Al reflexionar sobre los inicios del grupo de baile Hip Hop Homies, Carol Tingey, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nunca imaginó cuánto aprendería.
Hace unos 10 años, Tingey oró para encontrar una manera significativa de dedicar su tiempo. La respuesta llegó con claridad: organizar un grupo de baile de hip-hop para sus amigos.
Aunque no tenía experiencia formal en danza, Tingey tomó la iniciativa y llamó a sus amigos con síndrome de Down, a quienes había conocido en la escuela secundaria en Mesa, Arizona, para invitarlos a unirse al grupo. Con apenas ocho bailarines, creó en 2016 en Mesa el grupo “Hip Hop Homies with the Xtra Chromies” (Compañeros del hip-hop con un cromosoma extra).
“No tengo experiencia en el baile, pero sí sabía que a mis amigos con síndrome de Down les encantaban la música y el baile”, dijo Tingey. “Bailan con gozo y no les importa si son los mejores. Bailan porque les encanta”.
El grupo comenzó presentándose en pequeños recitales para los padres y en actividades de grupos de jóvenes de la Iglesia en Arizona. Hoy, Hip Hop Homies se presenta ante audiencias mucho más numerosas, incluidos espectáculos de medio tiempo de la NBA y, más recientemente, en la celebración del Stadium of Fire en Provo, Utah.
En esta última actividad, celebrada el 4 de julio, 14 de los 65 bailarines del grupo actuaron ante miles de miembros de la comunidad. Su coreografía, de casi cuatro minutos de duración, destacó la personalidad y el estilo únicos de cada bailarín.

Ale Ray, madre de Mario Ray, integrante de Hip Hop Homies, asistió a la presentación y dijo que cada actuación llena de gozo a su familia.
“Nos llena de mucho gozo y felicidad”, dijo Ale Ray. “Aunque nosotros no participamos en la presentación, es algo maravilloso. Eso es lo que ellos comparten con tantas personas”.
Mario Ray se unió a Hip Hop Homies hace tres años y medio, después de ver una de las presentaciones del grupo en el centro de reuniones de su estaca. En ese momento, las clases estaban llenas, así que esperó pacientemente la oportunidad de unirse.
Cuando Mario Ray finalmente pudo formar parte del grupo, Ale Ray dijo que vio crecer su confianza y su gozo.

“Uno de los aspectos principales que la clase ha aportado a Mario es un lugar donde se siente integrado”, dijo Ale Ray. “Le encanta compartir alegría. Le encanta bailar. Quiere a sus amigos. Quiere a todos los demás miembros de Hip Hop Homies”.
Para muchos de los bailarines, Hip Hop Homies se ha convertido en mucho más que una clase de baile. Se ha convertido en una comunidad donde nacen amistades duraderas.

Barb Wilkins, madre de Eric Wilkins, integrante del grupo, dijo que el momento más esperado de la semana para su hijo es reencontrarse con sus amigos en los ensayos. Cada reunión incluye una oración, una porra y un abrazo grupal.
“Vimos a nuestros hijos felices e interactuando entre ellos”, comentó Barb Wilkins. “Tienen amigos, buenos amigos. Se llaman, se envían mensajes de texto y pasan tiempo juntos. ... Esperan con ansias la próxima actividad de Hip Hop Homies para poder ver a sus amigos”.
Wilkins afirmó que el grupo ha cubierto una necesidad importante para muchos adultos con síndrome de Down.
“Después de la escuela secundaria, a nuestros hijos les resulta más difícil mantener un círculo social”, dijo. “La mayoría de sus amigos toma caminos diferentes. Algunos van a la universidad, otros trabajan y otros se casan. Nuestros hijos ya no están en un entorno donde ven a las mismas personas todos los días. Hip Hop Homies les ha brindado un espacio donde las amistades pueden surgir y mantenerse. Pueden aprender nuevas habilidades y desarrollar una red de apoyo social”.

Tingey comenzó el grupo debido a las amistades que forjó con sus compañeros de la escuela secundaria. Hoy ha ayudado a más de 60 personas a formar parte de Hip Hop Homies, creando oportunidades para cultivar amistades, mantenerse activos físicamente y contar con un lugar donde compartir la luz de Cristo.
Ella dijo que, en cada presentación, no solo observa a los bailarines compartir sus talentos, sino que también aprende del ejemplo que ellos dan.
“Ha sido una enorme bendición en mi vida haberme relacionado con ellos durante más de 40 años”, dijo Tingey. “Es una gran bendición observarlos y ver cómo se les ilumina el rostro. Ellos aprenden las mismas cosas que yo, y es que tienen muchísimo que enseñarnos. Son un grupo de personas verdaderamente extraordinario. Como siempre digo, no son personas perfectas, aunque son lo más cerca de la perfección que conozco”.

