales de los Estados Unidos.
El ayuno está programado para el día siguiente al Día de la Independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio, fecha que marcará el 250.º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.
El historiador de la Iglesia Spencer McBride dijo que el ayuno tiene una larga tradición histórica en este país. Durante la Revolución Americana, el Congreso Continental declaró un Día Continental de Ayuno y Oración en 1775, y posteriormente hizo lo mismo cada año durante la guerra.
McBride explicó que se pedía a los estadounidenses que ayunaran y oraran durante todo un día, que acudieran a sus lugares de culto y escucharan un sermón de su ministro religioso sobre la importancia de la libertad y la independencia, así como sobre lo que estaba en juego en la Revolución Americana.
“Nuestros fundadores tenían un gran interés en asegurarse de que acudiéramos a Dios al buscar estas libertades y derechos. Ellos lo hicieron en aquel entonces. Y creo que es muy apropiado que los líderes de nuestra Iglesia nos hayan pedido ayunar y orar en gratitud por los derechos que tenemos — pero también para saber cuál es la mejor manera de protegerlos de cara al futuro. Es una forma muy adecuada de conmemorar el 250.º aniversario de la fundación de los Estados Unidos”, dijo McBride.
Al recibir la invitación de la Primera Presidencia, Kurt Fertig, director del Programa de Instituciones Estadounidenses de Ensign College, pensó de inmediato en Isaías 58:6, que dice: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de la maldad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados y romper todo yugo?”.
En el pódcast de Church News, Fertig explicó que muchas personas en todo el mundo no gozan de libertad religiosa; de hecho, para ellas puede ser difícil o incluso peligroso expresar libremente sus creencias religiosas y adorar.
“Creo que el propósito de este ayuno es pedirle al Señor que obre milagros en todo el mundo, que ablande los corazones, que abra caminos para que se produzcan cambios en los gobiernos donde sea necesario, a fin de que las personas puedan comenzar a sentir esa misma libertad de practicar su religión, cualquiera que esta sea, y que se rompan esas ligaduras, que desaparezcan”, dijo.
Joseph Kerry, presidente del Departamento de Comunicaciones de Ensign College, señaló que hay dos aspectos importantes de este ayuno. Uno de ellos consiste en expresar gratitud por la libertad religiosa, ya que es un recordatorio de que este derecho proviene de Dios.
“Tiene sentido que Él quiera que todos sus hijos disfruten de la libertad religiosa, y cuando expresamos nuestra gratitud por ello, creo que se fortalece nuestro compromiso con esta libertad, así como nuestro reconocimiento de que proviene del Padre Celestial y, en cuanto a cómo podemos mejorarla”, dijo Kerry.
También, señaló que es una gran responsabilidad ayunar por este asunto junto con muchas otras personas: hay una “tremenda fortaleza en ello”, añadió.

Ayunos a nivel mundial
En el Nuevo Testamento, Pablo exhortó a los corintios: “ocupa[os] en el ayuno y la oración” (1 Corintios 7:5). El propio Salvador enseñó que ciertas cosas “no sale[n] sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21).
Si bien este es un ayuno a nivel nacional, dirigido a los Santos de los Últimos Días de los Estados Unidos, la Iglesia ha convocado ayunos a mayor escala y ayunos mundiales.
En 1985, el presidente Spencer W. Kimball invitó a los miembros de la Iglesia a ayunar por las víctimas de la hambruna en Etiopía.
El ayuno recaudó 6 millones de dólares estadounidenses. En noviembre de 1985, los Santos de los Últimos Días participaron en un segundo ayuno que recaudó otros 5 millones de dólares para aliviar el hambre.
Tres décadas después, en enero de 2005, el presidente Gordon B. Hinckley hizo un llamado a los miembros de la Iglesia de todo el mundo para que ayunaran por las víctimas de un tsunami que azotó el sureste asiático el 26 de diciembre de 2004, provocado por un terremoto de magnitud 9.0. El desastre cobró más de 220.000 vidas en una docena de países, entre ellos Sri Lanka, Indonesia, Tailandia e India.
El ayuno impulsó la respuesta de emergencia y ayuda a largo plazo en la zona del desastre.
En 2020, el entonces el presidente de la Iglesia, Russell M. Nelson, invitó a los miembros de la Iglesia y a otras personas a participar en un ayuno mundial el domingo 29 de marzo, para suplicarle al Señor “sanación física y espiritual”, en respuesta a la pandemia de COVID-19. Durante la conferencia general de abril de 2020, convocó a un segundo ayuno mundial el Viernes Santo, el 10 de abril.
Personas de otras religiones también aceptaron la invitación, y muchas compartieron que sintieron paz y consuelo al participar.

