En Centroamérica, la hermana J. Anette Dennis dijo a las mujeres de la Sociedad de Socorro: “Nuestro Padre Celestial espera que Sus hijas se apoyen, se ayuden y se levanten unas a otras”.
“Esta es una obra de felicidad, de regocijo y de gozo”, testificó el élder Gary E. Stevenson durante su ministerio en Australia, Nueva Caledonia, Samoa y Samoa Americana.
Además de proporcionar ayuda inmediata a quienes la necesitan, la Iglesia también trabaja para abordar las causas fundamentales del hambre en todo el mundo.