Nota del editor: En marzo de 2026, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días publicó en la Biblioteca del Evangelio 10 breves videos de análisis dirigidos a las mujeres, los cuales presentan a las 10 miembros del consejo asesor general de la Sociedad de Socorro.
Las miembros del consejo escribieron para Church News acerca de los cinco temas que abordan los videos. Este es el primero de cinco artículos y trata sobre el tema: “Hallar fortaleza y alivio en Jesucristo”.
La experiencia de la hermana Dana Earl

Hace años, comencé a escribir experiencias personales de mi vida — momentos en los que había sentido la influencia del Espíritu Santo y había hallado fortaleza y alivio en Jesucristo. Mi intención era sencilla y sincera: recopilar estas historias como regalo de Navidad para mi familia. Pero, como suele suceder, la vida real interrumpió esa “muy buena idea” y, diez años después, sigo trabajando en ello. Quizás 2026 sea, por fin, el año en que lo termine.
Aunque no terminé el libro, sucedió algo significativo cuando comencé a escribir. Empecé a recordar. Al volver a repasar esas experiencias, comencé a ver pruebas claras de lo que Dios había hecho por mí. Reconocí que Él vive, que me conoce personalmente y que está tan dispuesto a ayudarme ahora como lo estuvo en el pasado.
Este principio se ilustra bellamente en Alma 29:12–13, donde Alma reflexiona sobre la fidelidad de Dios: recuerda cómo el mismo Dios que libró a sus padres también lo libró a él y lo llamó a realizar Su obra. Esa frase — “ese mismo Dios” — ha adquirido un profundo significado para mí. Mis propias experiencias se han convertido en recordatorios de que Dios es constante; Él no cambia. La ayuda que Él ha brindado anteriormente es prueba de la ayuda que continuará brindando.
Recordar estos momentos ha fortalecido mi fe. Me ha ayudado a sentir más profundamente el amor del Salvador y a confiar en que Él me brindará la paz y el alivio que necesito. Tal como enseña Deuteronomio 4:9, que dice, “guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto”. Olvidar puede resultar tan fácil, especialmente durante los tiempos difíciles.
La experiencia de la hermana Hannah Miller

Hay épocas en la vida en las que recordar parece especialmente difícil — cuando las oraciones parecen no tener respuesta y los cielos parecen guardar silencio. Yo experimenté esto durante un período difícil en mi trabajo. Amaba mi trabajo y sentía que estaba progresando, pero unos cambios repentinos me hicieron sentir insegura y temer que se echara a perder todo lo que había logrado.
En busca de guía, acudí al templo con la esperanza de recibir una dirección clara —quizás incluso una solución que devolviera las cosas a su estado anterior. En su lugar, recibí algo inesperado, pero mucho mejor. Mientras permanecía sentada en silencio en la sala celestial, sentí una suave impresión: “Solo siéntate conmigo un momento”.
Y así lo hice. En esa quietud, sentí la compasión y la paciencia del Salvador. Al salir del templo, mis circunstancias no habían cambiado. Los desafíos seguían allí. Pero yo era diferente. Sentía menos temor, pues sabía que el Señor estaba al tanto de mí. Con el tiempo, me di cuenta de que, en lugar de quitarme esa prueba, Él me estaba dando fuerzas para afrontarla.
Poco después, hallé consuelo en las Palabras de Mormón 1:7: “No se todas las cosas; mas el Señor sabe todas las cosas que han de suceder”. Esa verdad me trajo paz. No necesitaba comprenderlo todo — Dios ya lo comprendía. Y, al igual que el rey Benjamín, quien halló la fortaleza, con la ayuda de otros, para establecer la paz en su tierra, llegué a ver que no estaba sola. El Señor había puesto personas en mi vida —amigos y familiares— que me ayudaron a afrontar desafíos que en otro tiempo me hubieran parecido imposibles.
La experiencia de la hermana Earl
Yo también fui testigo del poder sustentador del Señor durante una época profundamente difícil de mi vida. Mi padre padecía la enfermedad de Alzheimer y, poco después, mi madre sufrió un derrame cerebral masivo. Durante un tiempo, los cuidamos en casa, pero con el tiempo necesitamos ayuda adicional. El día en que los llevamos en automóvil a St. George, Utah, estuvo cargado de emociones. Finalmente, los trasladamos a un pueblo vecino donde vivía mi hermana, a un centro de cuidados donde recibirían más ayuda.
Mientras viajábamos, me sentía abrumada — tanto física como emocionalmente. En cierto momento, miré por la ventanilla y sentí una clara impresión: “Aliviaré las cargas que se han puesto sobre sus hombros”.
En ese momento, todo cambió. Mis circunstancias no mejoraron de inmediato —de hecho, se volvieron más exigentes— pero sentí calma. La carga era más ligera porque no la llevaba yo solo. Completamos el viaje con paz y fe.
Esta experiencia me ayudó a comprender el significado de “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). La paz del Salvador no siempre elimina nuestras pruebas, pero nos fortalece para soportarlas.
Como ha enseñado el presidente Dallin H. Oaks, la sanación llega de diferentes maneras. A veces las cargas se alivian, pero otras veces somos sanados al recibir fuerza, paciencia y entendimiento para sobrellevarlas.
La hermana Earl y la hermana Miller extienden una invitación a recordar
A medida que comenzamos a conversar juntas sobre estas experiencias, nos encontramos recordando cada vez más momentos en los que el Señor nos había fortalecido. Un recuerdo condujo a otro, hasta que nos vimos rodeadas de pruebas de Su amor — algunas sencillas, otras sagradas y profundas.
Esta es la invitación que les extendemos: recuerden. Escriban sus experiencias. Compártanlas con alguien en quien confíen. Pídanle al Señor que les ayude a recordarlas. Tal como se promete en Juan 14:26, el Espíritu Santo “os recordará todo”.
Cuando se tomen el tiempo para recordar, comenzarán a reconocer cómo se siente la fuerza del Señor en su vida. Y cuando surjan nuevos desafíos —como inevitablemente sucederá— podrán recurrir a ese recuerdo con fe, sabiendo que es “ese mismo Dios” quien las ayudó anteriormente.
Él las conoce. Él las ama. Y Él las fortalecerá de nuevo.
— La hermana Dana Earl y la hermana Hannah Miller son miembros del consejo asesor general de la Sociedad de Socorro.
