La guía de estudio “Ven, sígueme” de esta semana, abarca Doctrina y Convenios 94-97, que incluye enseñanzas sobre la disciplina, el castigo y la dignidad para entrar en el templo.
A continuación, se presentan algunas citas de líderes pasados y presentes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre estas secciones de Doctrina y Convenios.
Doctrina y Convenios 94
“Ninguno de nosotros pensaría en dejar basura en el templo ni en hacer nada que desvirtúe la atmósfera limpia y sagrada de la Casa del Señor. Pero ¿son los templos las únicas casas que debemos tratar con el mayor respeto? Consideren las palabras del Señor al comité de construcción de la Iglesia en 1833 con respecto a la construcción de una estructura administrativa:
“’Y se dedicará al Señor desde su fundamento, según el orden del sacerdocio, de acuerdo con el modelo que os será indicado más adelante.
“’Y se dedicará íntegramente al Señor para la obra de la presidencia.
“Y no consentiréis que ninguna cosa inmunda entre en ella; y mi gloria estará allí, y mi presencia estará allí.
“Mas si entrare allí alguna cosa inmunda, mi gloria no estará allí, ni mi presencia entrará en ella’ (Doctrina y Convenios 94:6-9).
Observamos que el Señor reclama este edificio como Suyo, pues está dedicado a Él. Él promete que Su gloria y presencia estarán allí mientras nada inmundo entre en él. Tomando el templo como nuestra norma, reconocemos que ‘inmundo’ se refiere tanto a la preparación espiritual de quienes entran como a la condición en que se mantiene el edificio”.
— Élder Jörg Klebingat, Setenta Autoridad General, en el artículo de la revista Liahona de marzo de 2023 “Respetando nuestros lugares de adoración” (en inglés).
Además de los modelos para la oración, tenemos guía para la meditación, el procedimiento, la paciencia, la acción y la integridad. Hay modelos para todas las cosas dignas si los buscamos. ‘‘Y he aquí, debe hacerse según el modelo que os he dado’ (Doctrina y Convenios 94:2). No hay otra manera comprobada”.
— El difunto élder Marvin J. Ashton, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, Conferencia General de octubre de 1990, “Una norma en todas las cosas”
Doctrina y Convenios 95

“Consideren cómo sería su vida si las llaves del sacerdocio no se hubieran restaurado en la tierra. Sin las llaves del sacerdocio, no podrían ser investidos con el poder de Dios (véase Doctrina y Convenios 95:8; 109:22). Sin las llaves del sacerdocio, la Iglesia solo podría servir como una importante organización de enseñanza y humanitaria, pero no mucho más. Sin las llaves del sacerdocio, ninguno de nosotros tendría acceso a las ordenanzas y los convenios esenciales que nos unen a nuestros seres queridos eternamente y nos permiten finalmente vivir con Dios”.
— Presidente Russell M. Nelson, conferencia general de abril de 2024, “Regocíjense en el don de las llaves del sacerdocio”
“La palabra disciplina se deriva del término en latín ‘discere’, ‘aprender’, o discipulus, ‘el que aprende’, haciendo del discípulo un alumno y un seguidor. Disciplinar a la manera del Señor es enseñar con amor y paciencia. En las Escrituras, el Señor utiliza con frecuencia la palabra ‘castigar’ al hablar de la disciplina (véase, por ejemplo, Mosíah 23:21; D. y C. 95:1). La palabra castigar proviene del latín castus, que significa ‘casto o puro’, y castigar significa ‘purificar’
Al joven José Smith se le sancionó con un período de prueba de cuatro años antes de obtener las planchas de oro, porque ‘no has guardado los mandamientos del Señor’. (“Los Documentos de José Smith, Historias, vol. 1: 1832–1844). Más tarde, cuando perdió las 116 páginas del manuscrito, se le disciplinó de nuevo. A pesar de que José estaba arrepentido de verdad, el Señor aún le retiró sus privilegios por un corto tiempo, porque ‘a los que amo también disciplino para que les sean perdonados sus pecados’ (D. y C. 95:1).
“José dijo: ‘El ángel estaba contento cuando me devolvió el Urim y Tumim y me dijo que Dios estaba complacido por mi fidelidad y humildad, y que me amaba por mi arrepentimiento y mi diligencia en la oración’ (“Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith”). Debido a que el Señor quería enseñarle a José una lección que le cambiara el corazón, requirió de él un doloroso sacrificio — siendo este una parte esencial de la disciplina”.
— Élder Lynn G. Robbins, entonces Setenta Autoridad General, conferencia general de octubre de 2016, “El juez justo”.
“Algunos procuran hacer a un lado la conciencia, rehusándose a escuchar su voz. Pero ese mismo rechazo, en sí, es un acto de elección porque así lo deseamos. Aun cuando la luz de Cristo apenas titila en la obscuridad, sin embargo titila. Y si uno la ignora, es porque así lo desea.
“Por tanto, ya sea que nos agrade o no, la realidad requiere que reconozcamos que somos responsables por nuestros deseos. Hermanos y hermanas, ¿que deseamos en realidad, los planes que tiene Dios para nosotros o los de Satanás?
“No es de extrañar que los deseos hayan de determinar sus propias consecuencias, incluso el que ‘muchos [sean] llamados, y pocos … escogidos’ (Mateo 22:14; véase Doctrina y Convenios 95:5).
“Depende de nosotros. Dios facilitará, pero no forzará”.
— El difunto élder Neal A. Maxwell, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 1996, “‘Según nuestros deseos’”
Doctrina y Convenios 97

“Los nuevos conversos ya no se congregan en los asentamientos pioneros del oeste de Estados Unidos. En vez de ello, los conversos se reúnen en sus congregaciones locales, donde los santos adoran a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo. Hay más de 30 000 congregaciones establecidas en todo el mundo y todas se congregan en su propia Sion. Como indican las Escrituras: ‘Porque esta es Sion — los puros de corazón’ (Doctrina y Convenios 97:21).
“Al andar el camino de la vida, se nos prueba para ver si ‘procuraremos hacer todo lo que [el Señor ha] mandado’ (Doctrina y Convenios 97:25).
Muchos de nosotros estamos en asombrosos viajes de descubrimiento — viajes que conducen a la realización personal e iluminación espiritual. Sin embargo, algunos de nosotros estamos en un viaje que lleva a pesares, pecado, angustia y desesperación.
“En ese sentido, háganse la pregunta: ¿Cuál es su destino final? ¿A dónde los llevan sus pasos? Su viaje, ¿los conduce a la ‘multiplicidad de bendiciones’ (Doctrina y Convenios 97:28) que el Salvador ha prometido?”
— El difunto presidente M. Russell Ballard, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2017, “¡El viaje continúa!”
“Sabemos que la rectitud y la santificación son partes esenciales de prepararnos para el templo.
“En Doctrina y Convenios sección 97 dice: ‘Y si mi pueblo me edifica una casa en el nombre del Señor, y no permite que entre en ella ninguna cosa inmunda para profanarla, mi gloria descansará sobre ella’ (Doctrina y Convenios 97:15). …
“Es nuestro gran deseo que los miembros de la Iglesia sean dignos de tener una recomendación para el templo. Por favor, no vean el templo como una meta distante y quizá inalcanzable. Trabajando con su obispo, la mayoría de los miembros pueden lograr todos los requisitos rectos en un período relativamente corto, si están resueltos a reunir los requisitos y a arrepentirse totalmente de las transgresiones. Eso incluye estar dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos y a no centrarnos en nuestras imperfecciones o pecados como algo que nos descalifica para no entrar jamás en un templo sagrado. …
“El templo es también un lugar de refugio, de acción de gracias, de instrucción y de entendimiento para ‘que [nos perfeccionemos] en todas las cosas pertenecientes al reino de Dios sobre la tierra’ (Doctrina y Convenios 97:13-14). Durante mi vida ha sido un lugar de tranquilidad y paz en un mundo que está literalmente en conmoción. Es maravilloso dejar atrás las preocupaciones del mundo en ese entorno sagrado”.
— Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2016, “Véanse en el templo”
“Voy a compartir un modelo sencillo que, si se aplica, ayudará a cada uno de nosotros a hallar la aceptación suprema. El Señor proporcionó este modelo mediante el profeta José Smith: ‘De cierto os digo, que todos los que de entre ellos saben que su corazón es sincero y está quebrantado, y su espíritu es contrito, y están dispuestos a cumplir sus convenios con sacrificio, sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare, éstos son aceptados por mí’ (Doctrina y Convenios 97:8).
Este modelo consiste en tres pasos sencillos:
- Saber que nuestro corazón es sincero y está quebrantado,
- Saber que nuestro espíritu es contrite, y
- Estar dispuestos a cumplir nuestros convenios con sacrificio, según lo mande el Señor. …
“El tercer paso para ser aceptados por el Señor es tomar una decisión consciente de observar nuestros convenios por medio del sacrificio, ‘sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare’ (Doctrina y Convenios 97:8). Con demasiada frecuencia pensamos que la palabra sacrificio se refiere a algo grandioso o que nos cueste hacer. En ciertas situaciones puede que esto sea verdad, pero más que nada se refiere a vivir día a día como un verdadero discípulo de Cristo”.
— Élder Erich W. Kopischke, Setenta Autoridad General, conferencia general de abril de 2013, “Ser aceptados por el Señor”

“Los líderes de la Iglesia a principios de esta dispensación confirmaron que el adherirse al sendero del convenio proporciona la tranquilidad que necesitamos en momentos de pruebas.
“Señalaron además que en Ofreciendo cualquier sacrificio que Dios requiera de nosotros, obtenemos el testimonio del Espíritu de que nuestro curso es correcto y agradable a Dios (véase “Discursos sobre la Fe”, págs. 69-71). Con ese conocimiento, nuestra fe se vuelve ilimitada, con la seguridad de que Dios, a su debido tiempo, convertirá cada aflicción en nuestro beneficio. …
“El Señor dijo de la Iglesia:
“De cierto os digo, que todos los que de entre ellos … están dispuestos a cumplir sus convenios con sacrificio, sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare — éstos son aceptados por mí.
“Porque yo, el Señor, los haré producir como un árbol muy fructífero plantado en buena tierra, junto a un arroyo de aguas puras, que produce mucho fruto precioso’ (Doctrina y Convenios 97:8-9).”
— Élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2009, “El poder de los convenios”
“La Casa del Señor es un lugar [a donde podemos ir] para escapar de lo mundano y ver nuestra vida desde una perspectiva eterna. Podemos meditar en instrucciones y convenios que nos sirven para entender con más claridad el plan de salvación y el infinito amor de nuestro Padre Celestial por Sus hijos. Podemos meditar en nuestra relación con Dios, el Padre, y Su Hijo, Jesucristo. De Doctrina y Convenios aprendemos que un templo es “un sitio de instrucción para todos aquellos que son llamados a la obra del ministerio en sus varios llamamientos y oficios;
“A fin de que se perfeccionen en el entendimiento de su ministerio, en teoría, en principio y en doctrina, en todas las cosas pertenecientes al reino de Dios sobre la tierra’ (Doctrina y Convenios 97:13-14).
“La obra regular del templo puede brindar fortaleza espiritual. Puede ser un ancla en la vida diaria, una fuente de guía, protección, seguridad, paz y revelación. Ninguna obra es más espiritual que la del templo”.
— El difunto élder Joseph B. Wirthlin, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 1992, “Busquemos lo bueno”.
En Kirtland el Señor reveló esto al profeta José:
“Y si mi pueblo me edifica una casa en el nombre del Señor, y no permite que entre en ella ninguna cosa inmunda para profanarla, mi gloria descansará sobre ella;
“Y mi presencia estará allí, porque vendré a ella; y todos los de corazón puro que allí entren verán a Dios’ (Doctrina y Convenios 97:15-16).
“Es cierto que algunos en realidad han visto al Señor. Pero al consultar el diccionario nos damos cuenta de que la palabra “ver” tiene otros significados y sinónimos, tales como llegar a conocer, comprender, percibir, entender claramente, lo que, aplicado al Señor, significa conocerlo, discernirlo, reconocerlo a Él y su obra, percibir Su importancia y llegar a entenderlo mejor.
“Esta clase de iluminación celestial y de bendiciones está a nuestra disposición”.
— El difunto élder David B. Haight, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 1990, “Los templos y la obra que se efectúa en ellos”.

“Es la voluntad del Señor que los niños, a la edad de 8 años, comiencen a ser responsables de la vida que llevan. Ustedes, niñas de 10 y 11 años, y todas nosotras, debemos asumir esta misma responsabilidad. Al hacerlo, nos convertimos en un pueblo de Sion, que según Doctrina y Convenios son personas ‘puras de corazón’ (Doctrina y Convenios 97:21). Después del bautismo, podemos vivir una vida nueva y más reflexiva, como la describe Cristo”.
— Hermana Dwan J. Young, entonces presidenta general de la Primaria, conferencia general de octubre de 1984, “Guardar los convenios que hacemos en el bautismo”.
