A lo largo de los años, el élder Lance B. Wickman, Setenta Autoridad General emérito, abogado general de la Iglesia y veterano militar, ha visitado el Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington, D. C.
A menudo conocido como “El Muro”, el monumento posee una superficie reflectante en la que figuran grabados los nombres de más de 58 000 personas que perdieron la vida o permanecen desaparecidas desde la Guerra de Vietnam, honrando así su servicio y sacrificio.
Para el élder Wickman, ex Ranger del Ejército de los Estados Unidos, que cumplió dos períodos de servicio en Vietnam, el monumento es un lugar a la vez imponente y profundamente espiritual, donde se encuentran inscritos los nombres de muchos de sus amigos personales.

Uno de ellos es el especialista Daniel Fernández, de Albuquerque, Nuevo México, quien se alistó en el Ejército justo después de terminar la escuela secundaria. El 18 de febrero de 1966, durante una patrulla nocturna, una compañía del Viet Cong emboscó a las fuerzas estadounidenses. Mientras los hombres se replegaban bajo un intenso fuego enemigo, una granada enemiga cayó en medio de varios soldados. Fernández se arrojó sobre la granada, salvando así la vida de cuatro hombres. Fernández fue condecorado póstumamente con la Medalla de Honor.
“No puedo vivir el Día de los Caídos sin pensar en tantos de mis propios compañeros de armas que no regresaron a casa. Ellos son a quienes realmente honramos en ese día”, dijo. “La muerte de cualquiera de estos hombres fue terrible. En eso es en lo que pienso durante el Día de los Caídos”.
El élder Wickman rindió homenaje a sus compañeros de armas en una entrevista con Church News, compartiendo experiencias personales, lecciones del Evangelio y reflexiones sobre el Día de los Caídos en los Estados Unidos y sobre el patriotismo.
Es posible: Soldado y discípulo de Cristo
El élder Wickman fue oficial del Ejército de los Estados Unidos entre 1964 y 1969. Cumplió dos períodos de servicio en Vietnam, desempeñándose como jefe de pelotón de infantería y como asesor militar del Ejército de la República de Vietnam; recibió las medallas de la Estrella de Bronce, el Corazón Púrpura y la insignia de la Citación de Unidad Valerosa y la de Infante de Combate.
Más adelante en su primera misión de servicio, en noviembre de 1966, el élder Wickman y su batallón acababan de regresar al campamento base tras semanas en la jungla, cuando un mensaje urgente se escuchó con interferencia por la radio. Otro batallón estaba siendo invadido por el enemigo y debían acudir a su rescate.
Mientras tomaba su casco y su fusil, y se preparaba para partir, el élder Wickman elevó una oración silenciosa en su corazón. A su mente acudieron las palabras de Proverbios 3:5–6: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.

Poco después, el vehículo blindado de transporte de tropas del élder Wickman circulaba por una zona de selva con escasa vegetación cuando pasó por encima de una mina terrestre enemiga detonada a distancia. La explosión fue tan fuerte que el motor y otras piezas salieron disparadas del vehículo. Todos los que iban a bordo, incluido el élder Wickman, resultaron heridos.
Tras la explosión, esas mismas palabras de Proverbios —“Confía en Jehová”— regresaron a su mente, brindándole consuelo y sosiego.
En medio de la guerra de Vietnam, el élder Wickman halló paz personal, fortaleza y confianza en el Libro de Mormón, particularmente en los capítulos dedicados a la guerra. Se sintió inspirado por los ejemplos de Alma (véase Alma 2:29–33), el capitán Moroni (Alma 48:11–13, 17–19) y otros. A pesar de haber presenciado las atrocidades de la guerra, ellos se mantuvieron íntegros, extrayendo su fortaleza de Jesucristo y de Su evangelio.
“Estos grandes hombres de los que leemos en el Libro de Mormón fueron una gran inspiración para mí, ya que me demostraron que es posible, ser soldado y, al mismo tiempo, un hombre de Cristo, dijo. “Fue una gran bendición para mí y siempre lo ha sido”.
‘Amo a los Estados Unidos’
Mientras los habitantes de Estados Unidos honran a sus seres queridos en este Día de los Caídos, el 25 de mayo, y se preparan para celebrar el 250º aniversario del país el 4 de julio, el élder Wickman expresó su esperanza de que recuerden y valoren a aquellos que sacrificaron sus vidas para establecer las libertades de las que hoy se disfruta. Esto incluye respetar el albedrío, los derechos y la libertad religiosa de los demás, tal como ha enseñado reiteradamente el presidente Dallin H. Oaks.
“Estoy agradecido al Señor. Estoy agradecido por las bendiciones en mi vida”, dijo. “Estoy sumamente agradecido de ser un Santo de los Últimos Días. Estoy sumamente agradecido de ser ciudadano de esta gran nación. Amo a los Estados Unidos y creo, desde lo más profundo de mi alma, que fue establecido por el Señor como un lugar donde el Evangelio podría ser restaurado”.
El élder Wickman continuó: “En medio de los desafíos que afrontamos en el mundo actual ... cuánto ruego para que, durante este año, podamos acoger todo aquello que Estados Unidos representa. Al hacerlo, el Señor nos guiará a través de estos tiempos”.

