Así como las aguas de los ríos Solimões y Negro, en Brasil, se unen para formar el río Amazonas, las personas de diferentes religiones pueden unirse para fortalecerse mutuamente y llevar la esperanza más lejos, invitó el élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles.
“Como nos enseña el encuentro de las aguas del río Amazonas, la unidad no exige uniformidad”, dijo. “Cada uno de nosotros aporta una riqueza única de experiencias, fe, conciencia y bondad. Cuando nos brindamos ánimo, apoyo y amor unos a otros, nuestros dones individuales se convierten en una poderosa fuerza para el bien, capaz de llevar esperanza a un mundo espiritualmente sediento”.
El élder Soares compartió este mensaje como orador principal de clausura del Foro sobre la Fe de 2026, celebrado en la Universidad de Nueva York, en la ciudad de Nueva York, el miércoles 14 de octubre.

Aunque los participantes provenían de diferentes contextos y tenían distintas convicciones y responsabilidades, el élder Soares señaló que compartían una preocupación común: “¿Cómo puede la fe ayudar a la familia humana a vivir con mayor paz, dignidad y esperanza?”.
“Mi convicción es sencilla”, dijo. “El mundo es mejor cuando la fe nos recuerda que todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos y hermanas unos de otros”.
El Foro sobre la Fe reúne a líderes de los ámbitos religioso, gubernamental, empresarial y académico para explorar la función de la fe en el fortalecimiento de las personas y las comunidades. Mediante mesas redondas, discursos principales y sesiones en grupos pequeños, los participantes analizan cómo la fe puede fomentar la unidad e inspirar soluciones colaborativas en un mundo dividido, según el sitio web del evento.
Entre otros líderes de la Iglesia que participaron en el foro se encontraban el élder Arnulfo Valenzuela, de la Presidencia de los Setenta; el élder Robert M. Daines, Setenta Autoridad General y presidente del Área Noreste de Estados Unidos de la Iglesia; y el élder David Marriott, Setenta de Área.
Unidad sin uniformidad
Reconocer a todas las personas como hijos de Dios no disminuye sus diferencias, explicó el élder Soares. Más bien, sitúa esas diferencias en un contexto más amplio de origen divino compartido y de la necesidad de amor, seguridad, propósito y sentido de pertenencia.
El élder Soares comparó ese sentido de pertenencia con el de un hogar saludable, donde los miembros de la familia no necesitan pensar de la misma manera para cuidarse unos a otros. Aprenden a escuchar, disculparse, perdonar y dar cabida a los demás.

“Una familia se mantiene unida no porque todas las voces suenen igual, sino porque cada persona importa”, dijo.
Esa comprensión es necesaria en las comunidades donde las personas son consideradas adversarias antes de ser reconocidas como vecinos, señaló.
La protección de la libertad religiosa
La libertad religiosa ofrece un camino mejor, dijo el élder Soares.
Más allá de proteger las propias creencias, la libertad religiosa incluye la responsabilidad de proteger la libertad de conciencia de los demás, incluso cuando sus creencias son diferentes.
“Si deseo que mis convicciones sean tratadas con respeto, debo extender ese mismo respeto a mi prójimo”, dijo.
El élder Soares citó una enseñanza del presidente de la Iglesia, Dallin H. Oaks, según la cual la estabilidad y la armonía no requieren que las personas compartan las mismas creencias religiosas o fundamentales. Más bien, dependen de la garantía de que todos puedan vivir de manera segura conforme a sus propias convicciones.

Para establecer esa garantía se necesitan tanto leyes adecuadas como una cultura basada en la virtud, explicó el élder Soares.
“Las leyes protegen a las personas de la coacción y la discriminación, pero las leyes por sí solas no pueden enseñarnos a amar a nuestro prójimo”, dijo.
Las familias, las escuelas, las congregaciones y las personas contribuyen a formar esa cultura al escuchar, hablar con caridad y negarse a convertir los desacuerdos en desprecio.
Sirviendo juntos a pesar de las diferencias
El élder Soares señaló que las comunidades religiosas cuentan con edificios, redes de apoyo, enseñanzas y personas dispuestas a sacrificarse por los demás. Esos recursos pueden ayudar a satisfacer las necesidades de las personas vulnerables, solitarias, desplazadas, pobres y olvidadas.
“No necesitamos estar de acuerdo en cuestiones de doctrina religiosa o políticas públicas para cooperar en hacer el bien”, dijo.

El élder Soares explicó que las personas pueden trabajar juntas para fortalecer a las familias, proteger a los niños, defender la dignidad humana y apoyar el bienestar mental y espiritual de sus vecinos.
“Podemos estar en desacuerdo con sinceridad y, al mismo tiempo, servir con fidelidad”, dijo antes de hacer referencia a la Regla de Oro y al principio de tratar a los demás como deseamos ser tratados. “Es una responsabilidad que compartimos”.
Invitación: Construir un futuro de pertenencia
El élder Soares concluyó su mensaje invitando a los participantes a seguir construyendo un mundo de fe desde sus diferentes tradiciones religiosas.
“Tendamos puentes sin abandonar nuestras convicciones, protejamos la libertad sin generar temor y convirtamos nuestras diferencias en oportunidades para servir”, dijo.
Al retomar la imagen de los dos ríos brasileños, el élder Soares destacó la esperanza que puede surgir del esfuerzo conjunto.
“Al igual que los ríos Solimões y Negro se unen para formar el poderoso Amazonas, nuestros diversos dones, unidos en la fe y la caridad, pueden llevar la esperanza más lejos”, dijo. “Juntos, como hijos de Dios, podemos construir un futuro de pertenencia, servicio y esperanza”.


