¿Puede un líder adulto cambiar el rumbo de la vida de un joven?
Pues el rumbo de la mía, sí cambió. Recuerdo cuando participé en la representación de la obra de teatro “Romeo y Julieta” de mi escuela secundaria. No tenía un papel importante, pero estaba muy entusiasmado. Nunca olvidaré la noche que vi a mi líder de los jóvenes sentado entre el público, en la tercera fila. Yo sabía que él no tenía ningún hijo en la obra y tampoco había ningún otro joven de mi barrio en el reparto. Pero resulta que había venido a verme a mí. Después de la actuación me felicitó y recuerdo lo bien que eso me hizo sentir.

El tiempo que se invierte en nuestros jóvenes fuera de las reuniones dominicales se tiene en cuenta y se valora. Ciertamente escuché con más atención a mi líder después de que asistió a la obra de teatro en la cual participé. Los líderes de los jóvenes pueden marcar la diferencia simplemente al mostrar interés por lo que hacen los jóvenes. Esto podría incluir, asistir a un partido de lacrosse, a una competencia de campo traviesa (cross-country) o a un recital de piano o danza.
Del mismo modo, apartar un momento para hablar con un hombre o una mujer joven, en cualquier lugar, transmite un mensaje positivo de aceptación y amor. Ese momento puede presentarse durante una actividad de servicio entre semana; en el vestíbulo del centro de reuniones, con un joven que se siente incómodo en un baile de estaca; o tal vez solo en el pasillo de la capilla después de las reuniones de la Iglesia.
Háganle una pregunta abierta:
- “¿Qué tal es tener un nuevo hermanito?”
- “¿Cómo te está yendo en tu clase de cálculo?”
- “¿Cómo van los arreglos que estás haciendo en el auto que está en tu garaje?”
Cerciórense de ser sinceros, curiosos y abiertos. Escuchen atentamente y respondan elogiando sus esfuerzos, progreso y las buenas decisiones:
- “Me parece fantástico que tus padres puedan contar con tu ayuda”.
- “Es admirable que no le huyas a una clase difícil de la escuela”.
- “Creo que el tiempo que estás dedicando a aprender sobre la mecánica de autos te ayudará en el futuro”.
La conversación puede durar solo dos minutos, pero nunca la olvidarán. El joven puede volver a casa y decir: “Mamá, el hermano King vio una linda publicación en las redes sociales sobre mi desempeño en nuestro partido de la semana pasada”, o “Papá, la hermana Cerda dijo que me iba a ayudar con mis solicitudes de admisión a la universidad el año que viene”.
El presidente general de los Hombres Jóvenes, Steven J. Lund, con frecuencia nos recuerda al consejo asesor general lo que las investigaciones de la Iglesia han descubierto: “Los hombres jóvenes que tienen vínculos sólidos y positivos con una miembro activo de la familia, un amigo o un líder, pueden desarrollar una relación más fuerte con su Padre Celestial. [Además], estos hombres jóvenes tienen más probabilidades de permanecer activos. Otros elementos específicos del programa, así como el plan de estudio dominical y las actividades que se realizan fuera de la Iglesia tienen poco efecto, independientemente de estos vínculos”.
Los líderes de los jóvenes pueden invertir horas preparando y apoyando a los jóvenes con sus lecciones y actividades y, sin embargo, puede ser la conexión uno-a-uno que hacen lo que tendrá el efecto más duradero en sus vidas. Alma enseñó a su hijo Helamán. “… por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas…” (Alma 37:6).
El hermano Bradley R. Wilcox, primer consejero de la presidencia general de los Hombres Jóvenes, con frecuencia, concluye sus sesiones de capacitación con estas palabras: “No sé los nombres de las personas que han ganado premios de la academia o medallas en las Olimpíadas; tampoco puedo decirles quién ganó el Premio Nobel recientemente. Sin embargo, puedo decirles los nombres de los líderes de los jóvenes que marcaron la diferencia en mi vida; les puedo decir el nombre de los obispos que me cambiaron para siempre; y el de los líderes que me hicieron sentir que en la Iglesia había un lugar para mí”.
Un simple momento dedicado a mostrar genuino interés por un joven, puede marcar una diferencia eterna. A través de su ministerio y enseñanzas, el Espíritu Santo tocará el corazón de los jóvenes y les ayudará a convertirse en discípulos de Jesucristo para toda la vida.
Solo pregúntenle a un chico llamado Mark con un pequeño papel en una obra de teatro escolar, pero que tuvo la bendición de tener un líder que hizo una gran diferencia.
— Mark J. Weist es un miembro del consejo asesor general de los Hombres Jóvenes.
