Ser parte de la Sociedad de Socorro le ha permitido a Beatriz Sousa, del Barrio Cheltenham, Estaca Cheltenham, Inglaterra, aprender de mujeres fieles de todo el mundo y profundizar su discipulado al guardar sus convenios y esforzarse por llegar a ser como el Salvador Jesucristo.
Cuando Sousa servía en una misión de tiempo completo en la Misión Inglaterra Leeds, sirvió y conoció a muchas mujeres en varios barrios, lo que le permitió ser testigo de la influencia, el poder y la belleza de la Sociedad de Socorro, comentó.
Cuando regresó de su misión, las hermanas de la Sociedad de Socorro del Barrio Cheltenham la recibieron con su amor y apoyo, escribió Sousa en un ensayo en el sitio web de la Iglesia en el Reino Unido (en inglés).
“Las hermanas son increíbles”, dijo. “Están en sintonía con el Espíritu y verdaderamente están dispuestas a ‘llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y… [son] testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’” (Mosíah 18:9).
Le encanta estar con cada una de las miembros de la Sociedad de Socorro de su barrio; conocerlas, a sus familias, sus historias y sus vidas.
“Estas hermanas, estas hijas de Dios, son fieles a sus convenios y se esfuerzan por seguir el ejemplo del Salvador cada día”, dijo Sousa.
Estos sentimientos se reflejan en todo el mundo entre otras de las aproximadamente 8 millones de miembros de la Sociedad de Socorro, quienes se reunieron en centros de reuniones, hogares, capillas, salas de la Sociedad de Socorro y otros lugares el 17 de marzo para conmemorar el 183.º aniversario de la fundación de la Sociedad de Socorro, que creció de un grupo en el salón alto de una tienda en Nauvoo, Illinois, a una de las organizaciones de mujeres más grandes del mundo.
Marina Guzmán, del Barrio Palmira, Estaca Tegucigalpa, Honduras, quien presenció el devocional mundial, comentó a la Sala de Prensa de la Iglesia en Honduras sobre la importancia que la Sociedad de Socorro ha tenido para ella.
“El testimonio tan grande que yo tengo de la Sociedad de Socorro y de la ministración; yo sé que José Smith, así como fue el restaurador de nuestra iglesia, fue el restaurador de nuestra organización junto con su esposa”, dijo.

Jaqueline de Pérez, del Barrio Roosevelt, Estaca Usulután, El Salvador, habló sobre la invitación del devocional de hacer y guardar convenios con nuestro Padre Celestial y Jesucristo.
“Puedo testificar que ha sido la única forma como me he podido mantenerme a salvo de los peligros y puedo igual testificar que la obediencia a estos convenios nos da acceso a ese poder del Padre Celestial, ese poder que nos brindará paz y tranquilidad para acercarnos más a Él y hacer Su voluntad”, dijo en la Sala de Prensa de la Iglesia en El Salvador.
El alivio del Salvador
Desde el principio, las miembros de la Sociedad de Socorro han procurado brindar el socorro del Salvador, tanto temporal como espiritualmente, a todas las personas, según enseñó la presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson.
En una de las primeras reuniones de la Sociedad de Socorro en Nauvoo, Illinois, en 1842, el profeta José Smith les dijo a las mujeres que su fiel servicio traería resultados extraordinarios (véase Presidente Henry B. Eyring, “El perdurable legado de la Sociedad de Socorro”, conferencia general de octubre de 2009).
Sousa dijo: “He sido testigo de esto; he recibido este fiel servicio de hijas de Dios y discípulas de Jesucristo, asombrosas y firmes, llenas de fe”.
Un recuerdo preciado de su misión fue cuando la Sociedad de Socorro se reunió para un proyecto de servicio destinado a producir cajas de regalos para huérfanos tras un devastador terremoto en Turquía: “Nos unimos para brindar el socorro y el amor de Cristo”.
En una publicación de la Sala de Prensa de la Iglesia en Canadá (en inglés), Ruth Yates habló sobre la influencia que la Sociedad de Socorro tuvo en ella cuando era niña en Timmins, Ontario. Antes de tener un edificio de la Iglesia donde reunirse, su madre reunía regularmente a un pequeño grupo de mujeres de la Sociedad de Socorro para reuniones de acolchados. Yates se escondía bajo los acolchados y escuchaba mientras las mujeres hablaban y reían.
“Sé que esas mujeres se sintieron nutridas no solo por el almuerzo que siempre se servía con gozo, sino también por el consuelo y el ánimo que compartían. Para mí, eso se ha convertido en un sello distintivo de la Sociedad de Socorro”, dijo Yates.

Ministrándose mutuamente
Marissabell Cañas, del Barrio Mejicanos, Estaca San Salvador, El Salvador, Cuzcatlán, se siente agradecida de formar parte de una comunidad mundial.
“Aún recuerdo de niña que me gustaba estar con las hermanas de la sociedad de socorro, ver todo el amor y hermandad que se mostraban unas con otras, mientras bordaban, tejían y otras cocinaban”, declaró a la Sala de Prensa de la Iglesia en El Salvador. “Acá aprendemos a amarnos y bendecirnos unas a otras y a quienes más lo necesitan siguiendo el ejemplo del Salvador Jesucristo, he allí nuestro lema –La Caridad, [que es el amor puro de Cristo], nunca deja de ser”.
Sara Aguilar, consejera de la presidencia de la Sociedad de Socorro de la Estaca Cuzcatlán, comentó que cuando tuvo que viajar fuera del país por trabajo, lo primero que hizo fue buscar el centro de reuniones de la Iglesia más cercano.
“Sentí un gran gozo al encontrar la misma organización de mujeres que aun sabiendo ellas el corto tiempo que asistiría a su barrio, constantemente recibía llamadas, mensajes, citas y Escrituras que expresaban su interés por mis necesidades”, dijo.
De esta manera, ella era la receptora de la ministración.
“Ya no me sentí sola ni lejos de casa y ni de mi familia, porque estas hermanas me mostraron el amor del Salvador reflejado por medio de ellas, me sentí bendecida por ser parte de esta organización mundial de hermanas que siguen el modelo de Cristo”, dijo Aguilar.

En los primeros días de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, Lucy Mack Smith dijo: “Debemos apreciarnos unas a otras, velar unas por otras, consolarnos unas a otras y obtener instrucción, para que todas podamos sentarnos juntas en el cielo” (Libro de actas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 24 de marzo de 1842).
Sousa dijo que ha visto que esto suceda.
“He sido testigo del profundo impacto que las hermanas tienen en sus comunidades, familias y barrios”, dijo. “Su amor, consejo y servicio son eternos y están arraigados en mi corazón. Son de un corazón, una mente, y están determinadas a ayudar al Señor a edificar Su reino.”
“Estoy muy agradecida de ser parte de la Sociedad de Socorro.”

