Charmaine Lounders, del Barrio Chattahoochee, Estaca Roswell Georgia, quería tener una asignación de ministración, pero tiene dificultades para caminar. Ir personalmente a ministrar a las hermanas de su barrio era un desafío.
Habló al respecto con Candy Haynes, la presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio, y le dijo que se sentía inútil, pero que quería hacer algo.
Haynes le preguntó si estaría dispuesta a ministrar a mujeres que estaban inactivas enviándoles cartas.
“Le dije: ‘Oh, sí, eso sí lo puedo hacer. Definitivamente puedo escribir’”, dijo Lounders.
Su asignación comenzó con cinco mujeres que estaban inactivas; ahora escribe regularmente a 11 de sus hermanas de la Sociedad de Socorro, tanto miembros menos activas como activas del barrio. Cada mes, con espíritu de oración, busca en la revista Liahona y en discursos de la conferencia general un mensaje para incluir en las cartas o tarjetas que escribe a mano para cada una de ellas.
“Lo último que escribo es: ‘Recuerda siempre cuánto se te ama’”, dijo Lounders.
Lounders lleva ya varios años ministrando mediante cartas. El año pasado, recibió por correo una tarjeta de un hombre que dijo ser hijo de una de las mujeres a quienes Lounders había estado escribiendo. Él le contó que su madre había fallecido. Mientras revisaba las cosas en la casa de su madre, encontró la pila de tarjetas y cartas que Lounders le había enviado y le dijo cuánto agradecía lo que había hecho por ella.
Recientemente, Lounders se encontró con otra de las hermanas a quienes ministra en un funeral. La mujer le dijo cuánto agradecía el mensaje que recibía cada mes.
Esto significó mucho para Lounders, porque nunca sabía realmente si lo que enviaba estaba marcando una diferencia.
“Siento que esto me permite crecer, y espero estar llegando al corazón de estas hermanas y hacerles saber que cada mes alguien piensa en ellas y que son amadas por la presidencia de la Sociedad de Socorro, por nuestro obispado y por nuestro Padre Celestial”, dijo.
Las asignaciones de ministración en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se hacen para que todos los miembros de la Iglesia sean recordados y cuidados de maneras similares a como Jesucristo bendijo a quienes lo rodeaban.
Ministrar consiste en conocer las necesidades de los demás y atenderlas. Es la obra del Señor, explica ministering.ChurchofJesusChrist.org.
La Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, ha explicado que los miembros de la Iglesia tienen el privilegio de “representar al Señor” mediante la ministración.
“Espero que consideren lo que el Salvador haría para atender las necesidades de la hermana que se les ha asignado”, dijo. La presidenta Johnson explicó que las visitas al hogar, las llamadas telefónicas y los mensajes de texto son apropiados siempre que tengan como objetivo hacer que la persona se sienta amada.
“Esta es Su obra”, dijo. “Él desea que llevemos en el corazón el amar y cuidar a los demás como lo haría el Salvador. La ministración es esa oportunidad de practicar el ser discípulos de Jesucristo”.
Lounders sabe lo importante que es la ministración porque ha sido bendecida por fieles hermanas ministrantes, anteriormente llamadas maestras visitantes. Por ejemplo, hubo una época de su vida en la que trabajaba tanto que no asistía a la Iglesia los domingos. Su maestra visitante nunca se dio por vencida con ella y la ayudó a volver a la plena actividad en la Iglesia.
Dijo que, a veces, las personas pueden sentirse perdidas u olvidadas. Pero nunca están perdidas ni olvidadas para el Padre Celestial. “Así es como quiero que se sientan estas hermanas: que son amadas y que alguien piensa en cada una de ellas. Y si en algún momento desean regresar, hay brazos abiertos esperándolas”.
Lounders está agradecida por una presidenta de la Sociedad de Socorro que le dio la asignación, y la oportunidad, de ministrar a pesar de sus limitaciones físicas.
“Ella tuvo esta idea y, desde entonces, ha sido una bendición”.

