PALMYRA, Nueva York — En la fresca mañana de un sábado de septiembre, con un cielo azul despejado, un numeroso grupo de visitantes baja de un autobús y se reúne afuera del Centro de Bienvenida a la Arboleda Sagrada, para participar de una visita guiada.
Se reúnen alrededor del élder Bryan Stevens, un misionero mayor de St. George, Utah. Apoyado en un bastón, comienza a hablar sobre los sitios históricos de la Iglesia que los visitantes están por recorrer, entre ellos la casa de la niñez de José Smith, la casa de la granja de la familia Smith y la Arboleda Sagrada.
Hace más de 20 años, cuando tenía unos 60 años, el élder Stevens y su esposa, la hermana Teresa Stevens, sirvieron en Misión Báltica, brindando servicio humanitario en los países bálticos de Litiuania, Latvia y Estonia.
Actualmente, desde hace casi un año, los Stevens sirven en los Sitios históricos de Nueva York y Pensilvania y han notado diferencias entre las experiencias que representan las dos misiones que sirvieron.
“Esta es mucho más ocupada y mucho más estresante, pero [también] tengo 20 años más”, dijo este misionero de 85 años entre risas.
Pero, mantener un paso rápido es algo bueno, y el élder Stevens valora el poder servir en los sitios históricos, donde las parejas de misioneros mayores, por lo general, sirven durante un período de entre 12 y 23 meses.
El élder Stevens señaló que cada grupo es único. La mayor parte de los visitantes son Santos de los Últimos Días que suelen participar activamente, en tanto otros integrantes no lo hacen. Sin embargo, en algunas ocasiones, aquellos que al principio muestran poco interés, a veces se involucran más a medida que avanza la visita.
“Esto, solamente se lo puedo atribuir a la influencia del Espíritu, y no a lo que yo pueda decir”, expresó.
Servir en los sitios históricos, ha hecho que el élder Stevens se diera cuenta de todo lo que se necesitó para restaurar el evangelio. Dijo que sabe que la mano del Señor fue la que organizó —y aún sigue dirigiendo— la Restauración que continúa su curso.
“Hablamos sobre lo que se encuentra en estos sitios, sobre los “cómo” y los “dónde”, pero el Salvador es el “por qué” y esa es la parte importante”, explicó.
El élder Stevens fue uno de varios misioneros que recientemente hablaron sobre cómo su fe se fortaleció al servir en los Sitios históricos de Nueva York y Pensilvania de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
‘Estos lugares conmueven en las personas’
Unas horas después, ese mismo día, las hermanas misioneras Elayna Lee y Kadence Bradley alegremente caminaban de regreso por el sendero que conduce de la granja de la familia Smith al Centro de Bienvenida.
Con sonrisas radiantes y brillo en sus ojos, relataron un poderoso momento espiritual que tuvieron con el grupo de visitantes anterior. Mientras contaban la historia de José Smith, la hermana Lee, de Calgary, Alberta, Canadá, dijo que “el Espíritu se manifestó” y un sentimiento cálido llenó el salón donde estaban.
“Es algo hermoso ver sentir el Espíritu con tanta intensidad en la casa de troncos”, dijo antes de compartir su testimonio. “José Smith fue llamado por Dios, y realmente vio a Dios el Padre y a Jesucristo en la arboleda. Fue simplemente increíble”.
Las hermanas misioneras, por lo general, sirven en los sitios históricos los primeros cuatro meses de su misión y después continúan con una misión de enseñanza. La hermana Lee irá a la Misión Pensilvania Filadelfia, en tanto que la hermana Bradley, de Price, Utah, irá a la Misión Louisiana Baton Rouge.
Cada día, las hermanas y los misioneros mayores rotan sus asignaciones entre los cuatro sitios históricos cerca de Palmyra: la Arboleda Sagrada, el Cerro Cumorah, la Imprenta de Grandin y la Granja de los Whitmer, donde se reúnen con visitantes de todo el mundo.
La hermana Elizabeth Streadbeck, de Dallas, Texas, que ha sido asignada a la Misión Louisiana Baton Rouge, ha guiado visitas con participantes de Argentina, los Países Bajos, Alemania, Guatemala, España, Brasil, Australia, México y otros más.
Una mujer de Brasil, con ojos llorosos durante toda la visita, le dijo a la hermana Streadbeck: “Este es mi sueño [hecho realidad]. Nunca pensé que podría venir hasta aquí”.
Aprender y compartir la historia de la Iglesia como guía en los sitios históricos es una excelente manera de comenzar una misión, dijo la hermana Bradley.
“Servir en estos sitios históricos ha significado muchísimo para mí. Es una gran bendición ser un instrumento en las manos del Señor en los lugares donde se restauró la Iglesia”, dijo. “Por medio de esta experiencia, he obtenido un testimonio más profundo de José Smith y la Restauración. Me ha ayudado a darme cuenta de cuánto necesito que el Señor esté en el centro de todo lo que hago y cómo deseo vivir mi vida más cera de Él”.
Para el élder Ryan Harris y su esposa, la hermana Robin Harris, una pareja de misioneros mayores de South Weber, Utah, servir en los Sitios históricos de Nueva York y Pensilvania fue “un sueño hecho realidad”.
“Cuando un visitante se acerca al finalizar la visita y te dice que no tenía idea de todo lo que había ocurrido en esos lugares, sabes que el Señor ha bendecido a ambos, al visitante y a ti [también]”, dijo el élder Harris. “Te das cuenta que estás en tierra sagrada y que Dios está en los detalles de las cosas pequeñas y sencillas”.
La hermana Harris añadió: “Estos lugares conmueven a las personas. Lo puedes ver en sus ojos. Puedes sentirlo, cuando, después de la visita guiada, se acercan y te agradecen lo que compartiste. Ves que el Espíritu conmovió sus corazones y les testificó. Estos lugares se mantienen para ayudarnos a ampliar nuestros recuerdos y acercaros más a nuestro Padre Celestia y a nuestro Salvador, Jesucristo”.
Testimonios fortalecidos
Para el élder Douglas Smith, un misionero mayor de Bountiful, Utah, servir como misionero en los sitios históricos “brinda una manera profunda de fortalecer nuestro testimonio del Salvador Jesucristo, del Profeta José Smith y de la Restauración del evangelio”.
“En estos lugares, sagrados y santos, estamos diariamente inmersos en un espíritu dulce que refuerza continuamente nuestras propias convicciones mientras damos testimonio de estas verdades”, expresó.
“Al relatar los acontecimientos que tuvieron lugar aquí … los corazones se ablandan, nacen testimonios personales y, con frecuencia, las lágrimas testifican de la profunda realidad de que nuestro Padre nos ama, es paciente, y nos ha dado los medios —a través de Su Hijo— para facilitar nuestro regreso Eterno a Él”.
La hermana Taylor Wilson, de Rockland, Idaho, asignada a la Misión Missouri St. Louis, expresó su gratitud por la experiencia.
“Ha sido una de las experiencias más fortalecedoras de mi vidia”, dijo. “Servir en los sitios históricos me ha transformado de una maneara que nunca creí que fuera posible. He desarrollado un nuevo aprecio por los personajes históricos y por las historias que le han dado forma a la Iglesia. El estar aquí me ha proporcionado un conocimiento de estos sitios que permanecerá conmigo para siempre”.
El élder Harold Jones, un converso de Ririe, Idaho, relató que hubo una época en su vida en la cual se opuso a la idea de tener profetas modernos y dudó del origen divino del Libro de Mormón. Estuvo luchando con estas dudas durante ocho años antes de que su deseo de saber la verdad lo llevara a recibir un testimonio personal.
“Compartir las historias fortalece aún más el testimonio que recibí de la veracidad de este evangelio”, dijo.
Su esposa, la hermana Laree Jones, añadió: “Este es un lugar donde se puede obtener y fortalecer un testimonio si las personas están preparadas para recibirlo.
Como están sirviendo en los sitios históricos, los Jones no han podido asistir a bautismos, al nacimiento de una nieta y de su primer bisnieto, y tampoco a una boda. Posiblemente se perderán otros eventos en los próximos seis meses.
“Sin embargo, el legado y ejemplo que le estamos dejando a nuestra familia [hace que] valga la pena el sacrificio”, expresó la hermana Jones. “Estamos demostrando nuestro amor y compromiso con el Señor y rogamos que [esto] fortalezca la fe y el testimonio de cada integrante de nuestra familia”.
Sembrando semillas
A diferencia de las misiones de enseñanza, donde los misioneros encuentran, enseñan y preparan a las personas para el bautismo, los misioneros que sirven en los sitios históricos, se enfocan, principalmente, en compartir, testificar y sembrar la semilla de la fe en los visitantes.
“No llegamos a ver el progreso, pero es importante saber que, aun así, hacemos la diferencia”, dijo la hermana Lee.
La hermana Bradley añadió: “Sabemos que Dios es bueno, y esperamos que esa semilla dé fruto. Les damos lo mejor de nosotros mismos, los despedimos, oramos por ellos y sabemos que Dios, es un Dios de milagros”.
El élder Smith ha observado que cuando los miembros son los visitantes, suelen sorprenderse y conmoverse profundamente cuando “el Espíritu une las piezas del [rompecabezas del] conocimiento y resuelve las preguntas e incertidumbres que llevan mucho tiempo sin respuesta”, dijo él. Quienes no son miembros llegan sin un plan específico, diciendo simplemente: ‘Sentí la necesidad de venir y ver’. Muchos se van con un ejemplar [del Libro de Mormón] ‘Otro Testamento de Jesucristo’ (Moroni 10:4-5), en el cual se encuentra resaltada la promesa de Moroni —una semilla de fe sembrada con mucho cuidado".
La hermana Freyja Larsen, de Calgary, Alberta, Canadá, y asignada a la Misión Wisconsin Milwaukee, guio a una clase universitaria de religión durante su visita al sitio de la Arboleda Sagrada. Una vez finalizada, los estudiantes bombardearon a las hermanas misioneras con preguntas y todos (17 en total) solicitaron un ejemplar del Libro de Mormón.
“Fue un momento muy especial para mí, poder expresar mi amor por el Salvador, por Sus hijos, que me rodean, además de la esperanza y el gozo que me brinda el evangelio de Jesucristo”, dijo.
La hermana Lily Christensen, de Cincinnati, Ohio, asignada a la Misión Pensilvania Filadelfia, mencionó que los grupos de jóvenes suelen visitar los sitios históricos con frecuencia. Después de esas visitas, en muchos casos, las mujeres jóvenes se sienten inspiradas a servir una misión.
“Ven cómo estas hermanas misioneras guían los grupos y deciden que ellas también quieren servir una misión”, dijo. “Es increíble pensar que podemos ser una influencia para la juventud, especialmente las hermanas y las jovencitas.
de septiembre de 2025 | Scott G Winterton, Deseret News
Eso es exactamente lo que le sucedió a su compañera, la hermana Solee Simpson, de Alpine, Utah, asignada a la Misión Texas Dallas Sur. Un año atrás, la idea de servir una misión le resultaba “atemorizante” e “incómoda”. Entonces, participó de una visita guiada a uno de los sitios históricos de la Iglesia y tuvo una experiencia espiritual que cambió su perspectiva.
“Después de visitar los lugares, decidí ir a una misión”, dijo la hermana Simpson. “Volver aquí como misionera me hace sentir que he cerrado el círculo. Estuve aquí hace exactamente un año, pero ahora llevo una placa con mi nombre”.
Conexiones ancestrales
La hermana Ella Pulsipher, de St. George, Utah, asignada a la Misión Nashville, Tennessee, tuvo que enfrentar desafíos al principio de su misión. Un día, mientras servía en la Granja de los Whitmer en Fayette, donde se organizó la Iglesia en 1830, decidió hacer una búsqueda sobre su historia familiar.
Descubrió la historia de su antepasado Zera Pulsipher, un converso de los primeros tiempos de la Iglesia, que conoció al profeta José Smith; fue testigo de acontecimientos de la Restauración, desde Nueva York hasta Utah; y además, se le menciona en la sección 124 de Doctrina y Convenios. El conocer su legado familiar, le infundió nuevas energías a la hermana Pulsipher.
“Leer sobre la historia de mi familia en la Iglesia me dio una gran esperanza y la seguridad de que Dios sabe dónde debo estar, que Él ve cada uno de mis esfuerzos”, dijo la hermana Pulsipher.
La hermana Julie Smith, que sirve junto con su esposo, el élder Smith, señaló que muchos visitantes han sentido que sus “antepasados se regocijaban” mientras recorrían los sitios. Ella ha experimentado una conexión similar con sus propios antepasados durante su servicio.
“Esos momentos me han recordado que esta obra no se trata solamente de historia, sino de conexión, convenio y la influencia continua de la Restauración en cada generación”, dijo la hermana Smith.
Lecciones aprendidas
Servir en los sitios históricos les ha brindado a los misioneros muchas lecciones importantes.
La hermana Kirsten DeGraffenried, de Kearns, Utah, asignada a la Misión Pensilvania Filadelfia, ha guiado grupos de visitantes de todas partes del mundo. Ha conocido a descendientes de los primeros líderes de la Iglesia, a miembros e incluso a personas cuyos antepasados, en su tiempo, fueron perseguidores. Reconoce que la bendición de servir en estos sitios históricos conlleva la responsabilidad de “ser testigo de la veracidad de estos acontecimientos sagrados”.
La hermana Bradley dijo, “Una de las cosas más importantes que aprendí es, que así como José, todos necesitamos buscar la verdad por nosotros mismos. Podemos tener nuestra propia “Arboleda Sagrada”, ni importar donde estamos, cuando nos volvemos sinceramente al Señor”.
La hermana Lee dijo” “Realmente sé que Él está al tanto de lo que me pasa”.
Para la hermana Simpson, prestar servicio en los sitios históricos le ha abierto los ojos para ver la gran influencia de la mano del Señor en la Restauración, así como la función que Él tiene en la Iglesia y en la vida de una persona.
“Cuando miro hacia atrás, me asombro y digo: ‘¿Como llegué hasta este punto?’ Es fantástico ver cómo la mano de Dios está presente en cada detalle de nuestras vidas”, dijo.
