Una de las partes más difíciles del periodismo es reconocer qué incluir en un artículo y qué omitir (y tengo muchísimos borradores para demostrarlo). Quizás deberíamos abordar nuestras propias historias de vida con el mismo desafío.
Hay algo poético en que la Navidad y el Año Nuevo estén separados por solo una semana. Al terminar diciembre, “recordamos” el don de un Salvador de años pasados. Luego, al comenzar enero, nos animamos a “olvidar” las cosas triviales del año anterior y a comprometernos nuevamente con la positividad para el futuro.
Recordar. Olvidar. He llegado a reconocer estas dos cosas como algo más que simples funciones cognitivas — las veo como dos dones espirituales que se equilibran, posibles gracias a las tiernas impresiones del Espíritu Santo y la expiación infinita de nuestro Salvador.
Alma el Joven encontró ambos dones en su experiencia de conversión, y esto cambió generaciones.
Lo que Alma recordó y lo que olvidó

Cuando Alma el Joven y los hijos de Mosíah intentaban destruir la iglesia en Alma 36, Dios envió un ángel para detenerlos. Como resultado, Alma “recordó todos [sus] pecados e iniquidades” (versículo 13).
Él relata: “Y aconteció que mientras así me agobiaba este tormento, mientras me atribulaba el recuerdo de mis muchos pecados, he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo” (versículo 17).
Este recuerdo animó a Alma a clamar por misericordia en su corazón (véase el versículo 18). “Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados” (versículo 19).
Ambos dones están presentes aquí: Alma recibió la ayuda de Dios para recordar dónde necesitaba arrepentirse y recordar lo que su padre había dicho acerca de Cristo, y esto lo animó a seguir adelante mediante el arrepentimiento. Y al venir a su Salvador, a Alma se le concedió el don del olvido para que sus pecados perdonados ya no le causaran dolor.
¿Cómo podemos ver estos dones al comienzo del año?
El don de recordar

En la revista Liahona de abril de 2022, el élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, escribió: “La palabra ‘recordar’ aparece cientos de veces en las Escrituras. En el antiguo Israel, ‘recordar’ se usaba en muchos casos para ayudar al pueblo del Señor a recordar lo que Él había hecho por ellos en el pasado. Se usaba aún más comúnmente en el contexto de los convenios que el Señor hizo con Su pueblo”.
Así que, recordar es una manera de aferrarnos a los milagros y las promesas de Dios, y es una manera de cumplir diariamente los convenios que hemos hecho. Si no tuviéramos el don de recordar, no habría nada que nos uniera a nuestro bautismo, a nuestro testimonio, a nuestras experiencias de ver la mano de Dios en nuestras vidas, y así sucesivamente.
El don de olvidar
En un discurso pronunciado en BYU en 2009, el difunto presidente Jeffrey R. Holland — entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles— dijo: “Del pasado se debe aprender, pero no se debe vivir en él. Miramos hacia atrás para rescatar las brasas de las experiencias luminosas, pero no las cenizas. Y cuando hemos aprendido lo que necesitamos aprender y hemos traído con nosotros lo mejor que hemos experimentado, entonces miramos hacia adelante, recordamos que la fe siempre apunta hacia el futuro”.
El presidente Holland continuó: “Detenerse en el pasado, incluyendo los errores del pasado, simplemente no está bien. No es el evangelio de Jesucristo”.
Por eso necesitamos el don de olvidar: para no quedarnos anclados en el pasado con remordimiento o enojo —simplemente reconocemos que, gracias a la Expiación de Jesucristo, podemos seguir adelante. Recordamos a Cristo, y cualquier otro detalle puede ser descartado, porque si no está conectado con Él, no importa tanto.
Cuando tenemos que recordar un pasado difícil, miramos hacia atrás no con amargura, remordimiento o tristeza, sino con gratitud porque ya pasó y con el recuerdo reverente de que, a través de Cristo, todas las heridas pueden ser sanadas.

Mirando hacia atrás, avanzando hacia adelante
Mediante el amor de nuestro Padre Celestial, la Expiación del Salvador y la guía del Espíritu, podemos encontrar ambos dones, el de recordar y el de olvidar.
Es una bendición mirar hacia atrás, y es una bendición seguir adelante. Recuerden a Cristo. Recuerden que Él nunca los olvidará.
Que podamos mirar hacia atrás con paz y seguir adelante con una sonrisa. Al comenzar este nuevo año, que —al igual que los escritores que eligen hábilmente qué incluir en una historia— sepamos reconocer qué llevar con nosotros y qué dejar atrás.
— Joel Randall es reportero de Church News.

