Durante el primer devocional del semestre, el presidente de la Universidad Brigham Young-Idaho, Alvin F. Meredith III, invitó a los estudiantes a seguir el ejemplo de compasión del buen samaritano. El devocional se llevó a cabo el 13 de enero en el BYU-Idaho Center.
Después de repetir la historia del buen samaritano que se encuentra en Lucas 10, el presidente Meredith les recordó a los estudiantes la invitación que hace Jesucristo al final de la parábola: “Ve y haz tú lo mismo” (versículo 37).
“Esa invitación es para cada uno de nosotros”, explicó el presidente Meredith. “Rara vez implica algo dramático o grandioso. Por lo general, se encuentra en los pequeños actos de bondad de todos los días”.

Dijo que los estudiantes y el personal de BYU–Idaho son un ejemplo de esos pequeños actos de bondad, considerándolos “el sello distintivo de este campus”.
“Mi invitación no consiste en que comiencen algo nuevo, sino en que continúen haciendo lo que ya hacen —pero con intención”, dijo el presidente Meredith. “Aminoren el paso lo suficiente como para notar quién, de los que pasan a su lado, podría estar enfrentando dificultades. Tomen en cuenta a quien se sienta solo, vulnerable o ignorado. Entonces, elijan, una y otra vez, ser quienes se detengan para ayudar”.
Erradicar el prejuicio
El presidente Meredith dijo que un aspecto de ser un buen samaritano consiste en “demostrar compasión, amor y cortesía a quienes puedan ser un poco diferente a nosotros”.

Explicó que, en los tiempos de Jesús, los judíos despreciaban a los samaritanos por diversas razones. Aun así, Jesús —un judío— puso a un samaritano como ejemplo de rectitud en Su parábola.
“El mensaje de Cristo es claro e inequívoco: el prejuicio no tiene cabida en el discipulado. Y, por supuesto, tampoco la tiene en BYU–Idaho”, dijo el presidente Meredith.
El presidente Meredith reiteró la exhortación que hizo el presidente de la Iglesia Dallin H. Oaks durante su discurso en la conferencia general de octubre de 2020 cuando era el segundo consejero de la Presidencia General: “Como ciudadanos y como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, debemos mejorar para ayudar a erradicar el racismo”.

Después el presidente Meredith explicó: “Hacer lo correcto significa más que simplemente evitar decir palabras o realizar acciones hirientes por nuestra parte. También implica negarnos a permanecer en silencio cuando provienen de otros. … Así que, si oyen un lenguaje racista ofensivo —aunque esté disfrazado de broma— tengan la valentía de alzar la voz. Si ven que alguien actúa con prejuicio, no desvíen la mirada. El silencio puede parecer educado, pero no es propio de Cristo”.
Impactos duraderos, invisibles a primera vista
El presidente Meredith enseñó: “Mostrar aunque sea un poco de compasión puede tener un alcance mucho mayor del que vemos a simple vista”.
También recordó una ocasión en la que su barrio Santo de los Últimos Días en Tennessee recibió a una visitante inesperada llamada Jacque. Jacque relató que, 20 años atrás, trabajaba para un periódico y tenía que escribir un artículo sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para ello quiso entrevistar a un miembro de la Iglesia, así que buscó la congregación local en la guía telefónica y coordinó un encuentro con uno de sus miembros.

El presidente Meredith dijo que la voz de Jacque se tornó más dulce al recordar la reunión que tuvo con aquel miembro de la Iglesia años atrás. Contó que fue amable, cortés y verdaderamente atento con ella.
“Creo que es el hombre más semejante a Cristo que he conocido”, dijo ella.

Fue la amabilidad de ese hombre lo que llevó a Jacque a asistir a esa reunión sacramental 20 años después, al ver el letrero de las oficinas de la Misión Nashville, Tennessee. Seis semanas después de asistir a esa primera reunión sacramental, Jacque fue bautizada.
Cuando el presidente Meredith le preguntó si recordaba con quién se había reunido aquella vez, Jacque respondió: “Nunca lo voy a olvidar. Se llamaba Todd Christofferson”.
Tres principios esenciales
La hermana Jennifer E. Meredith, esposa del presidente Meredith, también se dirigió a los estudiantes durante el devocional. En su mensaje explicó tres principios que ella y el presidente Meredith consideran esenciales enseñar a los estudiantes mientras asisten a esta universidad. Estos principios son: mirar a Jesucristo; seguir las enseñanzas de los profetas y apóstoles vivientes; y reconocer que vivir el evangelio de Jesucristo es motivo de gozo.

La hermana Meredith hizo referencia a una reunión del élder David A. Bednar del Cuórum de los Doce Apóstoles con un pequeño grupo de estudiantes de BYU–Idaho.
Relató que, en ese encuentro, el élder Bednar testificó: “Jesucristo vive” y después reafirmó, “Jesucristo está vivo”.
A ese testimonio, la hermana Meredith añadió el suyo propio: “Miren al Salvador. Cuando realmente lo conozcan, nunca querrán alejarse de Él”.
Asimismo, dijo a los estudiantes que, actualmente, los miembros de la Iglesia tienen un “acceso sin precedentes” a las palabras de los profetas y apóstoles modernos y los invitó a seguir a los profetas y apóstoles vivientes en las redes sociales.

Finalizó su mensaje recordando a los estudiantes que Jesucristo mandó a Sus seguidores “sed de buen ánimo”, algo que puede lograrse mediante actos sencillos como participar de la Santa Cena y adorar en el templo.
“Vivir Su evangelio es el antídoto para los desafíos de la vida”, dijo.

