Imaginen un día cualquiera —común y corriente, repleto de tareas cotidianas. Pero, que durante el trascurso de este día cualquiera ocurre un encuentro con Jesucristo.
“Se pueden imaginar el significado que tendría en su vida y en su jornada eterna una experiencia como esta, con el Salvador?”, preguntó la hermana Tracy Y. Browning, segunda consejera de la presidencia general de la Primaria, durante un devocional del Ensign College el martes 18 de noviembre.
En el relato del Nuevo Testamento, una mujer de Samaria camina hacia el pozo para sacar agua en pleno calor del día —una tarea cotidiana— y allí, ese mismo día, tiene este encuentro. El Salvador le pide a la mujer que le dé agua para beber. Ella le responde señalando los factores que, al parecer los separaban, incluso el distanciamiento que existía en aquel tiempo entre su pueblo y el de Él.
Sin embargo, dijo la hermana Browning, el Salvador, “no demostró la más mínima preocupación por la tensión que se percibía entre judíos y samaritanos”. En cambio, le habló de saciar una sed más profunda, una que no se podía saciar con el agua del pozo, “sino únicamente con algo infinitamente superior”: el agua viva.
Al dirigirse a los estudiantes y al cuerpo docente reunido en el Teatro del Centro de Conferencias el martes, la hermana Browning compartió reflexiones, lecciones que tomó del relato de la mujer junto al pozo que se encuentra en Juan 4, y la bendición que representa el don del agua viva del Salvador.
Además, les dijo a los asistentes, “En un mundo complejo, lleno de diferentes voces que compiten [por nuestra atención] y de fuentes de menor valor, ruego que beban abundantemente del agua viva del Salvador y se vean bendecidos con el constante caudal de sustento que recibirán a medida que se acerquen a Él”.
El agua viva en la historia eterna
La historia de la mujer junto al pozo se puede interpretar como un reflejo de la historia eterna de cada persona, dijo la hermana Browning.
“El camino que recorrió la mujer hasta el pozo, es un reflejo de nuestra jornada hacia la mortalidad. Ella fue en busca de agua para sustentar su vida cotidiana; nosotros vinimos a este mundo para adquirir un cuerpo, para enfrentar la oposición y para aprender a confiar en el Salvador para recibir el verdadero sustento”, explicó la hermana Browning.
El mundo a menudo se fragmenta según la cultura, las perspectivas y las circunstancias, añadió. “Sin embargo, el Salvador llega hasta nosotros más allá de esas barreras. Su agua viva atraviesa cada límite que nosotros mismos trazamos y sana todas las fracturas y divisiones de la humanidad”.
Cada persona tiene la oportunidad de encontrarse con Jesús en los momentos cotidianos: al orar, estudiar, reflexionar, recordar y buscar la compañía del Espíritu Santo. “Estos momentos, a su vez, tienen la posibilidad de tener un efecto transformador, pueden ser el lugar de encuentro donde el Salvador se nos puede revelar y, así, poder beber con frecuencia de Su agua viva”, dijo la hermana Browning.
Junto al pozo, el Salvador ofrece el don del agua viva, “que satisface todo hambre y sacia toda sed. Su ofrenda tiene poder para sustentarnos. Colma nuestros vasos vacíos hasta la satisfacción de nuestras almas, no solo de nuestro cuerpo”.
Todos debemos experimentar un despertar espiritual como el de la mujer junto al pozo, que llegó a reconocer la verdadera identidad del Señor, como el Cristo. “El don del Espíritu Santo puede ayudarnos a ver con más claridad al Salvador, Su ministerio y Su misión”, expresó la hermana Browning.
Juan relata que la mujer “dejó su cántaro”. De manera similar, las personas deben “dejar atrás aquello que alguna vez pareció esencial, pero que ya no es suficiente. Nuestros convenios con Dios nos invitan a dejar de depender de los recursos que ofrece el mundo y a comenzar a recorrer la senda del convenio que nos conduce de regreso a Él. Podemos reflexionar sobre lo que el Espíritu nos está indicando que dejemos atrás para acercarnos más al Salvador”, dijo la hermana Browning.
La hermana Browning continuó diciendo que, después de su encuentro con el Salvador, la mujer corre a contárselo a su pueblo. “Siguiendo ese mismo modelo, el plan de felicidad nos llama a cada uno a amar, compartir e invitar a otros a participar de lo que hemos recibido, a venir a Cristo y disfrutar de Su bondad”.
El relato de la mujer junto al pozo nos muestra que el discipulado no es algo independiente de la vida cotidiana.
“Es parte de ella”, explicó la hermana Browning. “Cada esfuerzo que hacemos por acercarnos a Jesucristo —la fuente de agua viva— es una manifestación de nuestra relación con Dios y una invitación a que Su poder sustentador fluya hacia nuestras vidas. Él realmente está allí y nos dará la ayuda que necesitamos”.
La hermana Browning exhortó a los asistentes al devocional de esta manera: “Están invitados a ver al Mesías, el Hijo de Dios, el Único que los conoce perfectamente, que los ama por completo y que les ofrece el agua viva sin precio. Pueden confiar en Él y continuar desarrollando la confianza en Él. Él tiene el poder para llenarles el alma y calmarles la sed espiritual”.
