Al comenzar un nuevo empleo, justo cuando mi esposa y yo estábamos formando nuestra familia, me vi en la necesidad de aprender habilidades completamente nuevas en un campo distinto. También tuve que familiarizarme con las normas de la empresa y las regulaciones legales.
Tenía un montón de notas adhesivas junto al teclado de la computadora. Cada vez que me indicaban algo nuevo que debía recordar, lo anotaba y pegaba en el borde del monitor.
No pasó mucho tiempo antes de que mis compañeros comenzaran a bromear por el arcoíris de notas que colgaban de todas partes del monitor; algunas incluso estaban pegadas entre sí formando una especie de cadena con la información nueva que quería recordar.
¿Era la mejor manera de retener toda la información nueva que recibía? No lo sé. Pero esas notas parecían ser un método práctico para actuar de inmediato y así no olvidar algo que consideraba importante. En mi caso, dio buenos resultados.
El recuerdo de aquella época volvió a mi mente el lunes 8 de junio, después de asistir al funeral de Sharon Cox, madre de la hermana Tracy Y. Browning, segunda consejera de la presidencia general de la Primaria.
La hermana Browning compartió recuerdos hermosos y muy emotivos de su madre. Entre ellos, mencionó un hábito que su madre había desarrollado a lo largo de los años: cuando alguien a quien conocía necesitaba la ayuda del cielo, escribía una breve oración por esa persona, mencionándola por su nombre, en una nota adhesiva.
La hermana Browning relató que, después del fallecimiento de su madre, encontró notas adhesivas que ella había dejado en distintos lugares de la casa y que, mientras hablaba, sostenía algunas de ellas en la mano.
Les contó a los asistentes al funeral que, si alguna vez le habían confiado a su madre que estaban pasando por una dificultad, es muy probable que ella hubiera escrito su nombre en una de esas notas como una especie de oración, a la que ella llamaba “oraciones breves para situaciones específicas”.
“Mi madre creía en la oración de una manera extraordinaria”, dijo la hermana Browning. “Ella vivió toda su vida suplicándole al Señor”.
Esas súplicas perduraron más allá de la vida terrenal de Cox, recordándoles a sus seres queridos cuánto los amaba y oraba por ellos.
“Lo que aprendí es que, si en algún momento hablaron con mi madre, le compartieron una dificultad, una esperanza o una necesidad, … ella llegaba a casa y escribía una oración por ustedes”, relató la hermana Browning.
Me encantó la ternura de este esfuerzo. Ella podría haber ofrecido una oración silenciosa en su corazón, y estoy segura que Dios habría respondido a esas oraciones de la misma manera. Sin embargo, el hecho de que Cox dedicara tiempo para escribir sus pensamientos expresados en forma de oración, y que esas notas permanecieran después de su fallecimiento, me hizo reflexionar sobre el efecto perdurable de la oración.
¿Cuán humildes nos sentiríamos si pudiéramos ver las oraciones que otros han ofrecido por nosotros representadas en una pila de notas adhesivas? ¿Cuánta gratitud sentiríamos? ¿Cuánto apoyo sentiríamos?
“¿Cuán humildes nos sentiríamos si pudiéramos ver las oraciones que otros han ofrecido por nosotros representadas en una pila de notas adhesivas?”.
La presidenta general de la Primaria Susan H. Porter, con quien la hermana Browning ha servido durante los últimos cuatro años, enseñó en su mensaje de la conferencia general de abril de 2024 que las personas pueden sentir el amor y el apoyo del Padre Celestial al orar.
“Gracias a que el Padre Celestial tiene todo el poder y conoce todas las cosas, puede ver a todos Sus hijos y puede escuchar y contestar cada oración. Pueden llegar a saber por sí mismos que Él está ahí y que los ama”, expresó.
Mientras la hermana Browning relataba la historia de las “oraciones breves para situaciones específicas” de su madre, fue como si todos los presentes descubrieran que habían sido amados y recordados desde siempre.
Es probable que las oraciones ofrecidas en el pasado ya hayan sido contestadas y que las necesidades que dieron origen a esas oraciones hayan desaparecido hace años.
Sin embargo, los sentimientos que sus seres queridos experimentaron al descubrir esas oraciones escritas despertaron un renovado aprecio por la bondad que Cox les había demostrado.
Los padres oran por sus hijos; los miembros de la Iglesia oran por el presidente Dallin H. Oaks y por otros líderes de la Iglesia, y las familias de los misioneros oran por ellos mientras prestan servicio.
Al expresar gratitud por las oraciones contestadas por un Padre Celestial amoroso, dediquemos tiempo para agradecer a quienes oran por nosotros en nuestros momentos de necesidad.
Aunque nunca conocí a Sharon Cox, agradezco su ejemplo de suplicar al Señor por aquellos a quienes amaba y ama.
— Jon Ryan Jensen es el editor de Church News.

