Cuando Chase, el hijo del presidente de BYU–Idaho Alvin F. Meredith III, tenía unos 5 años, su padre le compró una cometa.
Una tarde de viento, mientras ambos remontaban la cometa por primera vez, Chase pidió una y otra vez que la cometa se elevara cada vez más. Cuando el presidente Meredith le dijo que ya no había más cordel y por lo tanto no podría ir más alto, el niño sugirió que se lo cortaran. A pesar de las protestas del presidente Meredith, Chase insistió, entonces el presidente Meredith accedió. Cuando ocurrió lo inevitable y la cometa se estrelló contra el pavimento, Chase rompió en lágrimas.
“En su mente de niño, Chase consideró que el cordel era una restricción, algo que evitaba que la cometa pudiera volar más alto”, explicó el presidente Meredith durante un devocional del campus el martes 22 de abril.
En realidad, el cordel no representaba una restricción para la cometa, sino todo lo contrario, era lo que la sostenía arriba, dijo.
Mientras ofrecía el devocional de apertura del semestre de primavera, el presidente Meredith dio testimonio de las bendiciones de la obediencia.
“La obediencia no consiste en ganarse el amor de Dios, sino de responder a ese amor”, testificó. “Jesús vivió en perfecta obediencia y nos mostró el camino a seguir”.
Basándose en las enseñanzas del presidente Dallin H. Oaks, primer consejero de la Primera Presidencia, el presidente Meredith también animó a los estudiantes a reforzar su compromiso de ser plenamente obedientes, incluso al Código de Honor de la universidad.

Cristo, la obediencia y el plan
Durante su ministerio terrenal, Jesús constantemente demostró obediencia a Su Padre, no solo en acciones, sino también en palabras. “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).
El fallecido élder Robert D. Hales del Cuórum de los Doce Apóstoles dijo: “De todas las lecciones que aprendemos de la vida del Salvador, ninguna es más clara y poderosa que la lección de obediencia”.
El presidente Meredith señaló que el plan de felicidad del Padre y el principio de la obediencia están tan estrechamente entrelazados que, para comprender verdaderamente uno de ellos, es necesario comprender el otro.
Alma le testificó a Zeezrom sobre Adán y Eva, y el plan de felicidad, “… por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos de no cometer iniquidad” (Alma 12:32).
El presidente Meredith añadió, “La gran prueba en el gran plan es aprender a ser obediente”.
La obediencia trae gozo
El presidente Oaks utilizó el ejemplo del cordel de la cometa durante su discurso “de la conferencia general de octubre de 2024, “Seguir a Cristo”. Según explicó el presidente Oaks, el cordel de la cometa representa los convenios que conectan a las personas al Padre Celestial y Jesucristo.
El presidente Oaks continuó, “Cuando honramos esos convenios al guardar Sus mandamientos y seguir Su plan de redención, las bendiciones que Ellos nos prometen nos permiten elevarnos a alturas celestiales”.
En momentos de inmadurez espiritual, las personas pueden ver a los mandamientos y convenios de la misma manera que su hijo Chase vio el cordel de la cometa, dijo el presidente Meredith. “Les ruego que no caigan en esa trampa”.
Invitó a los estudiantes a abrir sus ojos espirituales para reconocer que la obediencia despliega el poder divino en sus vidas, permitiéndoles elevarse más alto de lo que podrían por sí solos.

El Código de Honor y la obediencia
En ese mismo discurso de la conferencia, el presidente Oaks dijo que los mandamientos son de dos tipos: permanentes y temporales. Los mandamientos temporales son aquellos que se deben observar solo durante un período de tiempo específico.
El Código de Honor de BYU–Idaho contiene ambos, señaló el presidente Meredith. “Ser honestos, llevar una vida casta y virtuosa, y vivir la Palabra de Sabiduría son mandamientos permanentes en nuestro Código de Honor que están en perfecta harmonía con las normas celestiales. Sin embargo, unos pocos elementos del Código de Honor, especialmente las pautas sobre la vestimenta y la apariencia personal, son temporales y no están ligados a la dignidad para el templo”.
Tanto los estudiantes como los empleados han aceptado que, mientras estén en BYU–Idaho “manten[drán] el nivel elevado que caracteriza a las instituciones educativas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”(SEI: Principios de vestimenta y apariencia personal).
Con un espíritu de obediencia y “con todo el amor y compasión que puedo ofrecer”, el presidente Meredith invitó a los oyentes a “renovar su compromiso de ser completamente obedientes al Código de Honor, incluso a los aspectos temporales que se encuentran en las pautas para la vestimenta y la apariencia personal. En este “lugar especial, sagrado y escogido”, espero que sientan tanto nuestro gran amor como nuestras grandes expectativas”.

Cuatro verdades fundamentales
En conclusión, el presidente Meredith destacó cuatro verdades sobre la obediencia.
En primer lugar, hay una diferencia entre la desobediencia deliberada y la debilidad humana. “Cuando el Señor habla de debilidad, siempre lo hace con compasión y misericordia, sin embargo, la rebelión consciente se considera con mayor seriedad”, dijo el presidente Meredith.
En segundo lugar, el valor de cada persona no está ligado a su obediencia.
Para referirse a la tercera verdad, citó al hermano Brad R. Wilcox, primer consejero de la presidencia general de los Hombres Jóvenes, que enseñó: “Dignidad no es perfección”.
La dignidad significa que las personas se esfuerzan por ser obedientes y por arrepentirse cuando fallan, explicó el presidente Meredith.
En cuarto lugar, “aunque hay muchas razones para obedecer los mandamientos, la motivación más poderosa y pura es el amor por el Salvador”.
Así como una cometa necesita el cordel para elevarse, “[nosotros] necesitamos la firme conexión de los mandamientos y los convenios para llegar a nuestro destino divino”, enseñó el presidente Meredith.
En sus comentarios, la hermana Jennifer Meredith, habló del gran plan de felicidad del Padre Celestial, que también se conoce como el plan de salvación o el plan de redención.
Testificó que Jesucristo es la figura central en ese plan. “Acabamos de celebrar la Pascua y, antes de eso, disfrutamos de la conferencia general. ¿Qué han sentido que deben hacer para que Jesucristo ocupe un lugar más central en su vida? Nuestro Padre colocó a Jesucristo en el centro de su plan. ¿Cómo haremos nosotros para que Él también esté en el centro del nuestro?”.


