PROVO, Utah — La hermana Tamara W. Runia, primera consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, sabe que incluso la luz más pequeña disipa la oscuridad. Pero la mayoría de las cosas no generan su propia luz, dijo ella, sino que la reflejan, como la luna refleja la luz del sol.
“Y en muchos aspectos, somos iguales”, dijo la hermana Runia. “Por nuestra cuenta, a veces nos sentimos apagados, temerosos, insuficientes, incluso abrumados. Pero cuando nos volvemos hacia Jesucristo, comenzamos a reflejar Su luz. ...”
“Dejar que Su resplandor brille a través de ti no se trata de ser perfecto ni siquiera de fingir que eres perfecto. Significa permanecer cerca de Él para que Su luz brille de manera natural en tu vida.”

La hermana Runia habló sobre el poder de la luz de Jesucristo el miércoles 29 de abril en el Marriott Center de la Universidad Brigham Young en Provo, Utah. Fue una de varios oradores principales durante la Conferencia de Mujeres de BYU 2026, realizada del 29 de abril al 1.º de mayo.
La Conferencia de Mujeres de BYU es una de las reuniones anuales más grandes de mujeres Santos de los Últimos Días en el mundo y ha reunido a las mujeres desde 1976. Este año, la conferencia celebra su 50.º aniversario, con actividades y eventos que se llevan a cabo en el campus de BYU.
La fe es como un músculo
Durante su discurso principal, la hermana Runia analizó tres cosas que impiden a las personas reflejar la luz de Dios:
- “El temor que nos detiene”.
- “La preocupación de no ser suficientes”.
- “La pesada carga abrumadora de la vida”.
Con respecto al primer punto, la hermana Runia preguntó a los miembros de la audiencia si el temor alguna vez opaca su luz porque no saben lo que les espera.
Pero la fe no es estática, dijo ella; y para mantenerla, una persona tiene que ejercitarla regularmente, así como tiene que ejercitar su cuerpo físico para mantenerse saludable.
“Si la vida fuera fácil, si todo fuera sin esfuerzo, nuestra fe en Cristo —como un músculo— se debilitaría porque no tendríamos que usarla”, dijo la hermana Runia. “Esto es lo que he aprendido: la fe no es fe hasta que es probada, y el momento en que la necesitamos es el momento en que podemos cuestionarla. Y este es el momento en que la fe puede verdaderamente expandirse...”
“Recuerda que nuestra fe imperfecta y desesperada sigue siendo fe. Y como nuestra fe está centrada en Jesucristo, no tenemos que hacerlo solos.”

Valor inmutable
Con respecto a su segundo punto, la hermana Runia preguntó a los miembros de la audiencia si alguna vez su luz se atenúa porque piensan que no son lo suficientemente buenos. Las comparaciones y la competencia pueden estar bien en algunos aspectos de la vida, pero no es así como Dios ve a Sus hijos, dijo ella.
“A veces pensamos que ganamos nuestro valor al ser buenos en la vida o al tachar cosas de una lista”, dijo la hermana Runia. “Pero quiero que sepan que eso no es cierto, porque su valor no es algo que se gane. Nuestro valor nunca cambia. Les fue dado por Dios y no puede aumentar ni disminuir por lo que logren o no logren al final del día”.
También recalcó que Jesucristo está cerca aun cuando alguien tiene dificultades para escucharlo a causa del estrés, la contención, la ansiedad, la depresión u otro dolor emocional.
Hermana Runia dijo: “Cuando los profetas nos invitan a oírlo, no es una presión”. “Es una invitación, una invitación amorosa a seguir buscándolo, escuchándolo y volviéndose a Él una y otra vez”.

El Dios de los montes y de los valles
Con respecto a su tercer punto, la hermana Runia preguntó a los miembros de la audiencia si la vida alguna vez se siente tan abrumadora que ya no les queda luz para dar.
Ella dijo que el evangelio de Jesucristo no impide el dolor, sino que es un recurso en caso de dolor, un dolor que a veces puede ser terriblemente pesado. Afortunadamente, Cristo es tanto el Dios de la montaña como el Dios del valle.
“He tenido la experiencia de que, cuando me encuentro en ese valle, en el punto más bajo, y elijo a Cristo, Su luz ilumina algo que quizá había olvidado que estaba allí, un cimiento seguro”, dijo la Hermana Runia. “Se nos ha prometido que, si edificamos ese cimiento sobre Jesucristo, la piedra de Israel, la roca del cielo, no podremos caer más allá de Su alcance”.
Ella recordó momentos de su vida cuando, como los discípulos de Cristo que navegaban en medio de una tormenta, ella preguntó: “¿No tienes cuidado que perezcamos?” (Véase Marcos 4:35-40.)
Pero el Salvador nunca abandonó a Sus discípulos en esa tormenta, dijo la hermana Runia.
“Testifico esta noche que no están solos”, dijo ella. “No son solo una persona que lucha por sí misma en este mundo hermoso y complicado. Todos los que amamos, creemos y acudimos a Cristo, somos uno. Y podemos permitir que Su luz y Su amor brillen a través de nosotros porque somos Suyos”.

