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‘El Señor siempre ha cumplido Sus promesas’, dice el élder Michael Cziesla al hablar sobre las bendiciones que se reciben al buscar la rectitud

Sostenido a través de hábitos conscientes de fe y amor por la familia, el nuevo Setenta Autoridad General, testifica que ‘todo lo necesario ha sido añadido’

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El élder Michael Cziesla fue sostenido como un nuevo Setenta Autoridad General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días durante la sesión del sábado por la mañana de la conferencia general de abril de 2025. Su preparación para este llamamiento comenzó mucho antes, moldeado por un legado de fe, una trayectoria personal de testimonio y un compromiso de confianza en las promesas del Salvador.

Patrones de fe

La bisabuela y la abuela del élder Cziesla se bautizaron en Selbongen, Prusia Oriental alemana, en 1926. Sus padres y tres hermanos mayores sirvieron misiones y con frecuencia, compartían la manera en que servir una misión les había cambiado la vida.

Nació en Alemania y se crio en Schleswig-Holstein; creció en la Iglesia y esperaba servir una misión, tal y como quienes le precedieron. “Siempre he creído firmemente en Dios; Su Hijo, Jesucristo; y en Su evangelio restaurado”, recuerda el élder Cziesla.

Sin embargo, hacia el final de su adolescencia, el entorno secular fuera de su hogar dificultaba la vida de quienes creían en Cristo. Al sentirse atraído por distintas corrientes filosóficas, comenzó a cuestionar algunas cosas y a dudar de su fe.

Elder Michael Cziesla, General Authority Seventy.
Élder Michael Cziesla, Autoridad General Setenta, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

Aun así, continuó aplicando las enseñanzas clave de fe que sus padres le habían inculcado —como orar diariamente, servir, asistir a la reunión sacramental, estudiar las escrituras y la participar en las actividades del seminario y de los jóvenes. Estas enseñanzas fundamentales no solo le ayudaron y protegieron cuando su fe y su testimonio flaquearon, sino que despertaron de nuevo su deseo de servir una misión.

Cuando su obispo lo invitó a servir una misión, “fue como si una se hubiera encendido una luz”, recuerda.

Su llamamiento fue para servir en la Misión Utah Ogden de junio de 1992 a julio de 1994 y recuerda, que su presidente de misión citaba con frecuencia 3 Nefi 13:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, (también véase Mateo 6:33).

El élder Cziesla dijo que esta escritura lo ha acompañado en cada aspecto de su vida, haciendo hincapié que en la medida que ha puesto primero a Dios, “todo lo demás ha sido añadido”, tal y como lo prometió el Señor.

Cuando se trata de alcanzar lo eterno, el viaje sí que vale la pena

La hermana Margret Anne Rauh Cziesla creció en Griesheim un pequeño pueblo alemán, a unos 800 kilómetros (500 millas) del hogar del élder Cziesla en Schleswig-Holstein. Ella sirvió su misión de tiempo completo en la Manzana del Templo en Salt Lake City de 1993 a 1995, coincidiendo por un año con el servicio del élder Cziesla en Utah.

No obstante, se conocieron después de finalizar sus respectivas misiones, durante una conferencia de misioneros retornados celebrada en su país natal, Alemania. Y, aunque consideran que su servicio misional fue decisivo para que se conocieran, el élder Cziesla dijo que no fue una tarea sencilla lograr que ella se fijara en él; y admite que su “primer intento de acercamiento” fue un total fracaso.

El Élder Michael Cziesla, con traje negro, y la Hermana Margret Cziesla, con su vestido de novia, posan para una foto frente al Templo de Frankfurt, Alemania, el día de su boda.
Los Cziesla posan para una foto en el día de su boda. El Élder Michael Cziesla y la Hermana Margret Cziesla fueron sellados en el Templo de Frankfurt, Alemania, el 4 de abril de 1997. | Provided by Elder Michael Cziesla

Unos meses después, la vio en un campeonato de voleibol de la Iglesia y decidió volver a intentarlo.

“[Esto] es un buen ejemplo de que nunca hay que darse por vencido”, dijo la hermana Cziesla con una sonrisa. El segundo intento dio resultado, y no tardaron en enamorarse.

Vivir tan lejos uno del otro era un desafío, pero no un impedimento, dijo el élder Cziesla refiriéndose a su deseo de recorrer largas distancias para encontrar a su compañera eterna. Entonces, después de un año de ir y venir en automóvil casi todos los fines de semana y de las enormes facturas de teléfono, el élder Cziesla y la hermana Cziesla se sellaron en el Templo de Frankfurt, Alemania el 4 de abril de 1997.

“Margret es el amor y la luz de mi vida. Somos muy diferentes, pero nuestras diferencias son nuestra fortaleza”, afirmó el élder Cziesla.

Al comenzar su vida juntos en Griesheim, los recién casados compartían el anhelo de esforzarse para alcanzar sus sueños y metas, fundamentados en la fe, mientras se encaminaban hacia los desafíos desconocidos que la vida les depararía.

Fortaleza renovada a través del tiempo en familia

Con las largas horas de trabajo del élder Cziesla y sus crecientes responsabilidades en el liderazgo de la Iglesia, aprendieron a ser deliberados en cuanto al tiempo que pasaban en familia. La hermana Cziesla organizó cuidadosamente tradiciones sencillas pero significativas para aprovechar al máximo sus momentos juntos —paseos para disfrutar de la naturaleza, noches de cine los viernes, visitas a la heladería favorita en la cercana localidad de Seeheim-Jugenheim para disfrutar de spaghettieis (un postre típico alemán) y una estadía anual en la isla danesa de Rømø.

Estos esfuerzos deliberados y conscientes continúan siendo una fuente constante de fortaleza en medio de las muchas exigencias de la vida.

El cuidado personal del Padre Celestial

La facultad de Derecho le exigía al élder Cziesla una concentración y un esfuerzo intensos. Entonces, cuando se enteraron de que su primer hijo nacería un mes antes de los exámenes finales, recibieron la noticia con la alegría de ver crecer a su familia, pero también con la preocupación de cómo enfrentarían esa situación. Gracias a un esfuerzo decidido, a la oración y a la fe en la ayuda de Dios, el élder Cziesla no solo aprobó con honores, sino que encontró un buen trabajo rápidamente.

En unos pocos años, la familia Cziesla tuvo dos hijos más. Sin embargo, el cuarto embarazo se malogró. Esta pérdida fue especialmente difícil para la hermana Cziesla, al punto que no quería hablar con nadie. Sin embargo, dijo que Dios entendía su sufrimiento e inspiró a un miembro del barrio, quien sin saber lo que había ocurrido, los llamó. Cuando el élder Cziesla le dijo que “de hecho, no estaban muy bien” y le explicó la situación, este miembro les ofreció un sereno consuelo para su dolor.

La hermana Cziesla dijo, “Él me conoce; Él conoce a mi esposo; y Él sabía en qué situación nos encontrábamos en aquel momento”.

Ese gesto, enviado del cielo, se convirtió en un recordatorio constante que les brindó consuelo en los años siguientes, cuando enfrentaron nuevas pérdidas antes de poder tener a sus dos últimos hijos.

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El élder Cziesla dijo que nuevamente fueron bendecidos por este testimonio silencioso del cuidado amoroso y personal de Dios durante lo que describió como uno de los momentos más difíciles de sus vidas. En cuestión de una semana, él perdió su trabajo tras el cierre repentino de la firma internacional de abogados donde prestaba sus servicios, una tubería se rompió e inundó su casa; días después fueron víctimas de un robo. Todo ello mientras pasaban por otras pruebas complejas.

Cuando llegó el domingo, el élder Cziesla se puso su camisa blanca, la corbata y una sonrisa en su cara. Como presidente de estaca en aquel momento, el élder Cziesla tenía que sentarse frente a la congregación. “Tenía una enorme sonrisa en mi cara, pero dentro de mí había confusión, dolor, sufrimiento y muchas incertidumbres”, dijo.

Después de la reunión, un hermano de su Barrio se le acercó y le preguntó: “Michael, ¿Qué pasa?”

Este hermano escuchó mientras el élder Cziesla le contaba parte de lo que estaba ocurriendo y le dio un gran abrazo.

“Fue como si el Señor me abrazara”, dijo el élder Cziesla, a la vez que sentía una renovada esperanza y la seguridad de que, con el tiempo, todo saldría bien.

Fe, flexibilidad y, mientras tanto, gozo

Mientras el élder Cziesla trabajaba largas horas en su carrera profesional, servía como un Setenta de Área para la Iglesia y criaba junto a su esposa una familia muy activa, recibieron un llamamiento que requeriría un uso creativo del tiempo.

Era junio de 2020, las restricciones de viaje debido a la pandemia de COVID-19 estaban en su apogeo. Esto provocó un desfasaje de dos meses entre la salida y la llegada de los líderes de misión asignados a la Misión Alemania Frankfurt. Se les pidió a los Cziesla que, mientras tanto, sirvieran como líderes interinos de misión, comenzando en un par de días. Oraron pidiendo fortaleza e inspiración, y sintieron la certeza de que el Señor les proporcionaría la manera de organizar y realizar con éxito todo lo que tenían que hacer.

“Fue un milagro ver y sentir cómo el Señor nos guiaba, y, de inmediato, nos invadió el amor por nuestros misioneros”, expresó el élder Cziesla, añadiendo que el Señor no les dio más tiempo. Mas bien aumentó su resistencia y les ayudó a comprender de qué manera podrían utilizar el poco tiempo de que disponían.

“Fue un milagro ver y sentir cómo el Señor nos guiaba”.

—  Élder Michael Cziesla

Durante dos horas, antes y después del trabajo, el élder Cziesla realizaba entrevistas a los misioneros. Atendía los asuntos administrativos durante la pausa para el almuerzo. Los fines de semana, los Cziesla recorrían la misión, celebrando conferencias de zona los sábados y asistiendo a los distintos barrios los domingos.

El élder Cziesla dijo que fue una época de mucho gozo a medida que ellos y los misioneros abrazaron el Espíritu de su servicio, centrándose en lo que podían hacer por el Señor en lugar de concentrarse en sus imperfecciones y limitaciones; y el Señor se encargó de abrirles el camino.

Los Cziesla recogieron a los nuevos líderes de misión cuando llegaron al aeropuerto. Su corazón estaba profundamente agradecido por la bendición de “haber ocupado su lugar” aunque fuera por ese corto tiempo”.

Fe en las promesas fortalecedoras del Señor

El élder Cziesla no esperaba ser llamado como Setenta Autoridad General, expresando que se sintió abrumado por lo que traería el futuro y los cambios que tendrían que hacer a su vida actual.

“Sin embargo, creemos firmemente y sabemos que todo lo que no vemos en este momento, así como nuestras faltas personales serán compensados, y que “se nos añadirá” lo que sea necesario, dijo el élder Cziesla, enfatizando: “El Señor siempre ha cumplido con sus promesas”.

Mapa gráfico de Church News que muestra la ubicación de Neumünster, Alemania.
El Élder Michael Cziesla nació en Neumünster, Alemania, el 26 de julio de 1972. | Church News graphic

Acerca del élder Michael Cziesla

Familia: Michael Cziesla nació el 26 de julio de 1972, hijo de Armin Ludwig Cziesla e Irmtraut Hanna Wolynski en Neumünster, Alemania, y se crio en Schleswig-Holstein. Se casó con Margret Anne Rauh, también de Alemania, el 4 de abril de 1997, en el Templo de Frankfurt, Alemania. Tienen cinco hijos y vivían en Griesheim, Alemania, al momento de su llamamiento a los Setentas.

Educación: Universidad de Mainz, Doctor en Jurisprudencia (2003); Universidad de Mainz y Facultad de Derecho J. Reuben Clark, Doctor en Jurisprudencia (2002).

Empleo: Trabajó como abogado y socio de SJ Berwin LLP de 2003 a 2016 y fue socio corporativo principal de McDermott Will & Emery en 2017.

Servicio en la Iglesia: Al momento de su llamamiento como Setenta Autoridad General, el élder Cziesla servía como presidente del comité de actividades del barrio. Antes de esto, sirvió como Setenta de Área (Área Europa Central), presidente interino de la Misión Frankfurt Alemania (de julio a agosto de 2020), presidente de estaca, sumo consejero, consejero de obispado y misionero de tiempo completo en la Misión Utah Ogden (1992-1994).

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