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Scott Taylor: ¿Dar un discurso, compartir un testimonio o hacer un comentario? Cada minuto cuenta

¿Por qué preocuparse por el tiempo en una reunión de la Iglesia? Porque un discurso, un testimonio o un comentario forma parte de un todo y afecta el resultado final

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

¿Le han pedido que dé un discurso en la reunión sacramental, en una conferencia u otra reunión de la iglesia?

Cada minuto cuenta.

¿Se ha sentido inspirado a compartir su testimonio durante una reunión de ayuno y testimonios?

También aquí los minutos cuentan.

¿O quizá ha planeado participar en un análisis durante la segunda hora aportando un comentario o punto de vista?

Adivinó: cada minuto cuenta.

Los discursos, testimonios y comentarios son, ante todo, preparaciones, presentaciones y contenidos que deben estar inspirados por el Espíritu y ser apropiados. Pero quien habla, comparte su testimonio o hace un comentario también debe ser consciente de su duración y de cómo encaja en la reunión.

El Manual General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no especifica cuántos oradores participan en una reunión sacramental, ni recomienda una duración para los discursos.

Pero, ¿qué dice sobre los oradores —adultos, jóvenes y niños— y quienes comparten su testimonio?

La sección 29.2.1, bajo el título “La reunión sacramental”, expresa lo siguiente: “El obispado extiende invitaciones a discursar en la reunión con suficiente antelación. Los discursantes dan testimonio de Jesucristo y enseñan acerca de Su Evangelio por medio de las Escrituras (véanse Doctrina y Convenios 42:12; 52:9). Los mensajes deben edificar la fe y ser acordes con el carácter sagrado de la Santa Cena”.

Y, bajo el título “La reunión de ayuno y testimonios” en la sección 29.2.2 dice lo siguiente: “Dar testimonio significa declarar las verdades del Evangelio según lo inspire el Espíritu Santo. Los testimonios deben ser breves, con el fin de que puedan participar muchas personas”.

Entonces, ¿por qué preocuparse por el tiempo? Porque un discurso, un testimonio o un comentario forma parte de un todo y afecta el resultado final.

Un discurso debe prepararse con anticipación, teniendo en cuenta el tiempo necesario para su presentación. Organice sus comentarios de modo que se ajusten al tiempo asignado, y si el líder que le extendió la invitación para hablar no mencionó la duración, no dude en preguntar cuánto tiempo tiene.

A medida que prepare su discurso, señale secciones o segmentos que puedan omitirse si el tiempo asignado resulta menor del esperado. Es posible que la reunión haya comenzado tarde. Tal vez los asuntos del barrio requirieron más tiempo, hubo una bendición de bebé o la confirmación de un converso. Quizá otro discurso o un número musical hayan utilizado tiempo adicional. O quizá se le pida que reduzca su tiempo para dar cabida a los comentarios del líder que preside, ya sea un miembro de la presidencia de estaca, una autoridad general o de área que visite la unidad.

El tiempo que se utiliza para dar un discurso, compartir un testimonio o hacer un comentario pasa a ser relevante cuando genera incomodidad, molestia o distracción para los demás: otros oradores, líderes que presiden, maestros o asistentes.

Como alguien que ha planeado y dirigido reuniones de barrios, estacas, misiones y ramas de CCM, en ocasiones he ofrecido una oración silenciosa para que la persona que tiene la palabra o comparte su testimonio sienta la inspiración de darse cuenta de que —como dice el himno— “El fin se acerca y hay poco tiempo” (“El fin se acerca”, Himnos, No. 173). Y estoy seguro de que también se han ofrecido oraciones silenciosas similares cuando he discursado y no he sido consciente del tiempo.

El tiempo en la iglesia adquiere aún más importancia debido al cambio en las reuniones dominicales de la segunda hora que comenzará en septiembre. Después de la reunión sacramental, la segunda hora pasará del esquema actual —un período de transición de 10 minutos y una clase de 50 minutos, con la Escuela Dominical alternando semanalmente con las clases de sacerdocio, la Sociedad de Socorro y las Mujeres Jóvenes— a dos clases de 25 minutos (sin alternancia) y dos períodos de transición más breves, de cinco minutos antes de cada clase.

Para facilitar el nuevo horario, las reuniones sacramentales no deben durar más de 60 minutos; los Santos de los Últimos Días deben pasar a los salones de clase, y las clases que antes eran de 50 minutos ahora durarán la mitad de ese tiempo.

Como preparación de los asistentes para el cambio de horario, un maestro de Escuela Dominical señaló recientemente que un solo comentario de tres minutos durante la clase equivale al 15 % del tiempo total asignado. Los comentarios deberán ser breves y el tiempo disponible podría limitar el número de intervenciones.

En 2010, acompañé al editor de Church News Gerry Avant —ya jubilado— a una reunión con el entonces élder Russell M. Nelson del Cuórum de los Doce Apóstoles, varias semanas antes de la dedicación del Templo de Kiev, Ucrania. El futuro Presidente de la Iglesia fue invitado a acompañar a dos miembros de la Primera Presidencia a esa dedicación: el presidente de la Iglesia, Thomas S. Monson y el presidente Dieter F. Uchtdorf, uno de sus consejeros.

El élder Nelson nos dijo que estaba preparando un mensaje de 18 minutos que se le había asignado para una de las tres sesiones de dedicación. De repente, dejó de hablar y adoptó una expresión pensativa.

“Mi discurso necesitará ser traducido”, dijo, recordando que dos de las sesiones se realizarían en ucraniano y la tercera en ruso, por lo tanto, su mensaje sería traducido frase por frase por un intérprete que estaría a su lado.

“Tendré que limitar mis comentarios a solo nueve minutos”, dijo con una sonrisa, sabiendo que la traducción duplicaría el tiempo hasta llegar a los 18 minutos.

Se podría decir que el élder Nelson era muy consciente del tiempo.

— Scott Taylor es editor ejecutivo de Church News.

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