Como consecuencia de una invitación de su primo converso, Aroldo B. Cavalcante, de 18 años, asistió en 1988 a una conferencia regional en la cual estuvo el presidente Gordon B. Hinckley, en aquel entonces primer consejero de la primera presidencia. “Sentí algo sumamente poderoso”, recordó. “Podía ver una luz en el presidente Hinckley.”
El joven del noreste brasileño, asistió a las reuniones de la Iglesia durante los siguientes tres años, pero rechazó las visitas de los misioneros y nunca se bautizó. Los domingos iba a la iglesia por la mañana, después a la playa y, por la tarde, a la misa católica.
Un día, los misioneros Santos de los Últimos Días golpearon a su puerta mientras sostenían el diario que llevaban los misioneros del área y le preguntaron si le gustaría saber qué cosa los misioneros anteriores habían escrito sobre él. Esto despertó su interés y dejó pasar a los élderes. A pesar de las maravillosas cosas que habían escrito sobre él, le llamó la atención la última frase: “Pero no quiere comprometerse con Jesucristo”.
Más tarde relató: “Yo pensaba que estaba muy comprometido con Jesucristo, y esa frase fue demasiado fuerte para mí. ‘¿Esto es lo que piensa Jesucristo de mí? ¿Élderes, qué puedo hacer para cambiar esto?’”
Los misioneros comenzaron a enseñarle, y el joven de 21 años se bautizó apenas 10 días después. El ahora élder Cavalcante — que fuera sostenido como Setenta Autoridad General durante la conferencia general de abril de 2024 —ha estado comprometido con el evangelio de su Salvador desde aquel entonces.
“No se trata de nosotros; se trata del Salvador. Y trato de hacer lo mejor para Él, no para mí”, dijo el élder Cavalcante. Y añadió: “Sé que esta es su Iglesia, y voy a hacer todo mi esfuerzo para ser el mejor siervo que pueda”.
Una misión de sacrificio y una misión de obediencia
Aroldo Barreto Cavalcante Filho nació el 22 de noviembre de 1970, en Fortaleza, Ceará, Brasil. Veinte días antes del primer aniversario del bautismo del élder Cavalcante, su madre falleció y su padre se fue de la casa. El joven tuvo que encargarse de cuidar a su hermano menor y a sus dos hermanas.

Diez meses después, mientras preparaba un discurso para la reunión sacramental, se encontró de repente con 1 Samuel 15:22 que dice: “…[E]l obedecer es mejor que los sacrificios…”.
El élder Cavalcante contó: “Pensé, ‘Está bien, ofrecí un sacrificio [que fue] cuidar de mis hermanos, [y ahora necesito] seguir a Jesucristo, [y] obedecer una obligación de mi sacerdocio’”. Entonces, dejó su trabajo como un gerente de banco y suspendió sus estudios de Derecho para servir una misión.
Con 23 años y con la asignación de servir en la Misión Brasil Recife Sur, el nuevo misionero les dejó a su hermano y hermanas 24 cheques para que pagaran las cuentas mientras él estuviera ausente. “Fue muy difícil porque eran adolescentes, con todos los problemas, desafíos y preguntas propios de esa edad — pero el Señor los cuidó”.
El comienzo de una familia
El élder Cavalcante conoció a su esposa, Christiana Ramalho Bezerra Leite, en un simposio en Fortaleza. Con la intención de impresionar a la bella joven él se presentó orgullosamente como un estudiante del último año de la Facultad de Derecho realizando una pasantía. Sin embargo, se sorprendió al enterarse que Christiana — a pesar de ser cinco años menor — ya era una abogada.
Se formó una conexión entre los dos debido a los intereses que tenían en común y finalmente se casaron el 22 de noviembre de 2002, en Fortaleza. Más adelante, el élder Cavalcante bautizó a su esposa que había sido criada en la fe católica. Después que ella recibió las investiduras en la casa del Señor, el élder y la hermana Cavalcante se sellaron en el Templo de Recife, Brasil (en inglés) el 21 de enero de 2004.
“Ella es lo más precioso que tengo en mi vida”.

La hermana Cavalcante trabajó como abogada durante tres años. Después dejó la empresa privada donde trabajaba para estudiar dos años más, y así convertirse en fiscal del Estado. Después de esos dos años, la hermana Cavalcante trabajó como abogada para la ciudad de Brasilia, la capital de Brasil, apenas unos meses después de su casamiento.
El élder Cavalcante permaneció en Fortaleza y, durante 11 meses, la separación de más de 1.600 kilómetros (1.000 millas) hizo que la pareja no pudiera verse más que una vez cada dos semanas.
Esto cambió cuando a la hermana Cavalcante se le asignó trabajar como fiscal del Estado en Recife, así que el élder Cavalcante — entonces un abogado del municipio de Fortaleza — también se trasladó a Recife para estar con su esposa que estaba embarazada.
“Así comenzó nuestra familia”, dijo el élder Cavalcante. “Un apartamento muy pequeño, un lugar diferente, gente diferente. Simplemente me encantó”.
Un servicio misional uno a uno
En junio de 2020, la familia es estaba preparando para una vacación de cuatro días en la playa, cuando al élder Cavalcante, en aquel momento un Setenta de Área, le invitaron a que fuera a la iglesia para tener una entrevista con otro Setenta de Área.
El élder y la hermana Cavalcante fueron llamados, posteriormente, como líderes misionales interinos de las misiones de Recife Sur y Recife Norte, a partir del 1 de julio de 2020, debido a que las restricciones de la COVID-19 retrasaron los viajes a Brasil de los presidentes llamados originalmente.
“Mientras estuvimos allí, me enamoré de la obra misional”, dijo la hermana Cavalcante. “[Al] servir a los demás, podemos realmente cambiar nuestros corazones de una manera [tal] que no conseguimos de ninguna otra forma”.
Ella y el élder Cavalcante se sintieron desolados al separarse de sus valientes misioneros tras dos meses de servicio temporal.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que el élder David A. Bednar del Cuórum de los Doce Apóstoles llamara con noticias emocionantes: A los Cavalcante se les estaba considerando como líderes de misión permanentes. Una semana después, se les extendió la oportunidad de presidir una misión. En diciembre de 2020, se les llamó y asignó la Misión Brasil Río de Janeiro Sur (en inglés) comenzando el siguiente mes de julio.
Deseosos de enseñar y también aprender del nuevo batallón de misioneros, los líderes encontraron el éxito ministrando a las hermanas misioneras y a los élderes uno por uno. “Al servir como presidente de misión”, dijo el élder Cavalcante, “siempre estoy haciendo esto. Es un llamamiento que presenta desafíos, pero se puede ver una gran diferencia en la vida, uno por uno”.
Brindar esa atención individual “no es algo fácil, pero se pueden ver grandes resultados. Así que, la clase de discípulo que intento ser es aquel que hace la obra uno por uno”.

El templo fue ‘algo clave para nuestra misión’
Los Cavalcante llevaban casi un año de servicio cuando se dedicó el Templo de Río de Janeiro, Brasil el 8 de mayo de 2022. Este templo — el octavo en ser dedicado en Brasil y el primero de la ciudad — fue “un algo clave para nuestra misión” y “un verdadero punto de inflexión para nosotros”, dijo el élder Cavalcante.
En las cinco semanas que duró la casa abierta, dijo el élder Cavalcante, “el Espíritu era tan fuerte que las personas que venían a visitarlo no entendían lo que sentían. Algunos de ellos decidieron que necesitaban bautizarse mientras estaban en el salón celestial”.
Antes del templo de Río de Janeiro, se bautizaban menos de 100 personas al mes. Después de la casa abierta, el número comenzó a incrementarse poco a poco, hasta llegar a los 200 y ahora, 300 bautismos cada mes.
“Esto sucedió gracias al templo, porque pudimos enlazarlo con la obra misional para ver el final desde el principio”, expresó el élder Cavalcante. “Así que, tenemos un testimonio muy fuerte de la importancia del templo para la obra misional, porque cambió nuestra misión”.
La hermana Cavalcante dijo que, cuando los Santos asisten al templo, reciben revelación y son capaces de sentir mejor la presencia de Dios y confiar en Él en medio de los desafíos. “Entonces llega esa paz; las cosas resultan más fáciles porque tenemos una mente más aclara para enfrentar los problemas”.

El discipulado es un proceso
Para el élder y la hermana Cavalcante, el discipulado es un proceso, “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30).
“Necesitamos hacer un esfuerzo por superar a ese hombre natural o a esa mujer natural dentro de nosotros”, dijo el élder Cavalcante. “Será un proceso que abarcará toda nuestra vida. No es solo un acontecimiento”.
La hermana Cavalcante ha visto este proceso de conversión en sus misioneros. Dijo: “La misión tiene una rutina; repetimos constantemente esas cosas en la misión, y eso es lo que nos transforma. No es algo que sucede en un día y [entonces] te conviertes en un discípulo. Todos los días mejoramos un poco”.
El élder Cavalcante ha aprendido de su esposa la mayor parte de lo que sabe sobre el discipulado. Respecto a su nuevo llamamiento, dice: “Tengo a la mejor persona de mi vida ayudándome — y es mi esposa. Es la mejor compañera, un verdadero ejemplo de conversión para mí”.
En lugar de angustiarse por el futuro, los discípulos de Cristo toman la conversión paso a paso, pensando en “la próxima ordenanza, la próxima reunión sacramental, la próxima oportunidad de ir al templo”, dijo. “Para mí, eso es el discipulado”.
Ansioso por comenzar esta nueva jornada con su amorosa compañera, el élder Cavalcante confía en que el Señor realmente capacita a quien llama. “Yo simplemente quiero ser un siervo para mi Señor, tratar de servir a Su Iglesia en este mundo, tratar de cambiar mi vida, cambiar mi mente, para convertirme en Su verdadero discípulo”.

EL ÉLDER AROLDO B. CAVALCANTE
Familia: Nació el 22 de noviembre de 1970, en Fortaleza, Ceará, Brasil; hijo de Aroldo Barreto Cavalcante y María Ferreira Freitas. Se selló a Christiana Ramalho Bezerra Leite el 21 de enero de 2004, en el Templo de Recife Brasil (en inglés); tienen cuatro hijos.
Empleo: Trabajó como abogado de la Procuraduría General del Municipio de 1997 a 2005 y socio administrativo de la firma Abogados Barreto Cavalcante desde 1999.
Educación: Recibió un título de posgrado en Derecho Administrativo de la Universidad Federal de Ceará en 1997.
Servicio en la Iglesia: Presidente de la Misión Brasil Río de Janeiro Sur de 2021 a 2024, Setenta de Área, presidente de estaca, obispo, consejero de obispado y misionero de tiempo completo en la Misión Brasil Recife Sur.
