CIUDAD DE DÁVAO, Filipinas — Virginia Cuyong recuerda escuchar a los misioneros subir las escaleras hacia su apartamento en el último piso cuando era una niña pequeña, a principios de la década de 1960, en Mindanao, la isla más meridional de Filipinas.
“Los misioneros seguían viniendo. Podía oír el sonido de sus zapatos — eran altos y grandes. Zapatos muy grandes, pies muy grandes”, dijo riendo.
La madre de Cuyong, Daniela dela Victoria, había recibido un ejemplar del Libro de Mormón en 1958, después de que uno de sus hijos visitara Manila. Victoria compartió entonces el libro con un ministro llamado Cipriano Mumar, quien obtuvo un testimonio de él y escribió a los líderes de la Iglesia solicitando que enviaran misioneros a la Ciudad de Dávao.
Unos dos años después, se asignaron misioneros a este lugar. Cuyong recordaba que ellos entraban en su edificio de apartamentos alrededor de las 11:30 o al mediodía, todos los días. Su madre pensaba que los misioneros pasaban por allí porque tenían hambre.
“Mi mamá les decía: “Ya he terminado con ustedes; ya he pasado por muchas religiones. Solo vienen aquí porque su único propósito es comer”, contó Cuyong. Pero ella nunca olvidó que los misioneros “nunca se daban por vencidos”.
Su familia y la familia Mumar se convirtieron en pioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Dávao, compartiendo el Evangelio con sus amigos y vecinos, y dando paso a que generaciones posteriores siguieran su ejemplo.
Sus descendientes asistieron a la dedicación del Templo de Davao, Filipinas, el domingo 3 de mayo. La hija mayor de Cuyong —nieta de Victoria— Revena Brandley, conversó con Church News en los jardines del templo, acompañada por su madre.
“Los filipinos son muy devotos”, dijo Brandley. “Cuando encuentran la verdad, o cuando aprenden y llegan a conocerla, sienten el deseo de compartirla. ‘Oigan, vengan a unirse a nosotros, ... estas son noticias maravillosas y este es un Evangelio maravilloso”.
Otra mujer que Brandley conoce encontró el Evangelio en los Estados Unidos y, al regresar a Filipinas, invitó a muchos familiares y vecinos a aprender de los misioneros, lo cual contribuyó también al crecimiento de la Iglesia en su ciudad.
“Puedo relacionar eso con la historia de mi abuela”, dijo Brandley. “Los filipinos somos generosos — nos encantan los festines, nos encanta la comida —lo que tenemos, lo compartimos”.
‘Un pueblo muy espiritual’
Tras 65 años desde que se estableció la Iglesia en Filipinas, ahora hay más de 905 000 miembros de la Iglesia en sus islas. El Templo de Davao es el quinto templo dedicado, y el Templo de Bacolod, Filipinas, se convertirá en el sexto a finales de mayo.
Cuando el presidente de la Iglesia, Dallin H. Oaks, era miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, sirvió como presidente del Área Filipinas de 2002 a 2004. Al regresar en abril de 2024, dedicó el Templo de Urdaneta, Filipinas, y comentó a Church News sobre la gran fe de las personas de esta nación.
“Los filipinos son un pueblo muy espiritual. Aman al Señor de manera natural, desean servirle de manera natural y, por naturaleza, poseen una cultura centrada en la familia”, dijo.
La familia del élder Carlos G. Revillo Jr., Setenta Autoridad General y presidente del Área Filipinas, se unió a la Iglesia en la isla de Mindanao en 1971.
Los Revillo viajaban durante varias horas desde la ciudad de General Santos hasta la ciudad de Dávao, por caminos difíciles, para asistir a las conferencias de distrito. Más tarde, Carlos C. Revillo Sr. y Amparo G. Revillo sirvieron como presidente y directora de obreras del Templo de Manila, Filipinas.
Amparo Revillo, ahora viuda, asistió a la dedicación del Templo de Dávao.
“Vale la pena todo el sacrificio”, dijo el domingo. “Amo muchísimo a mi familia. Sé que la familia es fundamental en el plan del Creador”.
‘Viejos amigos y nuevos amigos’
Purita Bernales se bautizó en 1970 después de recoger un folleto que se le cayó de la bolsa a una compañera de la universidad. El folleto trataba sobre José Smith.
“Dije: “¿Quién es este hombre?”, recordó Bernales. Su compañera de clase la invitó a la Iglesia un domingo “sin pensarlo dos veces”.
Casi 56 años después, las dos mujeres asistieron juntas a la dedicación del Templo de Dávao.
“Ella es quien me trajo al Evangelio”, dijo Bernales, entrelazando su brazo con el de la hermana Diana Gadiane en los jardines del templo.
Gadiane relató que a los primeros miembros de la Iglesia en Dávao se les instruyó llevar consigo algo relacionado con la Iglesia a dondequiera que fueran, esa es la razón por la que ella llevaba algo sobre José Smith en su mochila escolar. Bernales comentó que, al principio, solo sentía curiosidad por la Iglesia, pero que ahora sabe que, en realidad, estaba buscando la verdad.
Lo primero que notó fueron las enseñanzas de la Iglesia sobre amar a todas las personas. “Eso es una motivación diaria para mí”, dijo.
En aquel entonces, la rama era pequeña y nueva. “Tenías que ser directora de coro y maestra al mismo tiempo”, dijo Bernales. “Teníamos que hacerlo todo nosotros mismos”.
Actualmente, hay varias estacas dentro del distrito del Templo de Dávao. Cerca de 30 000 personas asistieron a la casa abierta, ya que los miembros de la Iglesia invitaron con entusiasmo a sus amigos y vecinos a visitar el templo.
El domingo, los jardines del templo se llenaron de sonrisas y saludos. Mientras conversaban con Church News, Bernales y Gadiane eran interrumpidas con frecuencia para abrazar a otras personas.
Fue un día, tal como lo describió Gadiane, de encuentro con “viejos amigos y nuevos amigos” en el Evangelio.
