La guía de estudio “Ven, sígueme” de esta semana abarca Doctrina y Convenios 85-87, que incluye la instrucción del Señor: “permaneced en lugares santos y no seáis movidos” (Doctrina y Convenios 87:8).
A continuación, les ofrecemos algunas citas de líderes de la Iglesia, tanto pasados como presentes, sobre estas secciones de Doctrina y Convenios.
Doctrina y Convenios 85
“Para desarrollar una fe duradera, es esencial un compromiso duradero a ser pagador de diezmos íntegros. Al principio, se necesita fe para pagar el diezmo; después, el pagador de diezmo desarrolla más fe, al punto de que el pagar diezmo se convierte en un privilegio valioso. El diezmo es una antigua ley de Dios. Él hizo una promesa a Sus hijos de que abriría ‘…las ventanas de los cielos y [derramaría]… [bendiciones] hasta que [sobreabunden]’ (Malaquías 3:10). No sólo eso, el diezmo asegurará que su nombre esté incluido entre los del pueblo de Dios y lo protegerá en ‘el día de la venganza y el fuego’ (Doctrina y Convenios 85:3)”.
— Presidente Russell M. Nelson, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2011, “Afrontar el futuro con fe”
“La meditación hace que nuestros pensamientos se aparten de las cosas triviales de este mundo y nos acerca más a la bondadosa mano de nuestro Creador que nos guía tiernamente si damos oído a la voz ‘apacible y delicada’ del Espíritu Santo (véase 1 Reyes 19:12; 1 Nefi 17:45; Doctrina y Convenios 85:6). … El meditar en las cosas del Señor -Su palabra, Sus enseñanzas, Sus mandamientos, Su vida, Su amor, los dones que Él nos ha dado, Su expiación por nosotros- nos hace experimentar un inmenso sentimiento de gratitud por nuestro Salvador, así como por la vida y las bendiciones que Él nos ha dado”.
— El fallecido élder Robert D. Hales, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 1998, “La curación del alma y del cuerpo”
“Al leer las Escrituras, al escuchar a los siervos autorizados del Señor y cuando Dios nos hable directamente al corazón, será el Espíritu quien testifique a nuestro corazón. Podremos escuchar y oír, si creemos que las Escrituras son precisas cuando describen al Espíritu Santo de la siguiente manera:
“‘Si, así dice la voz quieta y apacible que a través de todas las cosas susurra y penetra, y a menudo hace estremecer mis huesos mientras se manifiesta …’ (Doctrina y Convenios 85:6).
“Os doy mi testimonio personal, que es una voz suave, que susurra y no grita, y esa es la razón por la cual es preciso que interiormente guardemos silencio. Es por eso que prudentemente ayunamos cuando deseamos escucharla; y que la escuchamos mejor cuando pensamos: ‘Padre, … no se haga mi voluntad, sino la tuya’ (Lucas 22:42). Sentiremos que deseamos hacer Su voluntad. Entonces, la voz pequeña y apacible parecerá penetrarnos, nos hará estremecer hasta los huesos, con mayor frecuencia aun hará que arda nuestro corazón dentro de nosotros, suavemente, pero con un ardor que nos elevara y nos dará la confirmación de lo que deseamos saber”.
— Presidente Henry B. Eyring, en aquel entonces primer consejero del Obispado Presidente, conferencia general de abril de 1991, “Acerquémonos a Dios”
“He pensado: ‘Si tan solo pudiera hablar con la voz de siete truenos y proclamar la palabra con diez mil trompetas, entonces los hombres sí escucharían el mensaje’.
“Pero … sé que el Señor no obra de esa manera. Su palabra se transmite por boca de sus siervos mientras ministran y trabajan desde su debilidad. Y es esa palabra la que, entonces, llega a los corazones dispuestos a través de la suave y apacible voz del Espíritu (véase Doctrina y Convenios 85:6)”.
— El fallecido Élder Bruce R. McConkie, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 1982, “La doctrina del sacerdocio”
Doctrina y Convenios 86

“¿Cuál es el vínculo vertical al que se refiere el presidente [Russell M.] Nelson? Es aquel que establecemos con Dios.
“Para mantener el vínculo vertical con Dios, somos fieles a los convenios que hemos hecho en el templo con respecto a las leyes de la obediencia, el sacrificio, el Evangelio, la castidad y la consagración. También hacemos convenio con Dios de recibir a nuestra compañera o compañero eterno y ser un cónyuge y padre o madre recto. Al mantener el vínculo vertical, nos hacemos merecedores de las bendiciones de formar parte de la familia de Dios mediante el convenio abrahámico, incluyendo las bendiciones de la posteridad, el Evangelio y el sacerdocio (véase Doctrina y Convenios 86:8-11; 113:8; Abraham 2:9-11). Estas bendiciones son también frutos que permanecen”.
— Élder Matthew L. Carpenter, Setenta Autoridad General, conferencia general de abril de 2024, “El fruto que permanece”
“En el bautismo hacemos convenio de servir al Señor y de guardar Sus mandamientos. Cuando participamos de la Santa Cena, renovamos ese convenio y declaramos que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo. De ese modo, somos adoptados como Sus hijos e hijas y se nos conoce como hermanos y hermanas. Él es el padre de nuestra nueva vida. Finalmente, en el santo templo podemos llegar a ser coherederos de las bendiciones de una familia eterna como una vez se prometió a Abraham, Isaac, Jacob y a su posteridad (véase Gálatas 3:29; Doctrina y Convenios 86:8-11). Por lo tanto, el matrimonio celestial es el convenio de la exaltación”.
— Presidente Russell M. Nelson, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 2011, “Convenios”
“La forma en que ustedes afronten las pruebas de la vida es parte del desarrollo de su fe. La fuerza vendrá cuando se acuerden de que tienen una naturaleza divina, una herencia de valor infinito. El Señor les recuerda a ustedes, a sus hijos y a sus nietos que son herederos legítimos, que han sido reservados en el cielo para nacer en un momento y un lugar específicos, para progresar y convertirse en Sus representantes y en Su pueblo del convenio. Al caminar en el sendero de rectitud del Señor, serán bendecidos para perseverar en la bondad de Él y ser una luz y un salvador para Su pueblo. (véase Doctrina y Convenios 86:8-11)”.
— Presidente Russell M. Nelson, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2011, “Afrontar el futuro con fe”
“Jacob recibió su bendición por medio de esta maravillosa experiencia y, como herederos de Abraham por la sangre de Israel, nosotros también recibimos nuestras bendiciones del favor divino. Como el Señor dice en Doctrina y Convenios:
“‘Porque sois herederos legítimos, según la carne …
“‘por tanto, vuestra vida y el sacerdocio han permanecido, y es necesario que permanezcan por medio de vosotros y de vuestro linaje hasta la restauración de todas las cosas que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo’ (Doctrina y Convenios 86:9-10).
“A diferencia de Jacob, no es preciso que luchemos físicamente la mayor parte de la noche para recibir bendiciones que nos fortalezcan y magnifiquen. En la Iglesia, mediante aquellos que han sido autorizados e incluso señalados para dar bendiciones del sacerdocio, estas están a disposición de todos los que sean dignos. Los presidentes de estaca, obispos, presidentes de quórum [del Sacerdocio de Melquisedec] y maestros orientadores están autorizados para dar bendiciones. Los padres y los abuelos dignos, así como otros poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, también pueden dar bendiciones a los miembros en tiempos de enfermedad y cuando ocurran acontecimientos importantes. Tales bendiciones individuales son parte de la revelación continua que afirmamos tener los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.
— El fallecido presidente James E. Faust, en aquel entonces segundo consejero de la Primera Presidencia, conferencia general de octubre de 1995, “Las bendiciones del sacerdocio”
Doctrina y Convenios 87

“Con esta conmoción profetizada y la incredulidad en el mundo, el Señor prometió que habría un pueblo del convenio, un pueblo que esperaría ávido Su regreso; un pueblo que se mantendría en lugares santos y no sería movido de su sitio (véase Doctrina y Convenios 87:8). Habló de un pueblo justo que resistiría los engaños del adversario, disciplinaría su fe, pensaría celestialmente y confiaría de pleno en el Salvador Jesucristo”.
— Élder Neil L. Andersen del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2024, “Los templos: Casas del Señor por toda la tierra”
“A menudo, cuando el Señor nos advierte de los peligros de los últimos días, nos aconseja así: ‘… permaneced en lugares santos y no seáis movidos’ (Doctrina y Convenios 87:8). Esos ‘lugares santos’ ciertamente incluyen los templos del Señor y los centros de reuniones, pero como la posibilidad de congregarnos en dichos lugares se ha visto restringida de varias maneras, hemos aprendido que uno de los lugares más santos de la tierra es el hogar, sí, incluso su propio hogar. …
“¿Alguna vez se han preguntado por qué el Señor quiere que hagamos de nuestro hogar el lugar central para aprender y vivir el Evangelio? No es solo para prepararnos para una pandemia y ayudarnos a sobrevivir a ella. Las restricciones presentes que afectan a las reuniones terminarán algún día. No obstante, su compromiso de hacer de su hogar su santuario principal de fe no debe terminar jamás. A medida que la fe y la santidad disminuyan en este mundo caído, aumentará su necesidad de tener lugares santos. Los insto a seguir haciendo del hogar un verdadero lugar santo y a ‘no se[r] movidos’ (Doctrina y Convenios 87:8) de este objetivo esencial”.
— Presidente Russell M. Nelson, conferencia general de abril de 2021, “Lo que estamos aprendiendo y que jamás olvidaremos”
“No se me ocurre ningún consejo de un Padre Celestial amoroso más importante que Su admonición a cada una de ustedes de ‘[permanecer] en lugares santos y no [ser movidas]’ (Doctrina y Convenios 87:8). Él les dice: Sean firmes. Sean constantes. ‘Defiendan la verdad y la rectitud’. Sean testigos. Sean un estandarte para el mundo. Permanezcan en lugares santos. Por eso, mi mensaje para ustedes es sencillo: ‘No seáis [movidas]’”.
— Hermana Elaine S. Dalton, en aquel entonces presidenta general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de abril de 2013, “¡No seáis movidas!”
“Esta instrucción se encuentra en tres secciones distintas; obviamente, la amonestación es importante. Explica cómo podemos recibir protección, fortaleza y paz en tiempos inquietantes; la instrucción inspirada es la de ‘[permanecer] en lugares santos y no [ser] movidos’ (Doctrina y Convenios 87:8”.
— Hermana Ann M. Dibb, en aquel entonces segunda consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de abril de 2013, “Sus lugares santos”

“Mis queridos hermanos del sacerdocio, jóvenes y mayores, glorifiquemos el nombre de Dios permaneciendo firmes con nuestro Salvador Jesucristo. Comparto mi testimonio especial de que Él vive y que somos ‘llamados con un santo llamamiento’ (Alma 13:3) a participar en Su obra. ‘Por tanto, permaneced en lugares santos y no seáis movidos’ (Doctrina y Convenios 87:8). Al seguir siendo obedientes y firmes en la doctrina de nuestro Dios, permanecemos en lugares santos, pues Su doctrina es sagrada y no cambiará en medio de los vientos sociales y políticos de nuestros días”.
— El fallecido Élder Robert D. Hales, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2013, “Permaneced firmes en lugares santos”
“… Visualizo un ejército de jóvenes preparados y dignos de asistir al templo. Veo familias selladas por la eternidad. Veo jóvenes que comprenden lo que significa ser ‘salvadores [en el] monte de Sion’ (Abdías 1:21). Veo jóvenes cuyos corazones se vuelven hacia sus padres. Y preveo a jóvenes que crecerán de tal manera que saldrán de los templos llenos de fortaleza para resistir las presiones del mundo. Veo una generación de jóvenes que ‘permanece[rán] en lugares santos y no ser[án] movidos’ (Doctrina y Convenios 87:8)”.
— Hermana Elaine S. Dalton, en aquel entonces segunda consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de octubre de 2004, “Hicimos esto por ustedes”
¿Seguimos el mandamiento del Señor de ‘…permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor; porque he aquí, viene pronto’ (Doctrina y Convenios 87:8)? ¿Cuáles son esos ‘lugares santos?’ Por cierto incluyen el templo y sus convenios fielmente guardados; ciertamente incluyen el hogar donde se atesora a los hijos y se respeta a los padres; por seguro los lugares santos incluyen los puestos de deberes asignados por la autoridad del sacerdocio, incluso las misiones y los llamamientos que se cumplen fielmente en las ramas, los barrios y las estacas”.
— Presidente Dallin H. Oaks, en aquel entonces un miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2004, “Preparación para la Segunda Venida”
“Un lugar santo es donde nos sentimos protegidos, seguros, amados y consolados; así lo era en nuestro hogar celestial. El permanecer en lugares santos y estar en buena compañía trae sentimientos de cómo habrá sido en ese hogar del que salimos, el hogar que a veces parece estar tan lejano.
“Dos años y medio después de que se organizó la Iglesia, el Señor amonestó a José Smith en cuanto a las guerras, hambres y plagas que vendrían a causa de la iniquidad. Luego el Señor nos dijo cómo podemos estar seguros en un mundo como ése: ‘…permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor’ (Doctrina y Convenios 87:8).”
— Hermana Sharon G. Larsen, en aquel entonces segunda consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, conferencia general de abril de 2002, “Permanecer en lugares santos”

