En una publicación en redes sociales el miércoles, 23 de julio, el presidente Dallin H. Oaks, primer consejero de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, afirmó que José Smith logró más de lo que cualquier hombre mortal podría haber logrado en tan poco tiempo.
Estas palabras del presidente Oaks surgieron un mes después de que también enseñara a los nuevos líderes de misión en el Centro de Capacitación Misional de Provo por qué un testimonio de José Smith es vital para la obra misional.
“Es muy importante que nuestros misioneros tengan un testimonio del llamamiento divino y la obra milagrosa del profeta José Smith. Eso debe ser parte de su enseñanza y consejo”, dijo el sábado, 21 de junio durante el Seminario para Nuevos Líderes de Misión 2025.

Su publicación en redes sociales reitera muchas de las mismas verdades que testificó en el CCM sobre la vida del profeta José Smith.
El presidente Oaks explicó cuánto logró José Smith durante sus 38 años y medio de vida.
“José Smith fue un hombre de la frontera: joven, emotivo, dinámico y tan amado por su pueblo, y accesible a este, que con frecuencia lo llamaban ‘hermano José’”, escribió el presidente Oaks.
La relativa juventud de José Smith marcó un hito en su ministerio profético: tenía 14 años cuando tuvo la Primera Visión, 21 cuando recibió las planchas de oro y solo 23 cuando terminó de traducir el Libro de Mormón.
“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó cuando José Smith tenía 24 años, y más de la mitad de las revelaciones de nuestro libro de Doctrina y Convenios se dieron por medio de este profeta cuando tenía 25 años o menos”.
Para enfatizar aún más los logros temporales de José Smith, el presidente Oaks citó una publicación de Estudios de BYU sobre sus encuentros legales.

“[Él] fundó ciudades, incluidas Kirtland, Far West y Nauvoo; llamó y capacitó a cientos de líderes de la Iglesia; estudió hebreo y la Biblia […]; dirigió empresas, en solitario y con socios; fue promotor inmobiliario y construyó templos; escribió y publicó artículos y editoriales; […] sirvió en diversos cargos cívicos, por ejemplo, comandante en jefe de una gran legión de milicianos y alcalde y juez superior de la ciudad de Nauvoo […]; atrajo a decenas de miles de seguidores, que empujaron a olas de conversos a emigrar a los Estados Unidos” (Sustaining the Law: Joseph Smith’s Legal Encounters) (en inglés) [Sosteniendo la ley: Los encuentros legales de José Smith].
El presidente Oaks concluyó: “La única explicación posible es la ayuda celestial”.
La ayuda divina también fue un tema recurrente en una publicación en redes sociales del presidente Henry B. Eyring, segundo consejero de la Primera Presidencia, el lunes, 28 de julio.
Junto a una pintura de Jesucristo orando, obra de la artista Rebecca Johnston, el presidente Eyring testificó que “nuestra vida terrenal ha sido concebida por un Dios amoroso para que sea una prueba y una fuente de crecimiento para todos nosotros”.
El presidente Eyring dijo: “Desde el comienzo, las pruebas no han sido sencillas. Afrontamos pruebas que surgen de tener un cuerpo físico. Todos nosotros vivimos en un mundo en que se intensifica la guerra de Satanás contra la verdad y contra nuestra dicha individual. Probablemente les parezca que el mundo y su vida están en creciente conmoción”.
A pesar de esta creciente conmoción, el presidente Eyring aseguró que “el Dios amoroso que ha permitido esas pruebas para ustedes también ha dispuesto un modo seguro de atravesarlas”.
Ese camino seguro es Jesucristo.
“De tal manera amó el Padre Celestial al mundo que envió a Su Hijo Unigénito para ayudarnos”, escribió el presidente Eyring. “Su Hijo Jesucristo ha dado la vida por nosotros. Jesucristo cargó en Getsemaní y en la cruz el peso de todos nuestros pecados”.

Al dar más testimonio del papel divino del Salvador en el plan del Padre Celestial, el presidente Eyring dijo que Jesucristo “sintió todos los pesares, los dolores y los efectos de nuestros pecados para poder consolarnos y fortalecernos durante cada prueba de la vida”.
A medida que esta verdad penetre profundamente en el corazón, “ruego que tu fe en Él aumente”, dijo el presidente Eyring.
“Que sientas más esperanza y optimismo, y que sientas el amor puro de Cristo por los demás y por ti mismo”.

