La guía de estudio de esta semana de “Ven, sígueme” abarca Doctrina y Convenios 133-134, que incluye una declaración de fe con respecto a los gobiernos y las leyes.
A continuación, se presentan algunas citas de líderes pasados y presentes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre estas secciones de Doctrina y Convenios.
Doctrina y Convenios 133
“Tenemos el privilegio y la bendición de que se nos invite a tener una relación por convenio con Dios, en la cual nuestra propia vida puede convertirse en un símbolo de dicho convenio. Los convenios crean la clase de relación que permite a Dios moldearnos y cambiarnos con el tiempo, y elevarnos para que lleguemos a ser más como el Salvador, acercándonos más y más a Él y a nuestro Padre (véase Doctrina y Convenios 133:53) y, con el tiempo, preparándonos para entrar en la presencia de Ellos”.
— Hermana J. Anette Dennis, primera consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, conferencia general de abril de 2024, “Vestíos del Señor Jesucristo”
“Muchas parejas casadas también confían en Dios cuando los deseos rectos de su corazón no se cumplen cómo o cuándo lo habían esperado y soñado. Ellos ‘esperan en Jehová’ (Isaías 40:31) y no exigen que Él cumpla con los plazos terrenales de ellos. ‘Porque desde el principio del mundo no han escuchado los hombres, ni percibido con sus oídos, ni ha visto ojo alguno, además de ti, oh Dios, cuán grandes cosas has preparado para aquel que te espera’ (Doctrina y Convenios 133:45)”.
— Élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2023, “En la senda de su deber”
“El progreso personal que uno puede lograr ahora mientras espera en el Señor y Sus promesas es un componente inestimable y sagrado de Su plan para cada uno de nosotros. Las contribuciones que uno puede realizar ahora para ayudar a edificar la Iglesia sobre la tierra y para recoger a Israel son muy necesarias. El estado civil no tiene nada que ver con la capacidad de uno para servir. El Señor honra a quienes le sirven y esperan en Él con paciencia y fe (véase Doctrina y Convenios 133:45)”.
— El difunto presidente M. Russell Ballard, entonces presidente en funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2021, “Esperanza en Cristo”
“Muchos de ustedes han presenciado milagros, más de lo que se dan cuenta. Puede que parezcan pequeños comparados con los que hizo Jesús al levantar a los muertos, pero no es la magnitud lo que los hace ser milagros, sino el hecho de que vienen de Dios. …
“Los milagros se producen mediante el poder divino de Aquel que es ‘poderoso para salvar’ (Doctrina y Convenios 133:47). Los milagros son extensiones del plan eterno de Dios; son una ayuda esencial del cielo a la tierra”.
— Élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2021, “He aquí, soy un Dios de milagros”
“Cuando adoramos a Dios, nos acercamos a Él con amor, humildad y veneración reverentes; lo reconocemos y lo aceptamos como nuestro Rey soberano, el Creador del universo, nuestro amado e infinitamente amoroso Padre. …
“Los verdaderos discípulos son inspirados a ‘[adorar] a aquel que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas, invocando el nombre del Señor día y noche’ (Doctrina y Convenios 133:39-40)”.
— El difunto obispo Dean M. Davies, entonces primer consejero del Obispado Presidente, conferencia general de octubre de 2016, “Las bendiciones de la adoración”
“En la revelación moderna, el Señor ha dicho: ‘Sed limpios los que lleváis los vasos del Señor’ (Doctrina y Convenios 133:5).
“En un mundo que se deleita en la inmundicia, sean puros en la forma de hablar, de pensar, de vestir y de tratar su cuerpo”.
— El difunto presidente Gordon B. Hinckley, entonces presidente de la Iglesia, conferencia general de abril de 2007, “‘Estoy limpio’”
“La antítesis y antagonista de Sión es Babilonia. La ciudad de Babilonia originalmente era Babel, la de la conocida Torre de Babel, y más adelante llegó a ser la capital del Imperio Babilónico. … Su mundanalidad, su adoración del mal y el cautiverio de Judá después de la conquista en el año 587 a.C., todo ello se combina para que Babilonia se considere el símbolo de las sociedades decadentes y de la esclavitud espiritual.
“Es en base a ese antecedente que el Señor dijo a los miembros de Su Iglesia: “Salid de Babilonia; congregaos de entre las naciones, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Doctrina y Convenios 133:7). Mandó que los élderes de Su Iglesia fueran enviados a todo el mundo para llevar a cabo ese recogimiento, lo que dio comienzo a un empeño que continúa en pleno vigor hoy día. “Y he aquí, éste será su pregón y la voz del Señor a todo pueblo: Id a la tierra de Sión para que se ensanchen las fronteras de mi pueblo, y sean fortalecidas sus estacas, y Sión se extienda hasta las regiones inmediatas” (Doctrina y Convenios 133:9)”.
“Así es como hoy el pueblo del Señor está congregándose “de entre las naciones” al reunirse en congregaciones y estacas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días esparcidas entre las naciones”.
— Presidente D. Todd Christofferson, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2008, “A Sión venid”
“La obra del Señor se logra cuando Su Evangelio se predica ‘a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo’ (Doctrina y Convenios 133:37) y a medida que Su convenio sempiterno se establece por medio de las ordenanzas del templo.
“Así como el Salvador invitó a María y a Marta, de la época del Nuevo Testamento, a participar en Su obra, las mujeres de esta dispensación tienen el mandato oficial de participar en la obra del Señor. A partir de los primeros días de la Restauración, las mujeres participaron activamente en la edificación de la Iglesia al apoyar la obra misional, contribuir a la construcción de templos y establecer comunidades donde los santos pudieran adorar juntos. La organización de la Sociedad de Socorro en 1842 movilizó el poder colectivo de las mujeres y sus asignaciones específicas de edificar el reino del Señor, así como la organización de los cuórums del sacerdocio dio a los hombres responsabilidades específicas”.
— Hermana Julie B. Beck, entonces presidenta general de la Sociedad de Socorro, conferencia general de octubre de 2008, “Cumplir el propósito de la Sociedad de Socorro”
“El matrimonio es a la vez un mandamiento y un principio de exaltación del Evangelio. Debido a que es ordenado por Dios, las expresiones físicas e íntimas de un amor matrimonial son sagradas; sin embargo, en demasiadas ocasiones esos dones divinos se profanan. Si un matrimonio permite que un lenguaje soez y la pornografía corrompan sus relaciones íntimas, ofenden a su Creador al mismo tiempo que degradan sus propios dones divinos. La verdadera felicidad se basa en la pureza individual. En las Escrituras se nos manda: ‘Sed limpios’ (Doctrina y Convenios 133:5). El matrimonio siempre debería un convenio que eleve tanto al esposo como a la esposa hacia la exaltación en la gloria celestial”.
— El difunto presidente Russell M. Nelson, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2006, “Nutrir el matrimonio”
“Ésta es la grandiosa época que previeron los profetas desde la Creación. El Evangelio restaurado llegará a todas las naciones. El Salvador envió estas palabras al profeta José Smith:
“‘…he enviado a mi ángel para volar por en medio del cielo con el evangelio eterno, el cual ha aparecido a algunos y lo ha entregado al hombre, y se aparecerá a muchos que moran en la tierra.
“‘Y este evangelio será predicado a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo’ (Doctrina y Convenios 133:36-37).
“Ocurran los tumultos que ocurran, sabemos que Dios pondrá límites para cumplir Sus promesas. Él, no sólo los hombres, tiene el control final de las naciones y de los sucesos para permitir que Sus propósitos se cumplan. Entre todo pueblo y en toda nación, surgirán quienes sirvan con absoluta convicción de que son hijos de Dios y de que habrán llegado a ser purificados discípulos del Cristo resucitado en Su Iglesia”.
— Presidente Henry B. Eyring, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2003, “Hijos y discípulos”
Doctrina y Convenios 134

“Concluyo con un pasaje de Doctrina y Convenios revelado en 1835, una época en que, a pesar de las garantías constitucionales, mis antepasados estaban siendo expulsados de sus hogares por aceptar lo que a otras personas les parecían creencias nuevas o diferentes. De modo que es un recordatorio aleccionador para nuestros días, especialmente cuando muchas de las actuales restricciones sobre la libertad religiosa se producen también en países que apoyan el principio pero en ocasiones no lo aplican en la práctica.
“Nuestras Escrituras dicen: ‘… ningún gobierno puede existir en paz, a menos que se formulen y se conserven invioladas las leyes que garanticen a cada individuo el libre ejercicio de la conciencia…’. Los gobiernos deben ‘restringir el crimen, pero nunca dominar la conciencia; [deben] castigar el delito, pero nunca suprimir la libertad del alma’ (Doctrina y Convenios 134:2, 4).
“Ruego que busquemos la paz al trabajar juntos a fin de preservar y proteger la libertad de todas las personas para retener y manifestar la religión o la creencia de su elección, ya sea individualmente o en comunidad con los demás, en el hogar o en otras partes, en público o en privado y por medio de la adoración, la observancia, la práctica y la enseñanza”.
— Presidente D. Todd Christofferson, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, en el artículo de Liahona de febrero de 2018, “La libertad religiosa: Piedra angular de la paz”
“Nadie debería tener que soportar críticas, persecución ni ataques por parte de personas o gobiernos debido a lo que crea en cuanto a Dios. Es algo personal y muy importante. Una de las primeras declaraciones sobre nuestras creencias acerca de la libertad religiosa dice:
“‘…ningún gobierno puede existir en paz, a menos que se formulen y se conserven invioladas las leyes que garanticen a cada individuo el libre ejercicio de la conciencia. …
“‘…el magistrado civil debe restringir el crimen, pero nunca dominar la conciencia… [ni] suprimir la libertad del alma’ (Doctrina y Convenios 134:2, 4).
“Esta libertad de culto fundamental ha sido reconocida por las Naciones Unidas en su Declaración Universal de Derechos Humanos y por otros documentos nacionales e internacionales sobre los derechos humanos”.
— El difunto élder Robert D. Hales, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2015, “Cómo preservar el albedrío y cómo proteger la libertad religiosa”
“Una de las razones por las que el ataque a los principios morales y religiosos ha tenido tanto éxito es la reticencia de las personas de fe a expresar sus opiniones. Se requerirá un esfuerzo extraordinario para proteger la libertad religiosa. Nuestra doctrina confirma lo que los padres fundadores y filósofos políticos de Estados Unidos defendieron.
“‘Ningún gobierno puede existir en paz, a menos que se formulen y se conserven invioladas las leyes que garanticen a cada individuo el libre ejercicio de la conciencia’ (Doctrina y Convenios 134:2). La conciencia religiosa se fundamenta en la creencia de ser responsable ante Dios por la propia conducta. El intento de los secularistas y los gobiernos de coaccionar conductas que contravienen la conciencia religiosa conduce a la desunión social y es una razón fundamental por la que la libertad religiosa es esencial para la paz civil”.
— Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en el artículo de la revista Ensign de septiembre de 2012, “Restaurando la moralidad y la libertad religiosa” (en inglés)
“Los mandamientos de amar a Dios y al prójimo están vinculados. No podemos amar plenamente a Dios si no amamos a nuestros semejantes. No podemos amar plenamente a nuestros semejantes si no amamos a Dios. Los hombres son en verdad hermanos porque Dios es en verdad nuestro Padre. Sin embargo, las Escrituras están salpicadas de relatos de contención y combates; condenan enérgicamente los actos bélicos de agresión, pero sustentan la obligación de los ciudadanos de defender sus familias y su libertad24. Por motivo de que ‘creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley’ (Artículos de Fe 1:12), los miembros de esta Iglesia serán llamados al servicio militar de diversas naciones. ‘Creemos que Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre, y que él hace a los hombres responsables de sus hechos con relación a dichos gobiernos, tanto en la formulación de leyes como en la administración de éstas, para el bien y la protección de la sociedad’ (Doctrina y Convenios 134:1)”.
— El difunto presidente Russell M. Nelson, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2002, “‘Bienaventurados los pacificadores’”
“Quiero leer y comentar algunos de los temas que se encuentran en esta sagrada ‘declaración de la creencia concerniente a los gobiernos y a las leyes en general’, que conocemos como la sección 134 de Doctrina y Convenios. Las enseñanzas que contiene dejan claro lo que se debe dar al César y lo que se debe dar a Dios. El versículo uno comienza: ‘Creemos que Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre’. ¡Qué comienzo tan sencillo, pero audaz, para esta declaración! …
“La sección 134 nos exige respetar al gobierno y trabajar por el establecimiento de gobiernos bien ordenados y bien administrados para evitar las nefastas consecuencias de la anarquía y el terror. El gobierno es lo opuesto a la anarquía. Fue instituido por Dios para impedir la existencia de ese tipo de sociedad. Es un principio sublime y ennoblecedor”.
— El difunto Stan A. Taylor, entonces profesor de ciencias políticas en la Universidad Brigham Young, devocional de la BYU de mayo de 1998, “Ciudadanía Responsable” (en inglés)
“La cuarta certeza que debemos tener presente en nuestras responsabilidades cívicas es elegir a quienes nos gobiernen como “funcionarios y magistrados civiles [que] para poner en vigor las leyes… y… administren la ley con equidad y justicia” (Doctrina y Convenios 134:3), como nos exhortan hombres inspirados por Dios.
“En resumen, debemos buscar hombres con visión de Estado que se pregunten: ‘¿Es correcto y bueno para el país o la comunidad?’, en lugar de aquellos que simplemente se pregunten: ‘¿Es políticamente conveniente?’”
— El difunto presidente Harold B. Lee, entonces primer consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de abril de 1972, “Un momento de decisión” (en inglés)


