La guía de estudio "Venid, Sígueme" de esta semana cubre 2 Reyes 16-25, que incluye la dispersión de Israel.
A continuación se presentan algunos comentarios de líderes pasados y presentes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre estos capítulos de las escrituras.
2 Reyes 16
“La gloriosa preeminencia de este espléndido edificio fue de breve duración. Treinta y cuatro años después de su dedicación, y escasamente cinco años después de la muerte de Salomón, empezó a decaer; y esta decadencia pronto se iba a convertir en una corrupción general, tornándose finalmente en una verdadera profanación. A Salomón lo habían desviado los ardides de mujeres idólatras y su conducta indisciplinada había provocado la iniquidad en Israel. El templo pronto perdió su santidad y Jehová retiró Su presencia protectora del lugar que ya no era santo.
“Nuevamente se permitió que los egipcios oprimieran a Israel, de cuya servidumbre habían sido librados. Sisac, rey de Egipto, venció a Jerusalén ‘y tomó los tesoros de la casa de Jehová’ (1 Reyes 14:25–26). La obra profanadora continuó por siglos. Doscientos dieciséis años después del saqueo egipcio, Acaz, rey de Judá, quitó el altar y la fuente, dejando solamente una casa donde en otro tiempo había habido un templo (véase 2 Reyes 16:7–9, 17–18; véase también 2 Crónicas 28:24–25). Más tarde, Nabucodonosor, rey de Babilonia, acabó de despojar el templo y consumió a fuego el edificio (véase 2 Crónicas 36:18–19; véase también 2 Reyes 24:13; 25:9)”.
— El fallecido Élder James E. Talmage, en aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, en el artículo de la revista Liahona de octubre de 2010, “Una historia de los templos”
2 Reyes 17
“El cautiverio de los judíos y la dispersión de las tribus de Israel, que incluye las diez tribus, son factores doctrinales importantes en la restauración del Evangelio. Las diez tribus perdidas constituían el Reino del Norte de Israel; fueron llevadas cautivas a Asiria en el año 721 a.C. y fueron a los países del norte. (véase 2 Reyes 17:6; Doctrina y Convenios 110:11). Nuestro décimo artículo de fe declara: ‘Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus’. También creemos que como parte del convenio que el Señor hizo con Abraham, no sólo el linaje de Abraham sería bendecido, sino que también serían bendecidas todas las personas de la tierra. …
“Nuestra doctrina es clara: ‘El Señor esparció e hizo padecer a las doce tribus de Israel debido a su iniquidad y rebelión; no obstante, también se valió del esparcimiento de Su pueblo escogido entre las naciones del mundo para bendecir a esas naciones’ (Guía para el Estudio de las Escrituras, ‘Israel’).
“Aprendemos valiosas lecciones de este trágico período. Debemos hacer todo lo posible para evitar el pecado y la rebelión que conducen a la servidumbre. Reconocemos también que la vida recta es un requisito previo para ayudar al Señor en el recogimiento de Sus escogidos y en la congregación literal de Israel”.
— Élder Quentin L. Cook del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2013, “Lamentaciones de Jeremías: Cuidaos del cautiverio”
2 Reyes 18
“Roboam rechazó el consejo de ser humilde y servir a los demás, Por el contrario, decidió reinar sobre Israel con mano dura, causando una gran división entre el reino del norte de Israel y el reino del sur de Judá (véase 1 Reyes 12:20).
“Durante los siguientes 220 años el pueblo en general dejó de lado los convenios sagrados, alejándose así por las vías del mundo. Luego, un joven de nombre Ezequías empezó a reinar en Judá e ‘hizo lo recto ante los ojos de Jehová’ y ‘en Jehová Dios de Israel puso su esperanza’ (2 Reyes 18:3, 5). …
“Del rey Ezequías, así como del rey Benjamín (véase Mosíah 2-5), aprendemos una lección muy positiva de liderazgo: las circunstancias no siempre tienen que ser las mismas. ¡Los lideres pueden lograr un cambio! La fe en el Señor y las grandes esperanzas pueden causar un gran cambio en el corazón de todo un pueblo”.
— Élder Spencer J. Condie, en aquel entonces un Setenta Autoridad General, conferencia general de abril de 1990, “Lecciones de las Escrituras sobre el liderazgo”
2 Reyes 20
“Mientras vivamos en la tierra, deberemos caminar con fe, no dudando nada. Cuando el viaje se torne, aparentemente, insoportable, hallaremos consuelo en las palabras del Señor: ‘Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano’ (2 Reyes 20:5). Puede que parte de este proceso de sanidad se efectúe en otro mundo. Tal vez nunca sepamos por qué suceden determinadas cosas en esta vida. El motivo de parte de nuestro sufrimiento sólo lo conoce el Señor”.
— El fallecido presidente James E. Faust, en aquel entonces segundo consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de octubre de 2004, “¿En qué bando estamos?”
2 Reyes 22 y 23

“La historia del rey Josías en el Antiguo Testamento es una de las más provechosas para aplicarla a nosotros mismos (véase 1 Nefi 19:24); a mí me parece uno de los mejores relatos de las Escrituras.
“Josías no tenía nada más que ocho años cuando empezó a reinar en Judá y aun cuando sus antepasados directos habían sido extremadamente inicuos, las Escrituras nos dicen que él ‘hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda’ (2 Reyes 22:2). Esto es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que en aquella época (sólo dos generaciones antes de la destrucción de Jerusalén en 587 a.C.) la ley escrita de Moisés se había perdido y era prácticamente desconocida ¡incluso entre los sacerdotes del templo!
“En el año dieciocho de su reinado, Josías dio instrucciones para que se reparara el templo. En ese entonces Hilcías, el sumo sacerdote, encontró el libro de la ley, que Moisés había colocado dentro del arca del convenio, y se lo llevó al rey Josías.
“Cuando leyeron a Josías el libro de la ley, él “rasgó sus vestidos” y lloró ante el Señor.
“‘…grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros’, dijo, ‘por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito’ (2 Reyes 22:13).
“El rey entonces leyó el libro ante todo el pueblo, y luego todos hicieron un pacto de obedecer los mandamientos del Señor ‘con todo el corazón y con toda el alma’ (2 Reyes 23:3). A continuación, Josías procedió a limpiar el reino de Judá quitando todos los ídolos, los altares, los lugares altos y todas las abominaciones que se habían acumulado durante el reinado de sus antepasados, las que habían profanado a la tierra y a su pueblo. …
“‘No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual’ [2 Reyes 23:25].
“Estoy totalmente convencido de que todos debemos volver a las Escrituras como lo hizo el rey Josías y dejar que tengan una fuerte influencia en nosotros, motivándonos a una determinación inquebrantable de servir al Señor”.
— El fallecido presidente Spencer W. Kimball en “Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball”, 2011, Capítulo 6
“Mi ejemplo favorito del Antiguo Testamento es Josías, el joven rey, que ascendió al trono cuando tenía ocho años. El relato ilustra la influencia de un joven que valoró las escrituras como algo más precioso que el oro y más dulce que la miel. Todos los reyes anteriores a Josías y los que le siguieron fueron inicuos. O bien no tenían la ley, o decidieron no leerla ni obedecerla. Sin embargo, durante el reinado de Josías, Hilcías el sumo sacerdote, encontró en la casa del Señor el libro de la ley que se había perdido (véase 2 Reyes 22:8). Le leyeron lo que decía el libro, y al escucharlo, Josías, de corazón sensible, se arrepintió y lloró ante el Señor (véase 2 Reyes 22:19). Después reunió a todo su pueblo en el templo les leyó las palabras del libro, y juntos hicieron convenio de guardar los mandamientos de Dios:
“‘… y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del convenio que había sido hallado en la casa de Jehová.
“‘Y el rey se puso de pie junto a la columna e hizo convenio delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová y guardarían sus mandamientos, y sus testimonios y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del convenio que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto’ (2 Reyes 23:2-3).
“¡Qué relato tan inspirador! A menudo me pregunto por qué Josías fue un espíritu tan valiente, dispuesto a vivir según las enseñanzas del libro de la ley. ¿Por qué reaccionó de manera tan distinta a los reyes que le precedieron y a los que le siguieron? ¿Qué pueden aprender ustedes, como jóvenes, de esta historia en cuanto a valorar las escrituras al leerlas, obedecerlas, hacer convenio de guardar los mandamientos que contienen y permanecer fieles a este convenio? Tal vez las escrituras tocaron una fibra eterna en el corazón de Josías o despertaron en él recuerdos de enseñanzas recibidas en la vida premortal”.
— Hermana Susan W. Tanner, en aquel entonces presidenta general de las Mujeres Jóvenes en su devocional de la Universidad de Brigham Young de septiembre de 2005, “Las Escrituras: Más preciosas que el oro y más dulces que la miel” (en inglés)

2 Reyes 25
“Permítanme decirles lo que significa la frase ‘los que lleváis los vasos del Señor’. Antiguamente, tenía por lo menos dos significados, ambos relacionados con la obra del sacerdocio.
“El primero tiene que ver con la recuperación y la devolución a Jerusalén de varios implementos que el rey Nabucodonosor había llevado a Babilonia. Al manipular físicamente esos artículos para su devolución, el Señor recordó a aquellos hermanos de antaño la santidad de cualquier cosa que tuviera que ver con el templo. Por lo tanto, al llevar de nuevo a su tierra los diversos utensilios, vasijas, tazas y otros vasos, ellos mismos tenían que estar tan limpios como los instrumentos ceremoniales que llevaban (véase 2 Reyes 25:14-15; Esdras 1:5-11).
“El segundo significado se relaciona con el primero. En el hogar se solían usar tazones e implementos similares para ritos de purificación. El apóstol Pablo, al escribirle a su joven amigo Timoteo, dijo en cuanto a éstos: ‘…en una casa grande… hay utensilios de oro y… plata… de madera y de barro’, siendo estos métodos de lavar y purificar comunes en la época del Salvador. Pero Pablo sigue diciendo: ‘…si alguno se limpia de [indignidad], será instrumento… santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. [Por tanto], huye… de las pasiones juveniles… sigue la justicia… con los que de corazón limpio invocan al Señor’. (2 Timoteo 2:20-22).
“En ambos relatos bíblicos, el mensaje es que como poseedores del sacerdocio no sólo habremos de manipular los vasos sagrados y los emblemas del poder de Dios --piensen en la preparación, bendición y repartición de la Santa Cena, por ejemplo-- sino que también habremos de ser un instrumento santificado a la vez. A propósito, debido a lo que habremos de hacer, pero más importante aún, debido a lo que habremos de ser, los profetas y apóstoles nos dicen que ‘[huyamos]… de las pasiones juveniles’ e ‘[invoquemos] al Señor’ los que somos limpios de corazón. Ellos nos dicen que seamos puros”.
— El fallecido presidente Jeffrey R. Holland, en aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2000, “‘Santificaos’”

