En una época de desprecio y hostilidad que afecta muchas relaciones diferentes en la sociedad, el presidente Dallin H. Oaks, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, repitió la enseñanza revolucionaria de Jesucristo: “Ama aun a tus enemigos”.
El presidente Oaks, decimoctavo presidente de la Iglesia, enseñó a los Santos de los Últimos Días de todo el mundo durante la conferencia general de abril de 2026 el Domingo de Pascua acerca de los grandes mandamientos del Salvador de amar a Dios y al prójimo.
Citando las palabras de Jesús en el Sermón del Monte, el presidente Oaks dijo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).
El presidente Oaks explicó que las fuentes de las cuales los traductores del rey Jacobo escogieron la palabra “enemigos” incluían enemigos militares y cualquiera que se opusiera activamente unos a otros.
“Hoy podríamos decir que se nos ha mandado amar a nuestros adversarios”, dijo él. “Todos los mortales son hijos amados de Dios.”
Habló sobre la creencia de los Santos de los Últimos Días en la Resurrección literal de Jesucristo y la resurrección universal para todos los que viven en la tierra.
“Me pregunto si comprendemos plenamente la enorme importancia de esta creencia en una resurrección literal y universal”, dijo. “La convicción de que la muerte no es la conclusión de nuestra identidad cambia toda la perspectiva de nuestra vida mortal. ... Nos ayuda a vivir juntos en amor en esta vida, en anticipación de reuniones y asociaciones gozosas en la siguiente”.
Amar a un adversario

El presidente Oaks compartió una historia en la que fue testigo del “amor poco común hacia un adversario”.
Hace varios años, en una conferencia de estaca, el presidente Oaks sintió la impresión de invitar a una mujer en particular a dar un breve discurso. Esta mujer habló de su experiencia como enfermera al cuidar a un paciente al que describió como “el hombre más repulsivo” que había conocido, quien hacía todo lo posible por hacerles la vida miserable a las enfermeras.
Una noche, después de oír un fuerte estruendo proveniente del cuarto de este hombre, ella se sorprendió al descubrir que él se había caído de la cama y estaba “agitando los brazos en un charco de vidrio roto, líquido y sangre”.
“En ese momento, un cambio profundo vino sobre ella”, recordó el presidente Oaks. “Sintió una corriente casi eléctrica de amor de nuestro Padre Celestial hacia este hombre. Lo vio como un hijo de Dios. ... Testificó que haber sido llevada a ver a un enemigo despreciado como este como un hijo de Dios fue una de las grandes experiencias espirituales de su vida”.
El presidente Oaks dijo que esta fue una lección que necesitaba aprender acerca del amor de Dios por todos Sus hijos.
“Procuren vivir en paz”
Seguir las enseñanzas del Salvador acerca de cómo relacionarnos unos con otros no significa ceder los propios valores, señaló el presidente Oaks.
“Los convenios que hemos hecho inevitablemente nos colocan como participantes dedicados en la contienda eterna entre la verdad y el error. Equilibramos nuestras diversas responsabilidades”, dijo, reconociendo que este equilibrio no es fácil.
“Cuando procuramos guardar todos los mandamientos en nuestra vida personal, a veces se nos acusa de no tener amor por quienes no lo hacen. Cuando mostramos amor personal y apoyamos causas nobles, a veces se nos malinterpreta como si implicáramos apoyo a resultados que contradicen nuestros otros deberes religiosos.”
El presidente Oaks dijo: “Pero como seguidores de Cristo, debemos procurar vivir en paz y con amor con otros hijos de Dios que no comparten nuestros valores ni tienen las obligaciones del convenio que nosotros hemos asumido”.
Él animó a todos a elegir amar a los demás —aun si ellos muestran poco o ningún amor hacia ellos— y citó las palabras del Salvador: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).
El presidente Russell M. Nelson, el difunto decimoséptimo Presidente de la Iglesia, invitó a todos "a escoger ser pacificadores, ahora y siempre“.
¿Cómo puede uno ser un pacificador? preguntó el presidente Oaks. Mencionó varios ejemplos, entre ellos un obispo que procura sanar un matrimonio con problemas, los jóvenes y las jóvenes que participan en proyectos de servicio, las personas que procuran aliviar el sufrimiento humano, los padres que cuidan amorosamente a sus hijos y los misioneros que invitan a otros a venir a Cristo.
“Hermanos y hermanas, como seguidores de Cristo, sigámoslo renunciando a la contención y utilizando el lenguaje y los métodos de los pacificadores”, declaró el presidente Oaks. “En nuestras familias y otras relaciones personales, evitemos lo que es duro y lleno de odio.”

