La guía de estudio de esta semana de “Ven, sígueme” abarca 1 Reyes 12-13 y 17-22, que incluye relatos sobre Elías el Profeta.
A continuación, se presentan algunas citas de líderes, tanto actuales como del pasado, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sobre estos capítulos de las Escrituras.
‘Una voz apacible y delicada’
“El Salvador no nos grita Sus mandatos. Tal y como le enseñó a Elías el Profeta:
“‘Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí que Jehová pasaba, y un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento, un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto.
“‘Y tras el terremoto, un fuego, pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego, una voz apacible y delicada’ (1 Reyes 19:11-12).
“Oír esa voz dependerá de nuestra fe en Él. Con fe suficiente, pediremos instrucciones con la intención de ir y hacer lo que Él nos pida. Habremos desarrollado la fe para saber que lo que sea que Él nos pida bendecirá a los demás y que podemos ser purificados en el proceso gracias al amor que Él tiene por nosotros”.
— Presidente Henry B. Eyring, en aquel entonces segundo consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de octubre de 2021, “La fe para pedir y entonces actuar”
‘¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos opiniones?’

“En la historia del Antiguo Testamento, leemos sobre períodos sucesivos en los que los hijos de Israel honraron su convenio con Jehová y lo adoraron, y otros momentos en los que ignoraron ese convenio y adoraron ídolos o baales.
“El reinado de Acab fue uno de los períodos de apostasía en el reino del norte de Israel. En una ocasión, Elías el Profeta pidió al rey Acab que reuniera al pueblo de Israel, así como también a los profetas y sacerdotes de Baal en el monte Carmelo. Cuando el pueblo estaba reunido, Elías les dijo: ‘¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos opiniones?’ [o en otras palabras: ¿Cuándo decidirán de una vez por todas?] ‘Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, seguidle a él. Y el pueblo no respondió palabra’ (1 Reyes 18:21). Por tanto, Elías indicó que tanto él como los profetas de Baal cortaran un buey y lo pusieran sobre una pila de leña en sus respectivos altares, pero que ‘no [pusieran] fuego debajo’ (1 Reyes 18:23). Entonces, ‘Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que responda por medio del fuego, ese es Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho’ (1 Reyes 18:24).
“Recordarán que los sacerdotes de Baal clamaron a su inexistente dios durante horas para que enviara fuego, pero ‘no hubo voz, ni quien respondiese ni escuchase’ (1 Reyes 18:29). Cuando llegó el turno de Elías, reparó el altar del Señor que estaba arruinado, colocó sobre él la leña y la ofrenda, y mandó que empaparan todo con agua, no una, sino tres veces. No había duda de que ni él ni ningún otro poder humano podía encender el fuego.
“‘Y sucedió que cuando llegó la hora de ofrecer el sacrificio, se acercó el profeta Elías y dijo: Oh Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas…
“‘Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el sacrificio, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.
“‘Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros y dijeron: ¡Jehová es Dios! ¡Jehová es Dios!’ (1 Reyes 18:36, 38-39).
“Hoy en día, Elías el Profeta podría decir:
- Nuestro Padre Celestial, o existe o no existe, pero si existe, adórenlo.
- Jesucristo, o es el Hijo de Dios y el Redentor resucitado de la humanidad o no lo es, pero si lo es, síganlo.
- El Libro de Mormón, o es la palabra de Dios o no lo es, pero si lo es, entonces ‘[acérquense] más a Dios al [estudiar y] seguir sus preceptos’.
- José Smith, o vio y habló con el Padre y el Hijo en aquel día de primavera de 1820, o no lo hizo, pero si lo hizo, entonces acepten el manto profético y las llaves del sellamiento que yo, Elías, conferí sobre él.
— Presidente D. Todd Christofferson, en aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2018, “Firmes e inmutables en la fe de Cristo”
Salomón y Jeroboam
“En los últimos años del reinado del rey Salomón, el Señor le informó por medio de un profeta: ‘…arrancaré el reino de ti y lo entregaré a tu siervo’ (1 Reyes 11:11).
“Poco después, el profeta Ahías reconoció a ese siervo como Jeroboam, ‘un hombre laborioso’ a quien Salomón había encomendado ‘toda la carga de la casa de José’ (1 Reyes 11:28). Los deberes de Jeroboam lo llevaron a viajar desde las montañas de Efraín, donde vivía, hasta la capital de Jerusalén. En uno de esos viajes, el profeta se encontró con él en el camino. A través de Ahías, el Señor le dijo: ‘…a ti te daré diez tribus’ (1 Reyes 11:31). También le instruyó: ‘…si… andas en mis caminos… guardando mis estatutos y mis mandamientos… estaré contigo… y te entregaré a Israel’ (1 Reyes 11:38).
“Al enterarse Salomón de la profecía de Ahías, buscó matar a Jeroboam, por lo que Jeroboam huyó a Egipto (véase 1 Reyes 11:40). Después de la muerte de Salomón, Jeroboam regresó de su exilio a la parte norte de Israel y comenzó a dirigir a las diez tribus del norte (véase 1 Reyes 12:2-3, 20).
“No obstante, el plan de Jeroboam para gobernar el reino contenía una mezcla de lo bueno y lo malo. Estableció la capital de la nación en Siquem, una ciudad de gran significado religioso para su pueblo; pero, lamentablemente introdujo rituales satánicos en sus servicios religiosos (véase 1 Reyes 12:25-30).
“Jeroboam se convenció de que algunos de los mandamientos de Dios no se aplicaban a él y, como resultado de sus acciones, todos sus descendientes fueron asesinados; y por las prácticas paganas que él introdujo en sus ordenanzas sagradas, las diez tribus de Israel fueron finalmente arrancadas de su heredad (véase 1 Reyes 14:10, 15-16).
“Al igual que el efecto suelo, el tratar de levantar vuelo con más peso de lo que las alas del avión puedan soportar llevará a consecuencias desastrosas, nuestro cumplimiento parcial o selectivo de las leyes de Dios impedirá que recibamos la plenitud de las bendiciones de la obediencia”.
— Élder Bruce A. Carlson, en aquel entonces un Setenta Autoridad General, conferencia general de abril de 2010, “Cuando el Señor manda”
La viuda de Sarepta
“De una madre sola tratando de sobrevivir una época de hambruna, aprendemos lo que significa sostener al profeta. El Señor instruyó a Elías el profeta a que fuera a Sarepta, donde encontraría a una mujer viuda a quien Dios había mandado que lo sustentara. Al acercarse a la ciudad, Elías el profeta la vio recogiendo leña. La llamó, ‘Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso para que beba’ (1 Reyes 17:10).
“‘Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.
“‘Y ella respondió: Vive Jehová, Dios tuyo, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja y un poco de aceite en una vasija; y he aquí que ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos y nos muramos.
‘Y Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo’ (1 Reyes 17:11-13).
“Imaginen por un momento la dificultad de lo que el profeta le estaba pidiendo que hiciera a una madre hambrienta. Ciertamente, Dios mismo podría haber proveído alimento para Su fiel siervo. Pero, actuando en el nombre del Señor, Elías el profeta hace lo que se le manda, lo cual era pedir a una amada hija de Dios que sacrificara lo que tenía para el sustento del profeta.
“Pero Elías el profeta también prometió una bendición por su obediencia: ‘Porque así ha dicho Jehová, Dios de Israel: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá’ (1 Reyes 17:14). El Señor dio a la viuda la oportunidad de elegir creer y obedecer las palabras del profeta.
“En un mundo amenazado por el hambre de rectitud y la hambruna espiritual, se nos ha mandado que sostengamos al profeta. Al obedecer, sostener y declarar la palabra profética, testificamos que tenemos la fe para someternos a la voluntad, la sabiduría y los tiempos del Señor.
“Hacemos caso a la palabra profética aun cuando pueda parecer inaceptable, inconveniente y difícil. De acuerdo con las normas del mundo, seguir al profeta puede ser poco popular, políticamente incorrecto o socialmente inaceptable. Pero seguir al profeta es siempre lo correcto. …
“El Señor honra y favorece a quienes prestan atención a la guía del profeta. Para la viuda de Sarepta el haber obedecido a Elías salvó su vida y básicamente la de su hijo. Como prometió el profeta: ‘y comieron él, y ella y su casa durante muchos días…conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías’ (1 Reyes 17:15-16)”.
— Hermana Carol F. McConkie, en aquel entonces primera consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de octubre de 2014, “Vivir de acuerdo con las palabras de los profetas”
“Mientras el Profeta se preparaba para su confrontación final con Acab, Dios le mandó dirigirse al poblado de Sarepta donde, le dijo, había indicado a una mujer viuda que le diera sustento.
“En el estado lamentable en que se encontraba, Elías entró a la ciudad y encontró a su benefactora, quien indudablemente estaba tan débil y enflaquecida como él. Quizás casi con un tono de disculpa, el viajero sediento le pidió: ‘Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba’. Mientras la mujer iba a llevarle lo pedido, Elías agrego una solicitud aún más difícil: ‘Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano’.
“La penosa situación de Elías era obvia; más aún, la viuda había sido preparada por el Señor para aquella petición. Pero con la debilidad y el desaliento que ella misma sufría, el último ruego del Profeta fue más de lo que la fiel mujer podía soportar. En medio de su hambre, su cansancio y su angustia maternal, respondió al extraño: “‘Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños’ [y esto nos da una idea de lo pequeño que sería su fogón] ‘para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir’.

“Pero Elías estaba cumpliendo el mandato del Señor. El futuro de Israel -incluso el futuro de la misma viuda y su hijo-estaba en juego. Su deber profético lo hizo aún más arrojado de lo que normalmente hubiera querido ser.
“Elías le dijo: ‘No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.
“‘Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseara, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra’.
“A continuación, viene esta modesta expresión de fe; una fe tan grande, dada la situación, como cualquier otra que mencionen las Escrituras. El registro dice simplemente: ‘Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías’. Quizás insegura acerca de lo que habría de costarle su fe, no sólo a ella misma sino también a su hijo, llevo primero su pequeño pan a Elías confiando, obviamente, que, si no quedaba suficiente pan, por lo menos ella y su hijo morirían en un acto de caridad pura. La historia continúa, por supuesto, hasta llegar a un final feliz para la viuda y para su hijo (véase 1 Reyes 17:1-24).
“Esta mujer es similar a otra viuda a la que Cristo tanto admiró, aquella que echó sus dos blancas, o sea un cuadrante, y con eso dio más, según dijo Jesús, que todos los que habían dado en aquel día (véase Marcos 12:41-44).
“Lamentablemente, los nombres de ninguna de las dos mujeres se han registrado en las Escrituras, pero si llego a tener el privilegio de encontrarlas en las eternidades, me gustaría postrarme a sus pies y decirles ‘Gracias’, gracias por la belleza de su vida, por sus ejemplos maravillosos, por el espíritu de Dios que en su interior les inspiraba tal ‘amor nacido de [un] corazón limpio’ (1 Timoteo 1:5)”.
— El fallecido presidente Jeffrey R. Holland, en aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 1996, “Un puñado de harina y un poco de aceite”

