Los límites del barrio donde crecí se modificaron recientemente, y mis amigos y familiares que aún viven en ese vecindario ahora asisten a las actividades y reuniones de la Iglesia en otro edificio.
Cuando mi madre me dio la noticia, me sentí un poco triste. Desde entonces he estado reflexionando sobre las lecciones que aprendí en aquel edificio donde se reunía mi barrio.
Recuerdo haber asistido a la reunión sacramental con mi abuela en Navidad, aun antes de mudarnos al vecindario. Durante los años que vivimos allí, pasé incontables horas jugando baloncesto en el gimnasio alfombrado. En ese centro de reuniones asistí a clases de la Escuela Dominical, reuniones del cuórum del sacerdocio, clases de insignias de mérito de los Boy Scouts, clases de historia familiar, ordenaciones y funerales. Allí también cociné, limpié, trabajé con la pala y pasé la aspiradora.
Y casi cada vez que atravesaba esas puertas, aprendía algo sobre el evangelio de Jesucristo.

Recuerdo, por ejemplo, al primer presidente del Templo de Bountiful, Utah (en inglés), quien, tras la apertura del templo en 1995, habló en la reunión sacramental de nuestro barrio. Harold Yancey tenía la asignación de dirigirnos un mensaje pero, además, compartió su testimonio de la oración.
El presidente Yancey, que habría cumplido 100 años este año, probablemente leyó las mismas escrituras y pronunció las mismas palabras que mis padres ya me habían dicho muchas veces durante mi corta vida. Pero recuerdo que apoyaba la cabeza en el respaldo del banco frente a mí y, de repente, la levanté al escuchar sus palabras, como si me las hubiera dicho solo a mí, en ese preciso momento, por primera vez.
Habló con reverencia sobre cómo dirigirnos al Padre Celestial. Habló del Padre Celestial escuchándonos activamente y de cómo nosotros también debíamos escucharlo con atención después de orar. Habló de expresar agradecimiento por las bendiciones que realmente valorábamos, y no solo por las oíamos mencionar en las oraciones de otros. Y habló de pedir únicamente aquellas bendiciones que realmente nos importaban.
Ese día, mis oraciones cobraron un nuevo sentido.
Hace un mes, tuve la rara oportunidad de escuchar la oración del presidente Dieter F. Uchtdorf, presidente en funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, durante el sepelio del presidente Jeffrey R. Holland.
Comparto estos comentarios con su autorización, deseando que lo que aprendí en ese momento pueda ayudar a otros en su esfuerzo por orar con más fe.
El presidente Uchtdorf se dirigió al Padre Celestial con una expresión de amor, gratitud y humildad. Reconoció a Dios como el Creador del universo, de esta tierra y de la comunidad de donde provenía el presidente Holland. Después, dio gracias al Padre Celestial por haber traído al presidente Holland a nuestras vidas, guiándolo desde sus humildes raíces en un pequeño pueblo hasta convertirse en un líder entre nosotros.
Además, el presidente Uchtdorf agradeció al Padre Celestial por los talentos que le dio al presidente Holland, los cuales compartió con personas de todo el mundo al ministrarlas y procurar acercarlas a su Salvador.
La oración fue profundamente personal para el presidente Uchtdorf, pero también parecía expresar los pensamientos y sentimientos de quienes conocían y amaban al presidente Holland.
Más tarde, uno de los asistentes al sepelio preguntó si Church News publicaría la oración. Solo publicamos las oraciones dedicatorias de templos.
En las escrituras encontramos muchas enseñanzas sobre la oración, pero no tantas oraciones; incluso las más sagradas se mencionan, pero no se detallan en el registro.
La oración del presidente Uchtdorf fue un ejemplo de muchas de las enseñanzas que los profetas de Dios y del Salvador mismo dieron en las escrituras.

Entre ellas, aprender a orar con gratitud a pesar de la adversidad. Tal como enseñó el presidente Dallin H. Oaks en la conferencia general de abril de 2003, oramos dando gracias por las adversidades y por el progreso que podemos obtener de ellas.
“Al igual que los pioneros, debemos agradecer a Dios nuestras adversidades y orar pidiendo guía para afrontarlas. Mediante esa actitud y nuestra fe y obediencia, haremos realidad las promesas que Dios nos ha dado. Es todo parte del plan. … Demos gracias por lo que somos y por las circunstancias que Dios ha puesto en nuestro viaje personal a través de la vida terrenal”, dijo el presidente Oaks.
Al esforzarme por mejorar mis oraciones, estoy agradecido por el ejemplo y las enseñanzas de los profetas y apóstoles, quienes consagran sus vidas a servir al Padre Celestial y a testificar del Salvador en todo lo que hacen y en cada oración que ofrecen.
— Jon Ryan Jensen es el editor de Church News.
