El élder Karl D. Hirst se considera “una persona común y corriente en un llamamiento extraordinario”.
El nuevo Setenta Autoridad General — sostenido durante la conferencia general de abril de 2024 — ve su testimonio y sus confirmaciones también como algo un tanto común.
“No hubo apariciones, absolutamente nada espectacularmente espiritual — pero he dejado de preocuparme por eso, ya que estoy muy satisfecho por la manera en que Dios ha elegido hablarme, aun cuando Él elija hablarles a otras personas de una forma diferente”, dijo el élder Hirst. “No es espectacular, pero es abundante”.
Y ha sido abundante durante décadas para el élder Hirst y su esposa, la hermana Claire Hirst, quienes crecieron en familias que se convirtieron a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el Reino Unido — él de muy escasos recursos en un difícil pueblo del norte del condado de Lancashire, en el noroeste de Inglaterra.
Los primeros años de la infancia
Los primeros recuerdos del élder Hirst son de la época en que vivía arriba de una humilde tienda ubicada en una esquina que su padre dirigía y después de cuando se mudó a una casa que no tenía baño adentro.
Varios años después del nacimiento de Karl en 1972, su padre notó algo diferente en algunos de sus clientes. Al preguntarles qué había ocasionado el cambio, se enteró que se debía al evangelio restaurado de Jesucristo. Recibió las enseñanzas de hermanas misioneras de tiempo completo y se unió a la Iglesia, solo.
El joven Karl continuó asistiendo a la Iglesia Metodista durante su infancia con su abuela y, a veces, con su madre y hermana; allí aprendía historias de Jesús y cantaba himnos. Después de comenzar a asistir a las reuniones de los Santos de los Últimos Días, su maestra de la Primaria le preguntó, durante una clase que se llevaba a cabo en el escenario del centro de reuniones de Whitefield Ward, qué pensaba sobe bautizarse.
“Tuve ese sentimiento de entusiasmo y efervescencia en mi interior y dije: ‘Sí, sería magnífico’,” recordó el élder Hirst. “Después, esta maestra de Primaria, llena de orgullo, me llevó a ver a papá, y recuerdo vagamente la expresión de emoción, pero también de miedo que había en su rostro mientras pensaba, ‘Ahora puedes decírselo a tu mamá’”.
Karl, que tenía diez años y su hermana se bautizaron, seguidos por su madre y la abuela materna. A través de más de cinco décadas de vida, el élder Hirst ha tenido consigo esa fe y testimonio sencillos. “Dios me ha hablado al corazón de la misma manera que Él lo hizo cuando estaba en la Primaria y de la misma forma que lo hacía cuando estaba en la escuela dominical metodista”, dijo.
Una pasión ‘legal’
El élder Hirst vio a su padre unirse a la Iglesia como parte de un esfuerzo por mejorarse a sí mismo, a su familia y también ayudar a los demás. Ese esfuerzo se puso de manifiesto cuando sus padres lo impulsaron para que cursara estudios superiores y también recibieron un gran número de niños como padres de acogida, lo cual contribuyó a despertar el interés del joven Karl por una futura profesión en el campo legal.
“Me convertí en abogado litigante gracias a que mamá me llevó a ver un juicio penal de los padres de dos de mis hermanos de acogida”, recordó el élder Hirst, y añadió, “Pensé que era la cosa más noble que había visto en mi vida. Quedé sorprendido, porque yo estaba enojado con los padres — yo sabía de la crueldad con que habían tratado a esos hermosos niñitos.
“Aun así, había algo realmente cautivador al presenciarlo. Todo lo que se podría haber dicho a su favor y en su defensa, se dijo. Al final, no tuvieron éxito, pero el proceso fue realmente apasionante”.
El primer encuentro
Cuando Karl tenía 14 años, asistió a su primera convención de jóvenes (actualmente se le llama conferencia de jóvenes); él era el único joven activo de su barrio. “Yo tenía una presidencia de Hombres Jóvenes realmente comprometida; me dijeron: ‘Vas a ir, y te vamos a llevar’”, recuerda ahora el élder Hirst “pero no estaban preparados para entrar y bailar conmigo”.
El sentirse solo, aislado y saber que uno de los consejeros de los Hombres Jóvenes estaba montando guardia en la puerta del salón de actividades del centro de reuniones del barrio de Boldon hizo que Karl encontrara refugio en un rincón que luego describió como “hecho a la medida para los muchachos pelirrojos que se sienten solos en los bailes”. Un adolescente de otro barrio se presentó y se le unió. “Él no era pelirrojo, pero no lo eché — había espacio para los dos. Fue muy generoso con su amistad”.
Durante el fin de semana, el nuevo amigo presentó a Karl a otros, entre quienes estaba Claire Wright. “Tengo el vívido recuerdo de que me presentó a Claire y a su amiga, y a otros de su barrio; así fue que conocí a Claire”, dijo el élder Hirst, añadiendo que “me cautivó de inmediato”.
La conversión de otra familia
Al igual que Karl, Claire Wright era hija de padres conversos; su padre había conocido a los misioneros antes de casarse. Sus padres se conocieron y se casaron — él era metodista y ella de la Iglesia de Inglaterra. “Ninguna de las religiones satisfacía sus necesidades en aquel momento”, recordó la hermana Hirst, “así que estaban buscando alguna que combinara las dos creencias”.
Cuando los misioneros golpearon a la puerta, su padre se acordó de sus experiencias anteriores. Investigaron la Iglesia durante dos años, y ambos se bautizaron cuando la pequeña Claire tenía 4 años.
“Siempre han servido fielmente y siempre me enseñaron, a mí y a mis hermanos, que se debe decir “Sí” cuando el Señor o la Iglesia te piden que hagas algo”, dijo la hermana Hirst, y añadió, “Eso es todo lo que siempre he sabido; es todo lo que siempre me enseñaron. Ellos fueron ejemplos de eso — tú dices ‘sí’ y después te las arreglas para hacerlo”.
‘Me llamó la atención’
El primer encuentro con el joven Karl que recuerda la hermana Hirst, no fue a los 14 sino dos años más tarde, cuando asistían a las mismas actividades para jóvenes de la estaca. Estaban en los mismos grupos, “y me sentí atraída por él — me llamó la atención”.
Unos cinco o seis meses después, nuevamente en una actividad de la estaca, Karl y Claire estaban conversando y él le pidió una cita.
“Y eso fue todo”, dijo la hermana Hirst respecto a la relación que retomaron antes de la partida de él para servir en la Misión Inglaterra Londres Sur y se mantuvo durante ese tiempo a través de correspondencia y un acuerdo de que ella esperaría a que él regresara de su misión. Ambos se comprometieron seis días después de su regreso.
Karl Hirst se casó con Claire Elizabeth Wright en una ceremonia civil el 29 de mayo de 1993, en Burnley, Lancashire. Condujeron más de 435 kilómetros (270 millas), más de cuatro horas, para sellarse el mismo día en el Templo de Londres, Inglaterra (en inglés).
Pronto llegaron los hijos — “mucho antes de que pudiéramos costearlos por medio de cualquier medida de planificación financiera razonable” — con el élder Hirst elogiando el compromiso de su esposa con la maternidad, no solo como un “fuerte sentido de identidad”, sino como “un propósito designado divinamente”.
Esa es solo una razón por la cual el nuevo llamamiento y las asignaciones de servir lejos de su hogar en Bolsover, en el condado de Derbyshire, “fue directamente al corazón de todo aquello en lo que hemos estado centrando nuestra vida”, dijo el élder Hirst.
Esto incluye la repercusión que esto tiene en los hijos que aún viven con sus padres, en los casados que se habían mudado cerca de la casa de sus padres y en la “obra de la vida eterna de la hermana Hirst y ese enfoque” de la maternidad, dijo el élder Hirst, al estar ubicados “al otro lado del mundo y ella tratando de lograr el mismo papel maternal a distancia de alguna manera” …
“Así que este cambio no ocurrió lentamente para nosotros”, dijo agregando, “realmente tuve que examinar en qué creo y cuán profundamente creo en ello”.
‘Valorados y necesarios’
El élder Hirst sabe que quienes lean su breve biografía verán la lista de sus llamamientos anteriores. Si por él fuera, la lista estaría mejor equilibrada si incluyera a un esforzado — o según él “espeluznante” y “torpe” — maestro de primaria— y si se detuviera en su servicio como obispo.
“Amaba a los jóvenes. Amaba a todos los miembros de la congregación”, dijo el élder Hirst pensando en su servicio como obispo. “No soy un administrador hábil, no tengo la capacidad para el pensamiento organizativo y no puedo ver más allá de la persona que tengo adelante. Pero me encantó ser obispo — ahí estaba mi corazón, y funcionó”.
Estaría encantado de seguir llevando el título de “obispo” en lugar de “élder”, porque desde entonces ha adoptado la mentalidad de un obispo en sus llamamientos. Cuando servía como presidente de estaca y más tarde como Setenta de Área, “era un obispo que iba a diferentes reuniones”, dijo.
¿Y, qué compartiría con los demás el ex maestro “espeluznante” de Primaria? El élder Hirst dijo que es importante que todos los Santos de los Últimos Días que se esfuerzan en sus llamamientos o en sus vidas “sepan que se les valora, que la lucha es necesaria en la obra y que los ojos de Dios están puestos en ellos”.

Élder Karl D. Hirst
Familia: Karl Douglas Hirst nació en Bury, Lancashire, Reino Unido, el 28 de febrero de 1972. Se casó con Claire Elizabeth Wright en una ceremonia civil el 29 de mayo de 1993, en Burnley, Lancashire; se sellaron más tarde, ese mismo día en el Templo de Londres, Inglaterra. Tienen seis hijos.
Educación: Obtuvo su licenciatura en Derecho en 1996 de la Universidad Lancaster y una maestría en administración de empresas de Alliance Manchester Business School en 2016.
Empleo: Desde 1997, ha trabajado como abogado litigante, haciendo práctica de abogacía y como integrante del grupo de abogados No5 Chambers en Birmingham y Londres. Durante más de una década se especializó en colaborar con las personas que habían sufrido pérdidas o lesiones catastróficas.
Servicio en la Iglesia: Al momento de su llamamiento, él y la hermana Hirst servían como directores de sesión de Para la Fortaleza de la Juventud. Sus llamamientos anteriores incluyen, Setenta de Área, presidente de estaca, obispo, consejero de obispado, líder regional de los Hombres Jóvenes y misionero de tiempo completo en la Misión Inglaterra Londres Sur.
