El martes, que siguió a la conferencia general de abril de 2023 el élder Alvin F. Meredith III recibió una llamada del élder Brooke P. Hales, secretario de la Primera Presidencia, para decirle que la Primera Presidencia deseaba reunirse con él y su esposa, la hermana Jennifer Meredith, dentro de tres semanas.
En aquel momento, el élder Meredith, un Setenta Autoridad General, servía en la Presidencia de Área de Medio Oriente y Norte de África, cuyas oficinas centrales se encontraban en Salt Lake City. Mientras él y la hermana Meredith reflexionaban sobre las posibilidades, se preguntaban si tal vez les pedirían que trasladaran a su familia al Medio Oriente para abrir la oficina del área allí.
En cambio, el élder Meredith recibió la asignación de ser el próximo presidente de la Universidad Brigham Young–Idaho. “Llegamos a esta reunión con la Primera Presidencia pensando que nos trasladaríamos a Dubái, y salimos con la asignación para ir a Rexburg, Idaho”, dijo el élder Meredith.
El anuncio de la designación del élder Meredith se hizo durante un devocional el 16 de mayo de 2023, y tomó oficialmente la posesión de su cargo como el 18.o presidente de BYU—Idaho el 1 de agosto de 2023.

Decir simplemente que la llamada fue una sorpresa no captura del todo la realidad, dijo el ahora presidente Meredith. Sin embargo, “desde ese día, ha sido una experiencia maravillosa”.
Recientemente, Church News conversó con el presidente y la hermana Meredith (en inglés), quienes compartieron sus ideas y perspectivas sobre la educación, la misión de BYU—Idaho y las tres lecciones que aprendieron en este último año y medio.
1. El Señor ‘nos ayudará a superar las dificultades’
Entre la carrera del presidente Meredith como ejecutivo de una empresa tecnológica mundial y sus tareas en la Iglesia, la familia —incluso sus seis hijos— han tenido que trasladarse a Tennessee, Hong Kong, Singapur, Utah y ahora, Idaho.
La hermana Meredith recuerda una experiencia que tuvo con una de sus hijas quien, en aquel momento, pasaba por dificultades después de la mudanza de Singapur a West Jordan, Utah, durante su segundo año de secundaria.
Un día, la hermana Meredith tenía una reunión y le pidió a esta hija que recogiera a sus hermanos menores de le escuela, sin saber que su hija tenía que estudiar para un examen y además atenía que terminar una tarea importante.
Sin embargo, la hija respondió “sí” y más tarde le dijo a su madre, “Yo sabía que tú estabas sirviendo al Señor a tiempo completo, y sabía que, si tu necesitabas mi ayuda, el Señor [también] me ayudaría”.
Esa es una lección que aprendieron como familia, dijo la hermana Meredith. “Si estamos donde el Señor desea que estemos, si hacemos lo que Él quiere que hagamos, Él nos ayudará. Él nos ayudará a superar las cosas difíciles”.

2. La Fortaleza de la nueva generación
Muchos sostienen que los jóvenes de hoy no son tan fieles ni están menos interesados en la religión que las generaciones anteriores.
Esa no ha sido la experiencia de los Meredith. El tiempo como líderes de misión y ahora como líderes de la universidad ha sido inspirador, dijo la hermana Meredith. “Creo que lo más sorprendente de estos jóvenes adultos es que no son los futuros líderes, sino que están liderando ahora. Tenemos una gran esperanza y optimismo en esta generación que está preparando al mundo para la Segunda Venida del Salvador”.
El aumento de la asistencia a seminarios e institutos y de las inscripciones en las escuelas de la Iglesia, así como también el incremento en el número de misioneros y la mayor participación de la juventud en el templo, “sugiere que hay muchos motivos para tener esperanza”, dijo el presidente Meredith.
Más allá de los datos estadísticos, los Meredith también cuentan con una abundante evidencia práctica ya que interactúan constantemente con los estudiantes. “No son perfectos. Llevan sus propias cruces, como todos nosotros, pero se esfuerzan por ser discípulos”, dijo el presidente Meredith. “Hacen suya la misión de BYU–Idaho (en inglés) de desarrollarse como discípulos de Cristo; y están progresando en su discipulado”.

3. Las fortalezas de BYU–Idaho
Al contrario de las tendencias actuales en la educación superior en los Estados Unidos, BYU–Idaho ha continuado su crecimiento. El semestre pasado, la universidad dio la bienvenida a la generación más numerosa de su historia.
Esto se debe a tres factores, dijo el presidente Meredith: costos, empleo y valores. La matrícula de BYU–Idaho cuesta menos de la mitad que la de una típica institución pública para carreras de cuatro años, con excelentes índices de inserción laboral.
Los Meredith también mencionaron a los profesores de la universidad, que ayudan a preparar a los estudiantes para puestos de trabajo en el mundo real y, además, el Modelo de Aprendizaje de la universidad, que incentiva a los estudiantes a involucrarse de manera activa y preparada en su proceso de aprendizaje, evitando que sean solamente oyentes pasivos.
El presidente Meredith calificó al continuo crecimiento de la universidad como una “maravillosa convergencia” del creciente reconocimiento entre los miembros de la Iglesia, incluso los estudiantes no tradicionales, que buscan algo que solamente se ofrece en BYU—Idaho, “una institución que está firmemente enfocada en su misión de desarrollar discípulos de Cristo, brindar una excelente educación que [los] prepare para la vida profesional a un costo muy razonable, en un ambiente lleno de diversión y vitalidad”.

