Durante gran parte de su juventud en Botsuana, en el sur de África, el élder Clement M. Matswagothata fue criado por su abuela en “un hogar profundamente cristiano”.
Ella no sabía leer ni escribir, pero le pedía que le leyera las escrituras en voz alta.
Un día, leyó 1 Samuel 3, que relata cuando Dios llamó al profeta Samuel. “Instintivamente pregunté, ‘¿Dios sigue haciendo lo mismo?’”.
La respuesta fue “no”, y esto le causó mucha inquietud.
“En ese momento comenzó mi proceso de buscar a un Dios que se comunicara”, dijo.
Cuando tenía unos 16 o 17 años oyó hablar de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y quiso hablar con los misioneros —principalmente porque quería corregirles algunos comentarios que había oído sobre la Iglesia.
Cuando se reunieron, uno de los misioneros se ofreció para hacer una oración antes de comenzar la lección.
“Abrí los ojos y miré toda la habitación, porque él le estaba hablando a un Dios que parecía muy cercano —parecía que lo conocía muy bien”.

Después de esa experiencia, el élder Matswagothata ya no estaba interesado en discutir. Quería saber si Dios todavía se comunicaba, tal como lo había hecho en la antigüedad. Los misioneros le dijeron que sí.
Cuando terminó de leer el Libro de Mormón, unos dos o tres días después, llamó al teléfono de los misioneros a las 3 de la madrugada para decirles que quería bautizarse.
Más tarde, el élder Matswagothata se convertiría en el primer presidente de estaca de Botsuana, después en su primer Setenta de área y ahora es el primer Setenta Autoridad General originario de ese país. Fue sostenido en la conferencia general de abril de 2025.
“Tengo un testimonio firme y profundo de que Dios vive y se comunica con nosotros en estos últimos días, y de que vivimos en una época en la cual hay profetas sobre la tierra”, expresó.
‘Cada semana escribía mi testimonio’
Aunque él había decidido bautizarse, sus padres quisieron que esperara hasta cumplir los 18 años. Así que todos los amigos que trajo a la Iglesia, se bautizaron antes que él. Entonces, cuando les dijo a sus padres que quería servir una misión, les dolió saber que renunciaría a una beca universitaria y a otros planes que habían trazado para él. Le dijeron que no regresara a casa.
Sin embargo, relató que un sabio presidente de estaca lo animó a que invitara a su familia cuando fuera apartado como misionero y, además, les escribiera con frecuencia mientras estuviera sirviendo.

“Cada semana escribía mi testimonio, lo que significaba para mí la misión y las experiencias por las que pasaba”, comentó al hablar de su servicio en la Misión Sudáfrica Ciudad del Cabo.
Su familia lo llamó para decirle que su abuela había fallecido y le pedían que regresara a casa con urgencia. Les respondió que no. Pero les explicó sobre la Restauración, las familias eternas y también les dijo que él sabía dónde se encontraba su abuela después de su fallecimiento.
La familia nunca respondió sus cartas, sin embargo, una noche, su presidente de misión le dijo que su familia lo iba a llamar otra vez —cuando recibió la llamada, su madre le contó que ella y su hermana se acababan de bautizar.
“Esa fue una tierna misericordia [del Señor] para mí durante mi misión”, dijo.
“Tengo un testimonio firme y profundo de que Dios vive y se comunica con nosotros en estos últimos días, y de que vivimos en una época en la cual hay profetas sobre la tierra”.
— Élder Clement M. Matswagothata
Su padre, a quien describe como “un hombre extraordinario, un gran hombre”, nunca se unió a la Iglesia y falleció unos años después de que el élder Matswagothata regresara de su misión. Su madre fue muy fiel y, después de jubilarse, sirvió en el Templo de Johannesburgo Sudáfrica (en inglés).
“A nuestros tres hijos les encanta ir al templo porque, para ellos, es la casa donde vivía la abuela”, dijo el élder Matswagothata. “Es parte de ese legado que, sentimos, se forjó a partir de esa experiencia, de su servicio en el templo”.

‘Me gustaría casarme con ella’
Después de su misión, el élder Matswagothata comenzó a prepararse para continuar sus estudios y también a considerar la posibilidad de casarse. Así que le dijo a un amigo de su misión en Sudáfrica: “Quiero que me presentes a alguien de tu unidad, la chica más espiritual que conozcas, porque me gustaría casarme con ella”.
En 2003, durante una convención para jóvenes adultos solteros del Área África Sur, le presentaron a Novelty Buthelezi.
Ella se había unido a la Iglesia en Sudáfrica, cuando tenía 15 años. Su vecina se había unido a la Iglesia y la invitó a conocer a los misioneros.
“Recuerdo que nos hablaron sobre la preexistencia y me pareció que ya lo había oído antes. Me resultaba muy familiar”, relató la hermana Matswagothata. “Hablaron del Profeta y de la Primera Visión, y todo me pareció verdadero”.
Ella estaba tomando clases de preparación misional cuando conoció al élder Matswagothata. Pero él tenía otros planes que incluían el matrimonio, solo que ella no lo sabía aún.
Cuando regresó a Botsuana después de la convención JAS, se escribían por correo electrónico y hablaban por teléfono, pero la hermana Matswagothata nunca pensó que ya estaban saliendo: él era simplemente un amigo. Después él fue de visita a su casa en Pretoria, Sudáfrica.
“Empezó a venir con más frecuencia”, dijo. “Iba al templo y después pasaba por mi casa”.
Me pidió que fuera a Botsuana. “Yo le respondí: ‘No creo que mi madre me permita ir a Botsuana. Es otro país’”, recordó. Entonces la madre del élder Matswagothata habló por teléfono con la madre de ella y le permitió ir a visitar Botsuana en septiembre de 2003.

En esa ocasión le propuso matrimonio. Ella le preguntó si había orado sobre esta decisión y si había hablado con sus padres y sus líderes al respecto, a lo cual él respondió que sí.
Entonces ella preguntó: “¿Por qué parece que todo el mundo ya los sabe excepto yo?”
Una vez de regreso a su casa y después de orar sobre el asunto, ella le dio su respuesta. Se casaron en el templo de Johannesburgo a finales de febrero de 2004.
“La gente me preguntaba: ‘¿Cómo supiste que te querías casar con ella?’”, dijo el élder Matswagothata. “Yo respondía: ‘Todo lo que hablábamos tenía sentido’. Me sentía a gusto al hablar de muchas cosas con ella. Nuestras conversaciones eran normales y naturales… Simplemente, todo encajaba”.
‘El Señor nos estaba instruyendo a cada paso’
Cuando la pareja estaba recién casada, todos los miembros de la Iglesia de Botsuana formaban pare de la Estaca Roodeport Sudáfrica. Los líderes de la estaca tenían que viajar cinco horas hasta Botsuana.
Pocos años después de casarse, el élder Matswagothata fue llamado obispo del Barrio JAS Gaborone Oeste de Botsuana. Los Matswagothata eran estudiantes, al igual que los jóvenes adultos a su cargo. Él procuraba su licenciatura en filosofía con especialización en gestión de mercadeo.
“Esa época fue una de las más tiernas de nuestro servicio en el reino”, comento él.
Los jóvenes “eran tan buenos, tan autosuficientes”, dijo la hermana Matswagothata. “Hacían todo solos”.
La Iglesia creció y todos querían ser parte de los esfuerzos para llegar a tener una estaca, dijo el élder Matswagothata. En noviembre de 2012 (en inglés), el élder Dale G. Renlund un Setenta Autoridad General sirviendo en la presidencia del área en aquel entonces, formó la Estaca Gaborone Botsuana y llamó al élder Matswagothata como el primer presidente de estaca del país.

El élder Matswagothata tenía 32 años en ese momento.
“El Señor nos instruía y nos ayudaba a conocer Sus caminos. Fue muy, muy especial”, dijo.
Seis años después de su llamamiento como presidente de estaca, el élder Matswagothata fue llamado como Setenta de Área (en inglés) para el Área África Sur.
“Y fue entonces que nuestra vida volvió a dar un giro inesperado”, expresó.
La hermana Matswagothata sirvió en llamamientos que reflejaban el crecimiento de sus tres hijas: en las Mujeres Jóvenes, como maestra del programa de seminarios, y después regresó a la Sociedad de Socorro cuando la mayor se graduó de la escuela secundaria. “Mis hijas nunca se libran de mí”, dijo entre risas.
En el momento de su llamamiento como Setenta Autoridad General, su hija mayor se encontraba casi al final de su misión de tiempo completo en la Misión Missouri St. Louis, y desde entonces ha regresado.
La Iglesia en Botsuana
Los santos de Botsuana son personas fieles que aman al Señor, dijo el élder Matswagothata. Muchos de ellos asisten al templo de Johannesburgo con más frecuencia de lo él hubiera pensado.
“[Para hacerlo hay] hay que reunir los recursos, tomar un autobús, buscar alojamiento y [después de todo esto] llegar y servir. Creo que hacer ese tipo de sacrificios es algo increíble”, dijo.
Tal como ocurre con sus propias hijas, la Iglesia en el país está comenzando a abarcar varias generaciones —lo cual, dijo, es una gran bendición.
“La Iglesia forma parte de su identidad, no es algo que han añadido a su vida. Por eso, les resulta más natural servir, porque comprenden mejor lo que significa ser un pueblo del convenio”.
A veces, siente el deseo de urgir a los Santos de los últimos Días a esforzarse más y nunca dejar de valorar lo que el evangelio nos ofrece.
“He visto cómo ha transformado a mi propia familia. Y cuando uno ve eso, desea lo mismo para los demás. Esto no puede quedarse dentro de una sola familia; debe extenderse a todos. Es ahí donde se siente la verdadera belleza del evangelio”, afirmó.

Acerca del élder Clement M. Matswagothata
Familia: Clement Mosiame Matswagothata nació el 8 de enero de 1980, en Middlepits, Botsuana, hijo de Bojotilhe J. Matswagothata y Rachel M. April. Se casó con Novelty Busisiwe Buthelezi de Pretoria, Sudáfrica, el 28 de febrero de 2004, en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica (en inglés). Tienen tres hijos y al momento de su llamamiento a los Setenta, vivían en Gaborone, Botsuana.
Educación: Licenciatura con honores en filosofía, con especialización en gestión de mercadeo otorgada por la IMM Graduate School of Marketing.
Empleo: Trabajó en la industria automotriz desde 2004 con varias marcas de autos. Ha ocupado varios puestos de liderazgo en Barloworld Motor.
Servicio en la Iglesia: Al momento de su llamamiento como Setenta Autoridad General, prestaba servicio como obrero de las ordenanzas del templo en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica y como especialista de autosuficiencia de Área; además ha servicio como Setenta de Área en el Área África Sur, presidente de estaca, miembro del sumo consejo, obispo, consejero de obispado y misionero de tiempo completo en la Misión Sudáfrica Ciudad del Cabo.
