La mayoría de los misioneros de tiempo completo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sirven entre 18 meses y dos años, mientras que los líderes de misión suelen hacerlo durante tres años. Por ello, algunos misioneros sirven bajo el liderazgo de un solo presidente y su compañera, en tanto que otros llegan a hacerlo bajo dos.
El hecho de que 193 parejas hayan participado el mes pasado en el Seminario para Nuevos Líderes de Misión de 2026 indica que, los misioneros de 193 de las 506 misiones de la Iglesia continuarán su servicio bajo nuevos líderes este mes.
Durante el seminario realizado en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah, tuve un encuentro muy especial con uno de esos nuevos presidentes de misión: el presidente Jorge Portal de la Misión Colombia Cali, hijo de uno de los cuatro presidentes que tuve cuando serví como misionero de 1979 a 1981.
Sí, cuatro presidentes de misión.
Mientras esperaba la visa para Venezuela, prestaba servicio en la Misión Texas Houston cuando el presidente George L. Merrill y la hermana Carma Merril concluyeron su asignación, y el presidente Kay H. Clifford y junto con la hermana Ruth Clifford comenzaban su servicio en julio de 1979. Al año siguiente, ya estaba en la Misión Venezuela Maracaibo, cuando el presidente Alejandro Portal Campos y la hermana Beatriz de Portal transfirieron su liderazgo al presidente Wesley W. Craig y la hermana Mary Jo Craig.
Como en aquel entonces me desempeñaba como secretario del presidente en las oficinas de la misión Maracaibo, llegué a conocer muy bien a estas dos parejas de líderes de misión, así como a los hijos pequeños de los Craig, Will y Jim, quienes los acompañaban. Las enseñanzas y el ejemplo de estos líderes han despertado en mí, a lo largo de los años, un profundo cariño, admiración y el deseo de seguir su ejemplo.
El presidente Portal fue uno de los primeros miembros de la Iglesia en Venezuela y, antes de servir en el Sistema Educativo de la Iglesia y presidir las misiones Caracas y Maracaibo se desempeñó como ejecutivo de ventas y mercadotecnia. Solía dirigir los asuntos de la misión —reuniones y entrevistas— desde atrás de un gran escritorio del tipo corporativo que se encontraba en su oficina. En las reuniones diarias, los asistentes del presidente y los secretarios de la misión se ubicaban al frente y a los lados de ese escritorio.
El presidente Craig, en cambio, había sido profesor de sociología y trabajo social en la Universidad Brigham Young, con experiencia académica y profesional en Perú. Cuando asumió el liderazgo de la misión Maracaibo en julio de 1980, una de las primeras cosas que hizo fue tomar el enorme escritorio y colocarlo en un rincón de su oficina. A partir de ese momento, las reuniones se llevaban a cabo en un pequeño círculo de sillas, donde todos estábamos sentados unos frente a otros.
Fue uno de muchos cambios —qué hacíamos, cómo lo hacíamos, cuándo lo hacíamos, la forma de organizar el trabajo y las plantillas. En las primeras semanas me encontré diciéndome: “Así no es como hemos estado haciendo las cosas. Esto es diferente y no estoy acostumbrado”.
Pronto aprendí una importante lección: la diferencia entre lo que llamo “estilo” y “contenido”. En el liderazgo de la Iglesia, el “contenido” no cambia —esto es la doctrina, los principios, los manuales y las instrucciones. Y “dirigir a la manera del Salvador” es la forma de liderazgo fundamentada en ese contenido, no en un estilo.
Sin entrar en un análisis académico sobre los estilos de liderazgo (para lo cual no estoy capacitado), la forma en que un líder dirige proporciona orientación, organización, comunicación y motivación, mientras sigue los principios del “contenido”. El estilo de cada persona está determinado por sus valores personales, sus rasgos de personalidad, sus experiencias pasadas y la orientación que haya recibido, entre otros factores.
Para mí, la ubicación y la manera en que presidente usaba su escritorio fueron un ejemplo de un estilo diferente.
Desde entonces, he compartido el concepto de “contenido” y de “estilo” con quienes pasan por una transición de liderazgo. Cuando mi esposa y yo llegamos para presidir la Misión Arizona Phoenix en 2011, explicamos esta diferencia a los misioneros, con el fin de ayudarles a valorar el “estilo” del presidente Paul S. Beck y de la hermana Debra Beck, que concluían su servicio, y prepararse para los cambios en el estilo de liderazgo que pudieran surgir con nuestra llegada. Tres años más tarde, ayudamos a nuestros misioneros a prepararse para recibir al presidente Spencer R. Griffin y a la hermana Jeannie Griffin, así como al estilo de liderazgo que ellos emplearían (todos los enlaces en inglés).
El concepto de “contenido” y “estilo” no se aplica solamente a los líderes de misión —también vemos esos cambios en las transiciones de liderazgo a nivel de barrio y estaca, así como también en las presidencias de las organizaciones auxiliares. Lo vemos actualmente en el liderazgo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, con el presidente Dallin H. Oaks en su primer año tras la administración de casi ocho años del fallecido presidente Russell M. Nelson.
Y en los más de 40 años que han pasado desde aquella experiencia con el escritorio en la oficina de la misión Maracaibo, en algunas ocasiones he colocado mi propio escritorio en un lugar destacado de las oficinas donde he prestado servicio. En otras, lo he ubicado en un rincón y he puesto las sillas en círculo.
Todo ello mientras recuerdo con cariño los estilos, ejemplos y orientación de los presidentes de misión y de muchos otros líderes que han influido en mi vida.
— Scott Taylor es el editor gerente de Church News.

