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Perfeccionismo en perspectiva: Cómo comprender el evangelio de Jesucristo es un paso hacia la sanación

Tres principios doctrinales pueden promover la sanación del perfeccionismo dañino

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Nota del editor: Esta es la tercera de una serie de cuatro partes sobre investigaciones recientes relacionadas con el perfeccionismo tóxico. La primera parte, “La perspectiva única de los Santos de los Últimos Días”, la puede leer aquí. La segunda parte, “La importancia de la gracia”, la puede leer aquí.

Investigadores de la Universidad Brigham Young han descubierto que el perfeccionismo tóxico puede tener un profundo impacto en la fe de una persona. Pero también descubrieron que la fe y la observancia religiosa pueden servir como antídoto contra el perfeccionismo malsano.

Debra Theabold McClendon es psicóloga clínica y colaboró con profesores de BYU para escribir sobre los impactos del perfeccionismo tóxico en la edición de diciembre de BYU Studies Quarterly (en inglés).

McClendon escribió que la fe del perfeccionista puede ser fuerte e igual a la de los demás, pero su perfeccionismo malsano lo paraliza espiritualmente con una nube de ansiedad. Continuó: “El perfeccionismo malsano no mejora la calidad de vida de una persona ni la motiva a mejorar; al contrario, la disminuye e inhibe el verdadero crecimiento y desarrollo personal”.

El proceso para liberarse del perfeccionismo malsano puede incluir enfoques tanto del evangelio como clínicos, según McClendon. Este artículo aborda los enfoques del evangelio; la cuarta parte de esta serie abordará los enfoques clínicos.

Perspectivas del Evangelio

McClendon destacó tres principios doctrinales que pueden promover la sanación del perfeccionismo insalubre.

“Si prestamos atención a la manera en que se enseña la doctrina, entenderemos que el evangelio de Jesucristo en realidad nos libera de las cadenas del perfeccionismo tóxico”, dijo McClendon.

1. ‘No nos perfeccionamos a nosotros mismos’

McClendon señaló varios pasajes de las Escrituras que ilustran este principio:

  • Efesios 2:8–9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
  • 2 Nefi 2:3, 6: “Sé que tú estás redimido a causa de la justicia de tu Redentor… La redención viene en el Santo Mesías y por medio de él; porque él es lleno de gracia y de verdad”.
  • Doctrina y Convenios 76:69: “Estos son hombres justos, hechos perfectos mediante Jesús, el mediador del nuevo convenio, que obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre”.

2. ‘Nos perfeccionamos en Cristo’

“La Expiación obra cuando nosotros, mortales imperfectos, nos unimos a un Cristo perfecto en una relación de convenio”, escribió. “Es entonces mediante Su perfección y poder (Sus méritos) que nos perfeccionamos en Él”.

A continuación, utiliza otras escrituras para ilustrar este compañerismo:

  • Apocalipsis 1:5: “Jesucristo… nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre”.
  • Moroni 10:32–33: “Sí, venid a Cristo y perfeccionaos en él… entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo… Si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo … Y además, si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo y no negáis su poder, entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, que está en el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos, sin mancha.

3. ‘La perfección perfección solo se alcanza en y por medio de Jesucristo después de la Resurrección’

“El proceso de perfeccionarse en Cristo es una trayectoria que se extiende mucho más allá de este tiempo de probación terrenal y se adentra en las eternidades”, escribió McClendon.

Citó al presidente Russell M. Nelson de un discurso pronunciado en octubre de 1995 titulado “La Inminencia De La Perfección”.

En aquel entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Nelson enseñó: “Justo antes de Su crucifixión, [Jesús] dijo que ‘al tercer día seré perfeccionado’. Piensen en eso. El Señor sin pecado ni error —ya perfecto según nuestras estándares mortales — proclamó Su propio estado de perfección aún por llegar en el futuro. Su perfección eterna vendría después de Su resurrección y de recibir ‘todo poder’… en el cielo y en la tierra”.

Luego continuó, señalando que el Señor mandó en Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Pero después de Su propia resurrección, en 3 Nefi 12:48, Jesucristo se incluyó a Sí mismo junto con el Padre, como Aquel que era perfecto: “Por tanto, quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Reformulando patrones de pensamiento negativos

Algunas personas tienden a ver las Escrituras con un sesgo negativo. Pero reconocer esa tendencia es un paso hacia la sanación, según McClendon.

“Si estoy interpretando esta Escritura en particular… de una manera que dice que Dios me va a condenar y abandonar, eso no es coherente con lo que entendemos acerca de un Dios amoroso cuyo único propósito es lograr la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos”, dijo McClendon. “Ahora bien, una vez que se tiene ese reconocimiento, creo que se puede avanzar y decir “Tengo que empezar a cambiar algunas de estas creencias que tengo”.

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