Después de que el Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo interpretara majestuosamente “Qué firmes cimientos”, el presidente Henry B. Eyring dio inicio a la sesión del domingo por la mañana de la conferencia general de octubre de 2026 testificando que las promesas de ese himno son verdaderas.
“Sabemos que el Señor consolará a todos los que traten de seguirlo”, dijo el presidente Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. “Él nos ofrece la gran bendición y responsabilidad de ayudarlo a cumplir Su promesa de socorrer a los hijos del Padre Celestial en sus pruebas a lo largo de su trayecto terrenal hacia casa.
“Esa es una de las razones por las que derramamos lágrimas de gozo y cobramos valor cada vez que escuchamos las palabras: ‘No temas, porque yo estoy contigo’, y nos conmueve que Él nos ofrezca la responsabilidad de ayudar y amar a los demás”.
El presidente Eyring fue uno de los muchos discursantes de la conferencia general de octubre de 2026 que hablaron sobre recibir consuelo del Señor y brindar consuelo a los demás durante momentos de pruebas y dificultades.

Valor y fe en Jesucristo
Más adelante, durante la sesión del domingo por la mañana, el élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que el valor espiritual nace de la fe en Jesucristo y explicó cómo esa fe y ese valor sostienen a las personas durante los desafíos de la vida.
“Con nuestra esperanza viva en Cristo, incluso con los desafíos de la vida, nosotros también podemos estar, como dijo el apóstol Pablo, ‘atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados’”, dijo el élder Andersen, citando 2 Corintios 4:8.
“Les prometo que conforme fortalezcan su fe en Jesucristo al creerle, seguirlo y guardar Sus mandamientos, recibirán respuestas, el poder espiritual de ustedes aumentará y su valor en Cristo definirá su carácter”.
Propósito en el sufrimiento
La hermana Tamara W. Runia, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, habló durante la sesión del sábado por la mañana sobre el propósito del sufrimiento. Forma parte de la naturaleza humana querer reparar las cosas, dijo, y también frustrarse cuando sucede algo que no podemos reparar.
“Una vida como la de Dios se talla a partir de las mismas cosas que la hacen difícil: las cosas desgarradoras que suceden y los deseos justos que no se han cumplido. […] Dios nos está moldeando para que seamos algo que solo Él sabe que podemos llegar a ser”, dijo la hermana Runia.
El sufrimiento no es un desvío del camino; le da propósito a nuestro camino, explicó. “Dios está diciendo: ‘Confía en mí’, y estamos aprendiendo a decir que sí”.
Recibir la ayuda del Salvador
El Salvador Jesucristo promete llevar nuestras cargas, “pero ¿cómo se manifiesta eso en la práctica?”, preguntó el élder Michael A. Dunn, Setenta Autoridad General.
En su discurso del sábado por la tarde, el élder Dunn relató una experiencia personal al terminar una carrera de 100 millas (161 km). Para ayudarlo a completar las últimas 10 millas (16 km), su amigo Ted aligeró silenciosamente la carga del élder Dunn al llevar su mochila de hidratación.
“Como he llegado a aprender a través de esa carrera y de los altibajos de mi vida, Él eleva y anima al mismo tiempo, a veces de modo invisible, multiplicando y magnificando aun nuestras ofrendas más minúsculas”, dijo el élder Dunn. “En otras palabras, el Redentor no nos rescata al acortar nuestro camino, sino que nos fortalece para alargar el paso”.
Una verdadera fuente de consuelo
Continuando con el tema, el élder Matthew J. Eyring siguió al discurso del élder Dunn durante la sesión del sábado por la tarde con un mensaje sobre sentir el consuelo del Espíritu Santo durante tiempos difíciles.
“Hemos recibido reiteradas advertencias proféticas de que, en los días venideros, no sobreviviremos espiritualmente sin la influencia constante del Espíritu Santo”, dijo el élder Eyring, Setenta Autoridad General. “Una de las razones es que, en un mundo de creciente turbulencia temporal y espiritual, las verdaderas fuentes de consuelo serán cada vez más escasas.
“Sin el consuelo divino, corremos el riesgo de perder la esperanza; y sin esperanza, podemos perder nuestra fe y dejar de intentarlo. Nuestro corazón puede desmayar. Hay esperanza en Jesucristo”.
‘Ojos para ver’ las necesidades de los demás
Anteriormente en esa sesión, el presidente Timothy L. Farnes, Presidente General de los Hombres Jóvenes, habló sobre tener “ojos para ver” las oportunidades de ministrar y ayudar a los demás, lo que describió como “encuentros divinos”.
“Este modelo definió el ministerio del Salvador. Él convertía los encuentros comunes y corrientes con las personas en momentos extraordinarios de sanación, aliento y transformación. Jesús no pensaba que esas personas estuvieran interrumpiendo Su misión, ellas eran Su misión.
“Dios nos ha dado ojos para ver. Cuando los usamos, comenzamos a reconocer los encargos divinos que nos rodean. Aquellos encuentros que alguna vez parecieron casuales se convierten en invitaciones del Señor para ministrar con compasión”.
