Mientras el mundo observaba desde 406 770 kilómetros de distancia, la tripulación de la misión Artemis II estableció un nuevo récord de vuelo espacial humano el 6 de abril de 2026. Estos cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— viajaron detrás de la luna, observaron la superficie lunar y emergieron al otro lado.
Las fotos de su histórico viaje son impresionantes: detalles intrincados de cráteres, la pequeña franja de la Tierra elevándose detrás de la luna, un halo luminoso de luz solar y los rostros sonrientes de los cuatro astronautas.
A medida que su cápsula se acercaba a la luna, Glover habló en una transmisión en vivo sobre lo que llamó “uno de los misterios más importantes de la tierra”.
“Y ese es el amor”, dijo. “Cristo dijo, en respuesta a ‘cuál era el mayor mandamiento’, que era ‘amar a Dios con todo lo que eres’. Y también, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es semejante a este: ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’.”

Aunque su misión estuvo llena de vistas deslumbrantes y maravillosas, uno de los logros más extraordinarios de toda la misión fue que el mundo pudo presenciar la amistad —el amor— entre los astronautas.
Estos cuatro individuos se convirtieron en uno.
“Extrañaré esta camaradería”, dijo Koch. “Estamos unidos como hermanos y hermanas, y eso es un privilegio”.
Dijo Hansen: “Nos alegra poder recordar a las personas que podemos hacerlo mejor como raza humana al elevarnos unos a otros y colaborar”.
Dijo Wiseman: “Despegamos como amigos y regresamos como mejores amigos”.
Tras ser recibido en casa con un pequeño desfile en su ciudad natal, Glover habló a sus vecinos desde el jardín de su casa: “Seamos más así. Seamos vecinos”.
Este amor en acción es la pacificación en acción, con resultados que cambian vidas. Muchas personas en todo el mundo observaron la misión Artemis y se han sentido inspiradas por sus palabras y acciones.

Al mismo tiempo que los cuatro astronautas se acercaban a la luna, el presidente de la Iglesia, Dallin H. Oaks, estaba en el púlpito del Centro de Conferencias en Salt Lake City y citó las palabras del Salvador sobre amar al prójimo.
De Mateo 5:43–44: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.
Dijo el presidente Oaks: “¡Qué enseñanzas tan revolucionarias para las relaciones personales! ¡Amen incluso a sus enemigos! Pero ¿quiénes son nuestros enemigos? El significado completo de enemigos en las fuentes de las cuales los traductores del rey Santiago eligieron la palabra enemigos incluye a los enemigos militares, pero incluso se extiende a quienes se opongan activamente unos a otros. Hoy podríamos decir que se nos manda amar a nuestros adversarios. Todos los seres terrenales son amados hijos de Dios”.
No tenemos que ir al espacio para ver cómo el mundo cambia mediante este tipo de pacificación al que se refiere el presidente Oaks.
“Cómo cambiaría el mundo si los seguidores de Cristo renunciaran a las palabras crueles e hirientes en todas sus comunicaciones”, dijo.
Jesucristo nos ha dado el mayor ejemplo a seguir.
“Podemos seguir el ejemplo de Jesucristo, quien es nuestro modelo a seguir, al elegir amar a los demás, aun cuando ellos demuestren poco o ningún amor por nosotros”, enseñó el presidente Oaks.
Mientras estudiaba su discurso, he reflexionado sobre las personas que han tenido un impacto en mi propia vida gracias a sus esfuerzos por fomentar la paz: las líderes de las Mujeres Jóvenes que animaron a nuestra clase a ser amables unas con otras, las compañeras de misión que procuraron edificar la amistad incluso cuando no era fácil, y familiares que se han perdonado mutuamente por desacuerdos del pasado.
Aun cuando observo la labor de establecer la paz en el ámbito mundial, la manera en que mis propios amigos y familiares procuran la paz es lo que verdaderamente me conmueve.

Así como el presidente Oaks ha reiterado el mandamiento del Salvador de “amar a vuestros enemigos”, he tenido que examinar sinceramente mis propias palabras y acciones hacia los demás, y he sentido la necesidad de hacer más para ser una pacificadora.
Este deseo de mejorar puede llegar a ser abrumador o desalentador. Pero cuanto más he orado a mi Padre Celestial pidiendo ayuda, más se han dirigido mis pensamientos a Su gracia mediante la Expiación de Jesucristo.
La necesidad de mejorar que todos experimentamos es la razón del plan de salvación de nuestro Padre Celestial y de la Expiación del Salvador Jesucristo. Él sabía que no alcanzaríamos la perfección y que necesitaríamos un Salvador, incluso para los errores cotidianos en nuestros esfuerzos por ser pacificadores. Él lo sabía y proveyó el camino.
El Salvador declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. …
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27).
— Aimee Cobabe es reportera de Church News.

