La guía de estudio de “Ven, sígueme” de esta semana abarca Moisés 1 y Abraham 3, que incluye el relato de Dios hablando cara a cara con Moisés.
A continuación, se presentan algunas citas de líderes de la Iglesia, tanto del pasado como del presente, sobre estos capítulos de las Escrituras.
Moisés 1
“Moisés, uno de los más grandes profetas que el mundo haya conocido, fue criado por la hija de Faraón y pasó los primeros cuarenta años de su vida en los recintos reales de Egipto. Él fue testigo ocular de la gloria y del esplendor de ese antiguo reino.
“Años más tarde, en la cima de una alejada montaña, aislado del esplendor y de la magnificencia del poderoso Egipto, Moisés estuvo en la presencia de Dios y habló con Él cara a cara, como un hombre que habla con su amigo (véase Moisés 1:2). Durante el curso de esa visitación, Dios le mostró a Moisés la obra de Sus manos, concediéndole una visión de Su obra y gloria. Al concluir la visión, Moisés cayó a tierra por el espacio de muchas horas. Cuando finalmente recuperó sus fuerzas, se dio cuenta de algo que, en todos sus años en la corte de Faraón, nunca antes se le había ocurrido.
“‘Sé’, dijo, ‘que el hombre no es nada’ (Moisés 1:10). ...
“Pero a pesar de que el hombre no es nada, me llena de maravilla y asombro pensar que ‘el valor de las almas es grande a la vista de Dios’ (Doctrina y Convenios 18:10).
“Y a pesar de que contemplemos la inmensidad del universo y digamos ‘¿Qué es el hombre en comparación a la gloria de la creación?’, Dios mismo dijo que nosotros somos la razón por la que creó el universo. Su obra y gloria — el propósito de este magnífico universo — es salvar y exaltar a la humanidad (véase Moisés 1:38–39). En otras palabras, la vasta expansión de la eternidad, las glorias y los misterios del espacio infinito y del tiempo se han creado todos para el beneficio de los mortales comunes y corrientes como ustedes y yo. Nuestro Padre Celestial creó el universo para que pudiésemos lograr nuestro potencial como hijos e hijas de Él”.
— Élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, entonces segundo consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de octubre de 2011, “Ustedes son importantes para Él”
“Leemos sobre la experiencia que tuvo Moisés al hablar con Dios cara a cara. Durante aquella conversación, Dios enseñó repetidas veces a Moisés acerca de su herencia divina, diciéndole: ‘Moisés, … tú eres mi hijo’. Dios explicó que Moisés era a semejanza de Su Unigénito. Moisés llegó a entender claramente quién era, que tenía una obra que hacer y que tenía un amoroso Padre Celestial (Moisés 1:1-11).
“Después de esa experiencia, el adversario vino para tentarlo e inmediatamente se dirigió a él diciendo: ‘Moisés, hijo de hombre’ (Moisés 1:12). Esta es una herramienta común y peligrosa en el arsenal del adversario. Aunque nuestro Padre Celestial nos recuerda constante y amorosamente que somos Sus hijos, el adversario siempre tratará de etiquetarnos según nuestras debilidades. Pero Moisés ya había aprendido que era más que un ‘hijo de hombre’. Él le declaró a Satanás: ‘¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios’ (Moisés 1:13). De manera similar, cuando nos enfrentamos a los desafíos de la vida terrenal o cuando sentimos que alguien está tratando de etiquetarnos según nuestras debilidades, debemos permanecer firmes en el conocimiento de quiénes somos realmente. Debemos buscar la validación verticalmente, no horizontalmente; y al hacerlo, también nosotros podemos proclamar con audacia: ‘Soy un hijo de Dios’”.
— Élder Brik V. Eyre, Setenta Autoridad General, conferencia general de octubre de 2025, “Saber quiénes son realmente”
“Leemos que ‘Dios habló a Moisés, diciendo: He aquí, soy el Señor Dios Omnipotente, y Sin Fin es mi nombre’ (Moisés 1:3). En otras palabras, ‘Moisés, quiero que sepas quién soy Yo’. Y luego añadió: ‘He aquí, tú eres mi hijo’ (Moisés 1:4). Más adelante Él dijo: ‘Y tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío; y tú eres a semejanza de mi Unigénito’ (Moisés 1:6); y finalmente concluyó diciendo: “Y ahora bien, he aquí, te revelo solo esto, Moisés, hijo mío” (Moisés 1:7).
“Pareciera que Dios estaba determinado a enseñarle a Moisés al menos una lección: ‘Tú eres mi hijo’, lo cual repitió por lo menos tres veces. Ni siquiera podía mencionar el nombre de Moisés sin agregar inmediatamente que él era Su hijo.
“No obstante, cuando Moisés se quedó solo, se sintió débil porque ya no estaba en la presencia de Dios. Ahí fue cuando Satanás vino a tentarlo. ¿Pueden ver un patrón aquí? Lo primero que Satanás dijo fue: ‘Moisés, hijo de hombre, adórame’ (Moisés 1:12).
“En este contexto, la petición que hizo Satanás de que lo adorara pudo haber sido una mera distracción. Probablemente una tentación significativa para Moisés en ese momento de debilidad fue sentirse confundido y creer que solo era un ‘hijo de hombre’, en lugar de un hijo de Dios.
“‘Y sucedió que Moisés miró a Satanás, y le dijo: ¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito’ (Moisés 1:13). Afortunadamente, Moisés no fue confundido y no permitió que lo distrajeran; había aprendido la lección de quién era realmente”.
— Élder Rubén V. Alliaud, Setenta Autoridad General, octubre de 2024 conferencia general, “Hijos e Hijas de Dios”
“Todas las cosas obran para nuestro bien. Una promesa extraordinaria. Una seguridad reconfortante de Dios mismo. De manera milagrosa, el propósito de la Creación y la naturaleza de Dios son conocer el principio y el fin (véase Moisés 1:3), lograr todo lo que es para nuestro bien y ayudarnos a ser santificados y santos mediante la gracia y la Expiación de Jesucristo”.
— Élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, Conferencia general de abril de 2024, “Todas las cosas para nuestro bien”
“Mis queridos hermanos y hermanas, en este domingo de Pascua de Resurrección, doy mi solemne testimonio de que Jesús se levantó de entre los muertos y que vive. Les testifico que, por medio de Él y de Su expiación infinita, el Salvador nos proporcionó la vía para vencer la muerte, tanto la física como la espiritual. Además de estas grandiosas bendiciones, Él también nos ofrece consuelo y seguridad durante los momentos difíciles. Les aseguro que si ponemos nuestra confianza en Jesucristo y Su sacrificio expiatorio supremo, perseverando en nuestra fe hasta el fin, disfrutaremos de las promesas de nuestro amado Padre Celestial, quien hace todo lo que esté en Su poder para ayudarnos a regresar a Su presencia algún día. Esta es Su obra y Su gloria (véase Moisés 1:39)”.
— Élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2021, “Jesucristo: El Cuidador de nuestra alma”

“‘Moisés fue llevado a una montaña sumamente alta; […] vio a Dios cara a cara, y habló con Él’ (Moisés 1:1-2). Dios le enseñó a Moisés acerca de su identidad eterna. Aunque Moisés era mortal e imperfecto, Dios le enseñó que Moisés era ‘a semejanza de mi Unigénito; y mi Unigénito […] será el Salvador’ (Moisés 1:6).
“En resumen, en esta maravillosa visión, Moisés contempló a Dios y también aprendió algo importante sobre sí mismo: que en verdad era un hijo de Dios. “Escuchen atentamente lo que sucedió al finalizar esta maravillosa visión. ‘Y aconteció que… Satanás vino a tentarlo’, diciendo: ‘Moisés, hijo de hombre, adórame’ (Moisés 1:12). Moisés osadamente respondió: ‘¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu gloria, para que te adore?’ (Moisés 1:13).
En otras palabras, Moisés dijo: ‘No puedes engañarme, porque sé quién soy. Fui creado a imagen de Dios. Tú no tienes Su luz ni Su gloria. ¿Por qué, entonces, debería adorarte o caer en tu engaño?’
Ahora presten atención a cómo responde Moisés a continuación. Declara: ‘Apártate de mí, Satanás; no me engañes’ (Moisés 1:16).
Hay mucho que podemos aprender de la poderosa respuesta de Moisés a la tentación del adversario. Los invito a responder de la misma manera cuando se sientan influenciados por la tentación. Ordenen al enemigo de su alma diciendo: ‘Vete. No tienes gloria. No me tientes ni me mientas. Porque sé que soy hijo de Dios. Y siempre invocaré a mi Dios para que me ayude’. ...
La resistencia de Moisés ante el adversario es un ejemplo vívido e inspirador para cada uno de nosotros, sin importar la etapa de la vida en la que nos encontremos. Es un mensaje poderoso para ustedes personalmente: saber qué hacer cuando él intente engañarlos. Porque ustedes, al igual que Moisés, han sido bendecidos con el don de la ayuda celestial”.
— Élder Gary E. Stevenson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2019, “No me engañes”
“Largo tiempo atrás, Moisés estuvo en una montaña y habló con Dios, que le mostró el mundo en el que vivimos. Aquella fue una visión extraña — diferente de cualquier otra cuya descripción yo haya leído: ‘Y vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados’. Las Escrituras nos dicen que ‘él se maravilló y se asombró’ (Moisés 1:8). ¿Podemos concebir siquiera lo que sería ver a toda persona y cosa que ha sido o será creada para esta tierra? Esto hizo que Moisés se maravillara y quedara lleno de asombro. Y se dijo: ‘Ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado’ (Moisés 1:10).
“Después, el Señor le enseñó una verdad importantísima y fundamental, diciéndole: ‘Esta es mi obra y mi gloria —llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ (Moisés 1:39). Quisiera agregar: de todo hombre y de toda mujer. Que motivo de asombro, para Moisés y para nosotros, que, aunque nos consideramos insignificantes al compararnos con la vastedad del universo, hayamos sido el motivo de su creación y de la creación de la tierra. Creo que es importante tratar de expandir la mente y comprender, como Moisés lo hizo, la paradoja de ser pequeños y grandes al mismo tiempo”.
— La difunta hermana Aileen H. Clyde, entonces segunda consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, conferencia general de octubre de 1992, “La conversión trae confianza”
Abraham 3

“El Señor reveló algunas cosas por medio del profeta José Smith acerca de nuestra vida preterrenal. Allí existimos como hijos de Dios procreados como espíritus. Debido a que Él deseaba ayudar a Sus hijos a progresar, dispuso la creación de una tierra en la que pudiéramos recibir un cuerpo, aprender mediante la experiencia, desarrollar atributos divinos y ser probados para ver si guardaríamos Sus mandamientos. A quienes fueran hallados dignos les ‘sería aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás’ (Abraham 3:26).
— Presidente Dallin H. Oaks, entonces primer consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de abril de 2025, “Ayudas divinas para la vida terrenal”
“Asimismo, las pruebas en la escuela de la vida terrenal son un elemento vital de nuestro progreso eterno. Sin embargo, es curioso que la palabra ‘prueba’ no se encuentra ni una sola vez en el texto de los libros canónicos en inglés. Más bien se utilizan palabras como ‘probar’, ‘examinar’ y ‘escudriñar’ para describir varios modelos a fin de demostrar debidamente nuestro conocimiento espiritual, nuestra comprensión y devoción al eterno plan de felicidad de nuestro Padre Celestial y nuestra capacidad de procurar las bendiciones de la expiación del Salvador.
“Aquel que fue el autor del Plan de Salvación describió el propósito mismo de nuestra probación terrenal al utilizar las palabras ‘probar’, ‘examinar’ y ‘escudriñar’ en las Escrituras antiguas y modernas. ‘Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare’ (Abraham 3:25)”.
— Élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2020, “Con esto los probaremos”
“Nuestra vida terrenal ha sido concebida por un Dios amoroso para que sea una prueba y una fuente de crecimiento para todos nosotros. Recuerden las palabras de Dios concernientes a Sus hijos al momento de la creación del mundo: ‘Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare’ (Abraham 3:25).
“Desde el comienzo, las pruebas no han sido sencillas. Afrontamos pruebas que surgen de tener un cuerpo físico. Todos nosotros vivimos en un mundo en que se intensifica la guerra de Satanás contra la verdad y contra nuestra dicha individual. Probablemente les parezca que el mundo y su vida están en creciente conmoción.
“Mi tranquilidad es esta: el Dios amoroso que ha permitido esas pruebas para ustedes también ha dispuesto un modo seguro de atravesarlas. De tal manera amó el Padre Celestial al mundo que envió a Su Hijo Unigénito para ayudarnos. Su Hijo Jesucristo ha dado la vida por nosotros. Jesucristo cargó en Getsemaní y en la cruz el peso de todos nuestros pecados; sintió todos los pesares, los dolores y los efectos de nuestros pecados para poder consolarnos y fortalecernos durante cada prueba de la vida”.
— Presidente Henry B. Eyring, entonces segundo consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de octubre de 2018, “Trato, trato, trato”
“Llegar a ser semejantes al Salvador no es tarea fácil, en especial en el mundo en que vivimos. Afrontamos obstáculos y adversidades literalmente cada día de la vida. Hay una razón para ello, y es uno de los principales propósitos de la vida terrenal; tal como leemos en Abraham 3:25: ‘Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare’.
“Esas pruebas varían en naturaleza e intensidad, pero nadie dejará esta existencia terrenal sin atravesarlas. Sobre todo, nos imaginamos las pruebas como la pérdida de una cosecha o del empleo; la muerte de un ser querido; las enfermedades; las incapacidades físicas, mentales o emocionales; la pobreza o la pérdida de amigos. Sin embargo, aun el logro de objetivos que al parecer valen la pena puede tener su propio riesgo del orgullo vano, en el que aspiramos más a los honores de los hombres que a la aprobación del cielo. Éstos pueden abarcar la popularidad mundana, el reconocimiento público, las proezas físicas, el talento artístico o deportivo, la prosperidad y las riquezas. …
“Pero estos últimos tipos de pruebas pueden ser aún más desalentadores y peligrosos y más difíciles de vencer que los anteriores. Nuestro discipulado se cultivará y probará no por el tipo de pruebas que afrontemos, sino por cómo las sobrellevemos”.
— Élder Daniel L. Johnson, entonces Setenta Autoridad General, conferencia general de octubre de 2012, “Llegar a ser un verdadero discípulo”
“Una de las doctrinas esenciales que se aclaró con la Restauración es que debe haber oposición en todas las cosas para llevar a efecto la rectitud. Esta vida no siempre es fácil, ni se supone que lo sea, es un tiempo de prueba y de probación. En Abraham leemos: ‘Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare’ (Abraham 3:25)”.
— Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2008, “Quiero que sepas que lo pasamos muy mal”


