Mientras las organizaciones humanitarias y sin fines de lucro de todo el mundo trabajan para ayudar a los necesitados, a menudo compiten por recursos, apoyo gubernamental e incluso voluntarios. Sin embargo, mediante los esfuerzos continuos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por cuidar de las mujeres y los niños en varios países, esa competencia se ha transformado en colaboración.
En 2024, la Iglesia amplió la Iniciativa para el Cuidado de las Mujeres y los Niños con el fin de mejorar el bienestar de las mujeres y los niños. Esto implicó reunir a ocho organizaciones humanitarias mundiales distintas en cuatro consorcios, cada uno centrado en proyectos que benefician a mujeres y niños en 12 países con grandes necesidades.
El primer consorcio está compuesto por tres organizaciones y brinda a mujeres y niños acceso a vitaminas, suplementos, medicamentos y alimentos con mayor valor nutricional en 12 países, entre ellos Nepal, Bangladés, Camboya, Filipinas, Sierra Leona, República Democrática del Congo, Nigeria, Ghana, Zambia, Kenia, Senegal y Malí.
El segundo consorcio incluye tres organizaciones que trabajan en Ghana en la atención materna y neonatal, proyectos de agua, y saneamiento e higiene.
El tercer consorcio está compuesto por dos organizaciones que trabajan en la atención materna y neonatal, las vacunaciones y la nutrición de madres y niños en Sierra Leona y Zambia.
El cuarto consorcio incluye cuatro organizaciones que trabajan en Nepal para mejorar las prácticas agrícolas y nutricionales entre los agricultores, mejorar las clínicas médicas y brindar oportunidades económicas a las mujeres.

“Reunimos a estas personas con la sensación de que eran quienes podían trabajar juntas”, dijo Elissa Gifford, directora de Servicios Humanitarios de la Iglesia, en el pódcast de Church News. “No es fácil pedirles a organizaciones que están acostumbradas a trabajar de manera independiente que adopten un nuevo enfoque y, en cambio, trabajen con este tipo de colaboración. Trabajan juntas regularmente sobre el terreno, pero trabajar a este nivel con una colaboración tan estrecha es diferente”.
La Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, dijo que el esfuerzo de colaboración también incluye a los gobiernos locales, que “tienen el deseo de ver que su gente aumente su capacidad y sus oportunidades”.
“Así que creo que eso ha marcado una diferencia”, dijo. “Y realmente se necesitan los tres: la organización no gubernamental, la Iglesia, muchas buenas personas trabajando sobre el terreno y luego esos gobiernos dispuestos a participar y comunicarse con nosotros acerca de las necesidades”.

Al hablar de por qué se eligió a las mujeres y los niños como beneficiarios, Gifford dijo que las mujeres y los niños suelen estar entre los más vulnerables de una comunidad. Pero también son algunos de los mayores catalizadores del cambio.
Sarah Bouchie, presidenta y directora ejecutiva de Helen Keller Intl., citó a Helen Keller, quien dijo: “Solos podemos hacer muy poco; juntos podemos hacer mucho”.
Bouchie dijo: “Un automóvil no lo construye una sola persona. Una casa no la construye una sola persona. Se necesita todo tipo de experiencia y conocimientos para poder lograrlo. Y lo mismo ocurre cuando se intenta mejorar la vida de las mujeres y los niños”.
La Dra. Winifride Mwebesa, directora gerente sénior de la división de programas internacionales de Save the Children U.S., compartió cómo ha visto que la iniciativa realmente marca una diferencia. En un caso, dijo que Bwendo, una madre de Zambia, llegó al Hospital del Distrito de Mongu después de un trabajo de parto prolongado, lo que requirió una cesárea de emergencia.
Mwebesa dijo que el hospital contaba con un quirófano recientemente rehabilitado, una unidad de cuidados intensivos neonatales y una unidad de cuidados especiales para recién nacidos. Los proveedores de atención médica también habían recibido la capacitación adecuada, por lo que, cuando el bebé de Bwendo tuvo dificultades para respirar, sabían qué hacer.

“Rápidamente pudieron ayudar a ese bebé, reanimarlo y brindarle la atención que necesitaba”, dijo. “Y tanto Bwendo como su bebé pudieron regresar a casa y hoy están sanos”.
Mwebesa dijo que, cuando madres como Bwendo regresan a sus hogares con bebés sanos, las “comunidades que las rodean recuperan la confianza en los servicios que brindan sus centros de salud”.
Hasta la fecha, la Iglesia ha invertido 184 millones de dólares durante tres años en esta iniciativa y ha llegado a 52 millones de mujeres y niños. Sin embargo, la presidenta Johnson dijo que el enfoque siempre ha estado en llegar a “cada persona”.
“En cada comunidad en la que vivimos, hay mujeres que no saben leer y hay niños que están desnutridos”, dijo la presidenta Johnson. “Así que mi invitación es que las personas busquen a la persona más cercana a ellas y atiendan las necesidades de esa mujer o ese niño. Así es como abordaremos este desafío realmente inmenso”.
La Dra. Mwebesa dijo: “Cada uno de nosotros tiene algo valioso que puede aportar”.
“Y lo maravilloso es que no deben tener miedo, porque probablemente no serán los únicos que se presenten”, dijo.

