La guía de estudio de esta semana de “Ven, sígueme” abarca 2 Reyes 2-7, que incluye al profeta Eliseo y el relato de cómo Naamán fue sanado de la lepra.
A continuación, se presentan algunas citas de líderes, tanto actuales como del pasado, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sobre estos capítulos de las Escrituras.
2 Reyes 2
“Elías era un profeta del Antiguo Testamento por medio de quien se efectuaron poderosos milagros. … Al concluir el ministerio terrenal de Elías el Profeta, ‘subió al cielo en un torbellino’ (2 Reyes 2:11) y fue trasladado.
“‘De las revelaciones de los últimos días, aprendemos que Elías el Profeta poseía el poder sellador del Sacerdocio de Melquisedec, y que fue el último profeta que lo poseyó antes de la época de Jesucristo’ (Guía para el estudio de las Escrituras, ‘Elías el Profeta’). … Esa sagrada autoridad para sellar es esencial a fin de que las ordenanzas del sacerdocio sean válidas y vinculantes, tanto en la tierra como en el cielo.
“Elías el Profeta se apareció con Moisés en el Monte de la Transfiguración (véase Mateo 17:3) y confirió esa autoridad sobre Pedro, Santiago y Juan. Se apareció nuevamente con Moisés y otros el 3 de abril de 1836 en el Templo de Kirtland y confirió las mismas llaves a José Smith y a Oliver Cowdery. …
“La restauración de la autoridad de sellamiento por medio de Elías el Profeta en 1836 fue necesaria para preparar al mundo para la segunda venida del Salvador, e inició un mayor interés mundial en la investigación de historia familiar”.
— Élder David A. Bednar del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2011, “El corazón de los hijos se volverá”

“En conclusión, quisiera mencionar la historia de Elías y Eliseo. Elías había abandonado sus responsabilidades y se había ido a una cuerva; pero Jehová se le apareció y le dijo que volviera. No había tenido un converso en muchos años, pero cuando volvió encontró a Eliseo, quien inmediatamente lo siguió (véase 1 Reyes 19).
“Vivieron y trabajaron juntos por algunos años hasta que llegó el momento en que todos los líderes del sacerdocio sabían que Elías iba a ser trasladado. Elías y Eliseo se pararon a la orilla del río Jordán y más lejos estaban cincuenta poseedores del sacerdocio. ‘Tomó entonces Elías su manto, y lo dobló y golpeó las aguas, y estas se apartaron a uno y a otro lado, y ambos pasaron por lo seco’. Y Elías le dijo a Eliseo: ‘Pide lo que quieras que haga por ti’. ¿Os imagináis? Entonces Elías fue arrebatado en un carro de fuego, y lo único que quedó fue su manto. Eliseo lo levantó y se volvió a los cincuenta poseedores del sacerdocio que estaba ahí. Tenía que cruzar el río, así que levantó el manto, golpeó las aguas y éstas se separaron. (véase 2 Reyes 2:1-15).
“Me encuentro ahora a orillas del Jordán con mis hábiles consejeros … en nuestro intento de cruzar el río para servir juntos. Pido las oraciones de … de todos los presentes para que mis consejeros y yo podamos también apartar las aguas del río a fin de que podamos volver y cumplir con nuestra misión”.
— El fallecido élder Robert D. Hales, en aquel entonces obispo presidente, conferencia general de abril de 1985, “El manto de un obispo”
2 Reyes 4

“Hoy voy a compartir una historia del Antiguo Testamento que leí a la edad de ustedes y que me dejó con ganas de ser como la protagonista. La Biblia no nos dice su nombre, así que la llamaremos la mujer de Sunem porque ese es el nombre de su pueblo.
“Un día, el profeta Eliseo pasaba por Sunem, y leemos que ‘había allí una mujer importante que le invitaba insistentemente a que comiese; y sucedía que cuando él pasaba por allí, entraba en su casa a comer’ (2 Reyes 4:8). ¡Me imagino al profeta Eliseo muy feliz por la invitación a comer en la casa de ella! Ya había ido varias veces, cuando un día la mujer le dijo a su marido: ‘Ahora yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa es un hombre santo de Dios’ (2 Reyes 4:9).
“La mujer dice: ‘Ahora yo entiendo’. Pareciera que invitaba a Eliseo a su casa sin saber que él era el profeta; ella recibió su testimonio por medio del Espíritu Santo al escuchar atentamente lo que Eliseo decía y enseñaba. (Recordemos que ¡no había fotos en esa época! Así que era difícil reconocer al profeta solo viendo su cara).
“Pero la historia no termina ahí. Un día, la mujer le dijo a su marido: ‘Yo te ruego que hagas un pequeño aposento […], y pongamos en él cama, y mesa, y silla y candelero, para que cuando venga a nosotros, se quede en él’ (2 Reyes 4:10). ¡Esta mujer fiel estuvo dispuesta a construir una habitación en su casa para que el profeta, al pasar por la ciudad, tuviera un lugar donde quedarse!
“Hoy podemos aprender una poderosa lección de esta experiencia:
“El Señor le testificó a la mujer de Sunem que Eliseo era un profeta de Dios y ella actuó abriendo su casa para recibirlo.
“Nosotros también podemos recibir un testimonio personal de los profetas de Dios hoy día, y podemos abrir nuestro corazón y nuestra mente —nuestra casa— al mensaje que nuestro Padre Celestial tiene para nosotros en estos últimos días”.
— Hermana Andrea Muñoz Spannaus, segunda consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de octubre de 2025, “Profetas de Dios”
“En el libro de Reyes se cuenta la historia de una mujer que acudió llorando al profeta Eliseo. Su esposo había muerto y ella tenía una deuda que no podía pagar; el acreedor estaba a punto de llegar para llevarse a sus dos hijos y venderlos como esclavos.
“Por medio de un milagro, Eliseo le permitió obtener una buena cantidad de aceite. Entonces le dijo: ‘Ve y vende el aceite y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede’ (2 Reyes 4:1-7).
“’Paga tu deuda y vive’. ¡Cuán valiosas han sido siempre estas palabras! Qué consejo tan sabio representan para nosotros. …
“Nuestros líderes inspirados siempre han exhortado a los Santos de los Últimos Días a saldar sus deudas, vivir dentro de sus posibilidades y a pagar al contado. Nuestros antepasados pioneros nos han dejado un legado de prudencia, de ahorro y de vida sin deudas. Sin duda, hoy nos aconsejarían: ‘Paga tu deuda y vive’”.
— El fallecido presidente Ezra Taft Benson, en aquel entonces miembro del Consejo de los Doce Apóstoles, en la conferencia general de abril de 1957 (en inglés)
2 Reyes 5

“El relato del Antiguo Testamento sobre Naamán, el líder militar que fue sanado de la lepra por el profeta Eliseo, es uno de mis favoritos. La historia ilustra cómo la fe firme de una ‘muchacha’ alteró el curso de la vida de un hombre y, para todos los creyentes, reveló el alcance de la misericordia de Dios para quienes depositan su confianza en Él y en Su profeta. Aunque no se conoce su nombre, esta joven también contribuyó a aumentar nuestro entendimiento, y la fe de Naamán en su testimonio lo inspiró a llevar su petición de sanación al siervo escogido de Dios.
“La reacción de Naamán a las instrucciones del profeta Eliseo de lavarse en el río Jordán fue de escepticismo e indignación. Pero una invitación a que fuera obediente al consejo del profeta abrió el paso a su sanación y a su dramática comprensión de que Dios era real (véase 2 Reyes 5:1-15).
“Quizás descubramos que algunas de nuestras peticiones espirituales tienen respuestas razonablemente discernibles y no nos generan un malestar significativo. O, como Naamán, puede que hallemos que otras necesidades son más desafiantes y nos generan sentimientos difíciles y complejos. …
“Una advertencia importante del relato de Naamán es que resistirse a obedecer las leyes y los mandamientos de Dios podría dilatar o retrasar nuestro progreso. Somos bendecidos por tener a Jesucristo como nuestro Maestro Sanador. Nuestra obediencia a las leyes y mandamientos de Dios puede abrir el camino para que nuestro Salvador nos brinde el entendimiento y la sanación que Él sabe que necesitamos, de acuerdo con el plan de tratamiento que nos ha prescrito”.
— Hermana Tracy Y. Browning, segundo consejero de la presidencia general de la Primaria, conferencia general de octubre de 2024, “Buscar respuestas a las preguntas espirituales”
“Es sorprendente cuánta diferencia produce una pizca de sal en el sabor de lo que comemos y, sin embargo, la sal es uno de los ingredientes menos costosos y más sencillos.
“En el libro de 2 Reyes leemos sobre ‘una muchacha’ (2 Reyes 5:2) que fue capturada por los sirios y llegó a ser sierva de la esposa de Naamán, general del ejército sirio. Ella era como la sal: era joven, sin importancia para el mundo, y su vida de esclava en una nación extranjera claramente no era lo que ella había esperado.
“No obstante, ella dijo dos frases con el poder de Dios, testificando a la esposa de Naamán: ‘Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra’ (2 Reyes 5:3).
“Sus palabras de fe fueron comunicadas a Naamán, quien actuó conforme a ellas, lo que le permitió sanar tanto física como espiritualmente.
“A menudo nos centramos en los siervos que convencieron a Naamán para que se lavase en el río Jordán como lo había indicado el profeta Eliseo, pero Naamán ni siquiera habría acudido a la puerta de Eliseo de no ser por aquella ‘muchacha’.
“Puede que ustedes sean jóvenes o se sientan insignificantes, pero pueden ser como la sal en su familia, en la escuela y en su comunidad”.
— Presidenta General de la Primaria, Susan H. Porter, en aquel entonces primera consejera de la presidencia general de la Primaria, conferencia general de abril de 2022, “Lecciones junto al pozo”

“Naamán, un héroe sirio de guerra, un hombre ‘valeroso en extremo’ (2 Reyes 5:1), viajó desde su país natal a Israel y fue a hablar con el rey Joram, para que lo sanara de la lepra (véase 2 Reyes 5:5-6).
“Naamán fue enviado entonces al profeta Eliseo quien ‘…le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán… y serás limpio’ (2 Reyes 5:10).
“A pesar de la promesa profética de que se curaría, Naamán se ofendió porque Eliseo no lo recibió en persona y se sintió aún más insultado con la instrucción del profeta de que se lavara siete veces en el pequeño y fangoso río Jordán. Su orgullo exigía algo más notable y ostentoso, algo que estuviera de acuerdo con su fama y su posición en la comunidad y en la nación.
“Afortunadamente para él, uno de sus siervos lo convenció de que, si obedecía, sin importar lo que el profeta le había pedido que hiciera, podría recibir las bendiciones del Señor. Naamán se lavó en el río Jordán como se le había mandado y como resultado de su obediencia se sanó de la lepra (véase 2 Reyes 5:11-14).
“La obediencia a los mandamientos del Señor, a pesar de cuán trivial o sin importancia los consideremos, traerán, sin duda alguna, Sus bendiciones prometidas”.
— Élder Bruce A. Carlson, en aquel entonces un Setenta Autoridad General, conferencia general de abril de 2010, “Cuando el Señor manda”
2 Reyes 6
“Me encanta el relato del Antiguo Testamento acerca del joven siervo del profeta Eliseo. Una mañana temprano, el joven se despertó, salió y descubrió que la ciudad estaba rodeada por un gran ejército que estaba decidido a destruirla. Le dijo a Eliseo: ‘… ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?’.
“Eliseo le respondió: ‘… No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos’.
“Eliseo sabía que el joven necesitaba algo más que un consuelo tranquilizador; necesitaba una visión. Entonces ‘oró Eliseo […]: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del joven, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo’ (2 Reyes 6:15-17).
“Podría haber momentos en los que ustedes, como el criado, se encuentren luchando por ver cómo está actuando Dios en su vida, momentos en los que sientan que ustedes están siendo sitiados, cuando las pruebas de la vida terrenal los pongan de rodillas. Esperen y confíen en Dios y en Su tiempo, porque pueden confiar en Él con todo su corazón. Sin embargo, aquí hay una segunda enseñanza. Mis queridos hermanos y hermanas, ustedes también pueden orar para que el Señor les abra los ojos y vean aquello que no verían normalmente”.
— Hermana Michelle D. Craig, en aquel entonces primera consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de octubre de 2020, “Ojos para ver”

“Desde la antigüedad, el temor ha limitado la perspectiva de los hijos de Dios. Siempre me ha encantado el relato de Eliseo en 2 Reyes. El rey de Siria había enviado un ejército que “[llegó] de noche y [rodeó] la ciudad” (2 Reyes 6:14). Su intención era capturar y matar al profeta Eliseo. Leemos:
“‘Y levantándose de mañana para salir el que servía al hombre de Dios, he aquí que el ejército tenía rodeada la ciudad con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?’ (2 Reyes 6:15).
Era el temor el que hablaba.
“‘Y [Eliseo] le dijo: No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos” (2 Reyes 6:16).
“Pero él no se detuvo allí.
“‘… oró Eliseo y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del joven, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo’ (2 Reyes 6:17).
“Podemos o no tener carros de fuego enviados para disipar nuestros temores y conquistar nuestros demonios, pero la lección es clara. El Señor está con nosotros, cuidándonos y bendiciéndonos de maneras en las que solo Él puede hacerlo. La oración puede invocar la fortaleza y la revelación que necesitamos para centrar nuestro pensamiento en Jesucristo y Su sacrificio expiatorio”.
— Élder Ronald A. Rasband del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2018, “No os turbéis”

