En su más reciente discurso de la conferencia general, el presidente Russell M. Nelson dijo, “Este es el momento de que hagamos de nuestro discipulado nuestra máxima prioridad” (El Señor Jesucristo vendrá de nuevo, octubre de 2024).
Para la presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, el ministrar está vinculado al discipulado.
“Ministrar es parte de nuestro discipulado y nos ayuda a ser más como nuestro Salvador”, dijo ella. “Se trata más de en quién nos estamos convirtiendo que de lo que hemos hecho”.
Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días reciben la asignación de ministrar a otros en sus barrios o ramas con el objetivo de conocer y atender sus necesidades.
Sin embargo, la presidenta Johnson dijo que preguntarse: “¿Hice mi ministración?” no es la pregunta correcta.
“La pregunta es: ‘La persona que me han asignado, siente que ha sido ministrada?’”, explicó. “¿Siente que es parte de nuestra congregación? ¿Se siente amada? Eso es lo que procuramos alcanzar”.
Las asignaciones de ministración

El élder Robert M. Daines, un Setenta Autoridad General, asignado al Departamento del Sacerdocio y Familia de la Iglesia, dijo que mirar las redes sociales o leer las noticias puede ser abrumador. Con frecuencia, la gente quiere hacer algo que marque la diferencia, pero no sabe por dónde empezar.
Pueden empezar por las personas a quienes ministran.
“Si aspiro a ser discípulo de Jesús y no creo que, [por mí mismo,] puedo solucionar el hambre que hay en el mundo, [pero] tengo 3 nombres, puedo empezar por ahí. Eso ayuda”, dijo.
Mientras que los miembros naturalmente pueden entablar amistad con otros en su barrio o estaca y cuidar de ellos, la Iglesia funciona en base a una organización y asignaciones, dijo la presidenta Johnson.
“Durante un tiempo se me asigna ministrar a varias personas de mi barrio, con la idea de que, a través de la asignación y la práctica simplemente llegue a ser algo natural para mí actuar como lo haría El Salvador, reconociendo las necesidades de aquellos a quienes me han asignado”, dijo.

En caso de que se nos dé una nueva asignación, esperamos que la relación con la persona anterior continúe.
“Nuestra meta es pensar y actuar como el Salvador”, dijo la presidenta Johnson. “Tratamos de formar discípulos de Jesucristo. Ponemos en práctica nuestro discipulado cuando aceptamos y cumplimos nuestras asignaciones de ministración”.
La hermana Elaine Thornton, miembro del consejo asesor general de la Sociedad de Socorro, dijo que solía resultarle difícil encontrar la manera de mostrar amor naturalmente después de recibir una asignación.
“Pero Cristo estuvo presente porque el Padre Celestial se lo pidió en cada ocasión”, dijo. “Así que sentí que podría llevar a cabo cualquier asignación, y aun así podía ser por amor”.
Cuando una inundación afectó su vecindario, la hermana Thornton les pidió a las hermanas que tiene asignadas que fueran a ayudarla a llenar bolsas con arena.
“Lo lindo de aquello fue que aprendí que ahora me pedirían un favor. ¿Saben por qué? Porque yo les pedí uno. Eso lo hizo más fácil”, dijo.
Comer y conversar juntos
El élder Daines sugirió que una manera de pensar sobre la ministración es mirar al Salvador. El Salvador dijo que había venido a ministrar, no para ser ministrado (Mateo 20:28) ¿Qué quiso decir con eso? La palabra griega que se refiere a quien ministra y que se usa en este famoso versículo es “diakoneo” —relacionada con la palabra “diácono”— que significa ser un mesero o servidor, como en un restaurante. Y no es casualidad que la imagen de ministro mesero tenga que ver con la comida.
El élder Daines continuó diciendo que, por ejemplo, en Lucas, la mayor parte del ministerio del Salvador tuvo lugar durante una comida, hacia un lugar adonde iban a comer o una historia sobre una comida. Esto no es casualidad.

“Qué mejor manera de llegar a conocer, comprender, empezar a servir y amar a otra persona que cenar juntos o, aunque sea, compartir un pequeño postre —se puede invitar a las personas y pasar un tiempo juntos”, dijo. Y, en los lugares donde los miembros de la iglesia están más alejados, pueden quedarse después de las reuniones los domingos para comer juntos y ministrarse mutuamente.
La hermana Thornton dijo que quizá en algún momento de su vida había dejado una hogaza de pan [en la casa sus hermanas asignadas]. Pero cuando empezó a comunicarse con ellas, se dio cuenta de que lo que realmente querían era una visita. “Y yo escuché. Aprendí a escuchar mejor”.
La presidenta Johnson dijo que ministrar no es una tarea que hay que terminar cada mes.
“Ministrar es una mentalidad, y por eso nunca voy a darla por “terminada”. Nunca voy a poner una marca [de finalizado] al costado, porque [ministrar] es la forma en que pienso; es mi manera de actuar”, dijo la presidenta Johnson.
El élder Daines dijo que hay una mujer en su antiguo barrio en California que ha vivido en una casa de reposo durante muchos años. Quienes la ministran, van a cenar con ella el Dia de Acción de Gracias y en Navidad y le llevan libros que a ella le gusta leer. Ese servicio ha generado un verdadero vínculo, dijo.
A veces, ministrar parece ser una carga, pero esto es todo lo contrario. “Esto aligera mi carga y fortalece mi deseo de edificar Sión. Son solo estas tres personas; invítenlas a cenar y vean qué sucede”.
Si desean más información sobre ministrar, consulten el capítulo 21 del Manual general en ChurchofJesusChrist.org.

