Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Asunción, Paraguay, han lanzado una iniciativa que tiene como objetivo brindar apoyo espiritual, ánimo y compañerismo a las personas que cumplen condena en prisión y asistirlas en el proceso de reintegración a la sociedad.
En marzo, líderes de la Iglesia y miembros locales visitaron la Unidad Penitenciaria Industrial La Esperanza, ubicada en Asunción, según la Sala de Prensa de la Iglesia en Paraguay.
El élder A. Enrique Texeira, Setenta de Área; el presidente de la Rama Obrero, Óscar Riquelme; y otros miembros se reunieron con el director de la unidad, Teófilo Báez, y con el encargado de capacitación vocacional, Gerardo Solís, para analizar el propósito y los objetivos de este programa de apoyo espiritual y social.
Si bien ya se estaban realizando visitas a los miembros de la Iglesia en el sistema penitenciario, la reunión sirvió para formalizar esos esfuerzos y establecer un marco de colaboración con las autoridades de la unidad.
“Ministrar a los que están en prisión no es simplemente un acto de compasión, sino una profunda expresión de discipulado genuino. Es, en cierto modo, participar en el ministerio redentor de Jesucristo”.
— Élder Eduardo Gavarret, Setenta Autoridad General
Báez expresó optimismo sobre la iniciativa, aplaudiendo su apoyo y su impacto positivo en el proceso de reintegración social.
La iniciativa para ministrar a aquellos que están en prisión en Paraguay cuenta con el apoyo de la presidencia del Área Sudamérica Sur de la Iglesia. El élder Eduardo Gavarret, quien sirve como Setenta Autoridad General y segundo consejero en la presidencia del área hasta el 1.º de agosto, cuando reciba la condición de emérito, dijo a Church News:
“En una conversación con el élder Enrique Texeira, reflexionamos sobre cómo ministrar a aquellos que están en la cárcel. Hay una escritura que, a lo largo de los años, ha influido profundamente en mi comprensión del verdadero servicio cristiano, que se encuentra en Mateo 25:35–36: ‘Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí’”.
El élder Gavarret continuó: “Ministrar a los que están en prisión no es simplemente un acto de compasión, sino una profunda expresión de discipulado genuino. Es, en cierto modo, participar en el ministerio redentor de Jesucristo, quien vino a sanar a los quebrantados de corazón, dar vista a los ciegos y extender esperanza a los que están oprimidos por el pecado y el dolor. De este modo, al acercarnos a ellos, no solo cumplimos un mandamiento, sino que aprendemos a reflejar con mayor fidelidad el carácter y el amor del Salvador”.
La iniciativa se basa en las enseñanzas de Jesucristo en las Escrituras y utiliza recursos de la sección “Ministerio en las cárceles” de la Biblioteca del Evangelio, dentro de “Ayuda para la vida”, que incluye materiales como ”Ayuda para los líderes y apoyo en el ministerio“.
En "Principios generales“, se lee: “El propósito de la labor del ministerio en las instituciones penitenciarias es hacer la voluntad del Señor al ayudar a los adultos y a los jóvenes detenidos a venir a Jesucristo, arrepentirse, sanar y prepararse para progresar a lo largo de la senda de los convenios y tener una vida productiva”.
El élder Texeira dijo que la idea de la iniciativa del ministerio en las prisiones comenzó cuando un recluso Santo de los Últimos Días empezó a solicitar visitas de ministración. Si la iniciativa en la penitenciaría de Asunción tiene éxito, los líderes locales de la Iglesia planean expandirla a 14 instituciones penitenciarias en todo el país.
“Lo que he aprendido es que hay personas que están orando y esperando con anhelo nuestras visitas de ministración”, dijo el élder Texeira a Church News.
“Así como las almas al otro lado del velo oran y esperan que se realicen ordenanzas a su favor, nuestros hermanos y hermanas privados de su libertad oran por nuestra ministración, para recibir palabras de esperanza y bendiciones del sacerdocio. Al hacerlo, nos convertimos en las manos y la voz del Salvador, Jesucristo, para estos, Sus hijos”.

