This week’s “Come, Follow Me” study guide covers the Articles of Faith and Official Declarations 1 and 2, which includes revelation that ended the practice of plural marriage.
A continuación se incluyen algunas citas de líderes pasados y presentes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, así como de recursos oficiales de la Iglesia, acerca de esta y otras revelaciones.
Los Artículos de Fe
“En pocas palabras, un principio del evangelio es una pauta basada en la doctrina para el ejercicio justo del albedrío moral. Los principios derivan de verdades más amplias del evangelio y proporcionan dirección y normas a medida que avanzamos por el camino de los convenios.”
“Por ejemplo, los tres primeros Artículos de Fe identifican aspectos fundamentales de la doctrina del evangelio restaurado de Jesucristo: la naturaleza de la Trinidad en el primer artículo de fe, los efectos de la Caída de Adán y Eva en el segundo artículo de fe, y las bendiciones que son posibles mediante la Expiación de Jesucristo en el tercer artículo de fe. Y el cuarto artículo de fe establece los primeros principios —las pautas para ejercer la fe en Jesucristo y arrepentirse— y las primeras ordenanzas del sacerdocio que permiten que la Expiación de Jesucristo sea eficaz en nuestra vida."
— Elder David A. Bednar del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2021, "Los principios de Mi Evangelio"
“También necesitamos conocer las raíces de nuestra religión. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, aunque oficialmente organizada en 1830, ha sido restaurada desde raíces que también se remontan muy atrás. Las verdades de dispensaciones anteriores ahora han sido recopiladas, amplificadas y aclaradas. Para nosotros como padres y maestros, tenemos un excelente recurso didáctico en los Artículos de Fe. Escrito por el Profeta José Smith, este documento hace referencia a muchas doctrinas que sustentan nuestra religión. Menciona la Trinidad, el albedrío moral, la Caída de Adán y la Expiación de Jesucristo. Explica los principios y ordenanzas fundamentales de fe, arrepentimiento, bautismo y la imposición de manos para el don del Espíritu Santo. Aborda asuntos de autoridad y organización del sacerdocio. Reconoce como escritura sagrada la Santa Biblia, el Libro de Mormón y un canon abierto de revelación continua de Dios. Y proclama la realidad del recogimiento de Israel. ¡Qué tesoro de verdad es este precioso documento mientras enseñamos sobre nuestras raíces religiosas!"
— The late President Russell M. Nelson, then a member of the Quorum of the Twelve Apostles, April 2004 general conference, “Roots and Branches”

“Los Artículos de Fe no fueron obra de un equipo de eruditos, sino de un solo hombre inspirado que expuso en forma completa y concisa las doctrinas esenciales del Evangelio de Jesucristo; contienen exposiciones directas y sencillas de los principios de nuestra religión y constituyen una poderosa evidencia de la inspiración divina que poseía el profeta José Smith.
“Si los utilizan como guía para dirigir sus estudios de la doctrina del Salvador, se encontrarán preparados para expresar su testimonio de la Iglesia restaurada y verdadera del Señor. Con convicción podrán decir: ‘Creemos en esto’”.
— El fallecido Élder L. Tom Perry, en aquel entonces miembro del del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 1998, “Los Artículos de Fe”
“Un documento clave de la restauración del evangelio es la carta que el profeta José Smith escribió en respuesta a una pregunta de John Wentworth, editor de un diario de Chicago. En esa carta, el Profeta escribió un resumen del origen, progreso, persecución y fe de los Santos de los Últimos Días. Es uno de los primeros relatos publicados de los acontecimientos ocurridos en el período de treinta y seis años después del nacimiento del Profeta. La última parte de la carta, los Artículos de Fe, es una declaración de las principales creencias de la Iglesia. El hecho de que una persona inspirada de los cielos y no un grupo de eruditos escribiera este documento es otra evidencia del llamamiento divino de José Smith (véase Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 332)”.
— El fallecido Élder Joseph B. Wirthlin, en aquel entonces miembro del del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 1992, “Busquemos lo bueno”
“El 1 de marzo de 1842, José Smith, a petición del señor John Wentworth, editor de un diario de Chicago, compuso trece breves enunciaciones conocidas como los Artículos de Fe, los que sintetizan algunas de las doctrinas básicas de la Iglesia. Como última enunciación, el Profeta escribió este código inspirado de conducta:
“‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos’. (Decimotercer Artículo de Fe).
“¡Qué descripción más inspiradora de lo que son las personas buenas, temerosas de Dios, dedicadas a tratar con justicia al género humano! Esta sería la clase de personas que podría levantar una nación y ayudarla a sobrevivir, y la clase de personas que comprende el verdadero evangelio de Jesucristo, poseedoras de la fe indispensable para proclamarla a los habitantes de la tierra”.
— El fallecido Élder David B. Haight, en aquel entonces miembro del del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de octubre de 1987, “La moral y la honradez”
Declaración Oficial 1

“Después de revelar la ley y el convenio del matrimonio eterno entre un hombre y una mujer, el Señor enseñó a José Smith que un hombre puede, en rectitud, casarse con más de una esposa dentro del convenio del matrimonio eterno siempre que el Señor lo autorice y lo mande por medio de Su profeta debidamente ordenado (quien posee las llaves correspondientes del sacerdocio). La autorización y la orden de practicar el matrimonio plural que el Señor dio a Abraham y a otros profetas de la antigüedad se dieron de igual forma al profeta José Smith: ‘Y a ti, mi siervo José, yo te di un nombramiento, y restauro todas las cosas’ (Doctrina y Convenios 132:40).
“Años más tarde, el Señor rescindió Su autorización y orden dada a los miembros de la Iglesia de entrar en la práctica del matrimonio plural (en otras palabras, de ser sellados a más de un cónyuge vivo) cuando el presidente Wilford Woodruff (1807–1898) emitió el Manifiesto de 1890 (Declaración Oficial 1). Así se puso fin a la práctica del matrimonio plural, lo cual significaba que ningún miembro de la Iglesia podía casarse o sellarse con más de un cónyuge vivo. Cabe recalcar que el Manifiesto no prohíbe que un hombre digno que ha sido sellado a una esposa que haya fallecido se selle a otra esposa viva. Lo anterior concuerda con la doctrina revelada de que la monogamia es la norma del Señor en cuanto al matrimonio, a menos que Él declare y autorice lo contrario por medio de Su representante debidamente nombrado, a saber, el Presidente y profeta de la Iglesia”.
— Élder Marcus B. Nash, Setenta Autoridad General, en un artículo de la revista Liahona de diciembre de 2015 “El nuevo y sempiterno convenio”
“El 6 de octubre [de 1890], George Q. Cannon llegó al tabernáculo para el tercer día de la conferencia general de otoño de la Iglesia. Poco después de que comenzara la reunión, se puso de pie y presentó a Orson Whitney, el obispo del Barrio 18 de Salt Lake City, a quien se le había pedido que leyera el Manifiesto a los miles de santos presentes.
“Mientras George escuchaba la declaración, no estaba seguro de qué diría si Wilford lo llamara a hablar. Más temprano, Wilford había sugerido que George podría hablar, pero este no deseaba ser el primero en dirigirse a los santos sobre el tema del Manifiesto. En todos sus años de hablar en público, nunca le habían pedido que hiciera algo tan difícil.
“El día anterior, George había pronunciado un discurso sobre la Primera Presidencia y la revelación, preparando a los santos para esta reunión. ‘La Presidencia de la Iglesia tiene que caminar al igual que ustedes caminan’, había dicho George. ‘Ellos tienen que dar pasos, tal como ustedes los dan; y tienen que depender de las revelaciones de Dios conforme las van recibiendo. Ellos no pueden ver el fin desde el principio, como lo ve el Señor’.
“‘Todo lo que podemos hacer’, había continuado, ‘es procurar conocer la mente y la voluntad de Dios, y cuando la recibimos, aunque pueda entrar en contradicción con cada sentimiento que habíamos albergado previamente, no tenemos otra opción que dar el paso que nos señala Dios y confiar en Él’.
“Cuando Orson terminó de leer el Manifiesto, Lorenzo Snow se lo presentó a los santos para su voto de sostenimiento. Las manos se alzaron por todo el auditorio, algunas con determinación, otras más a regañadientes. Otras manos no se levantaron en absoluto. No parecía haber ninguna oposición directa, aunque los ojos de muchos santos estaban húmedos por las lágrimas.
“Luego, Wilford se volvió hacia George y lo invitó a hablar. George se acercó al púlpito con una oración en el corazón, pero su mente estaba en blanco. Sin embargo, cuando comenzó a hablar el temor lo abandonó y las palabras e ideas llegaron libremente. Abrió las Escrituras en Doctrina y Convenios 124:49, el pasaje al que Wilford había hecho alusión cuando George lo escuchó por primera vez explicar la nueva posición de la Iglesia en cuanto al matrimonio plural.
“‘De cierto, de cierto os digo, que cuando doy un mandamiento a cualquiera de los hijos de los hombres de hacer una obra en mi nombre, y estos, con todas sus fuerzas y con todo lo que tienen, procuran hacer dicha obra, sin que cese su diligencia, y sus enemigos vienen sobre ellos y les impiden la ejecución de ella, he aquí, me conviene no exigirla más a esos hijos de los hombres, sino aceptar sus ofrendas’.
“Después de leer el pasaje en voz alta, George le dijo a la congregación que los santos habían hecho todo lo posible por obedecer el mandamiento de Dios. Ahora, el Señor les había dado una nueva dirección por medio de Su profeta. ‘Cuando Dios da a conocer Su disposición y voluntad’, dijo, ‘espero que todos los Santos de los Últimos Días y yo nos inclinemos con sumisión ante ella’.
“Sabiendo que algunos santos dudaban de los orígenes divinos del Manifiesto y cuestionaban por qué el profeta no lo había publicado antes para evitar el sufrimiento y la persecución de los últimos años, él les aconsejó que procuraran obtener un testimonio del Manifiesto por ellos mismos.
“‘Vayan a sus aposentos secretos’, les instó. ‘Pídanle a Dios y suplíquenle, en el nombre de Jesús, que les dé un testimonio como el que Él nos ha dado y les prometo que no saldrán vacíos ni insatisfechos’.
‘Cuando George terminó de hablar, Wilford se acercó al púlpito. ‘El Señor está preparando un pueblo para recibir Su reino y Su Iglesia, y para edificar Su obra’, dijo. ‘Esa, hermanos y hermanas, es nuestra labor’.
“‘El Señor jamás permitirá que los desvíe yo ni ningún otro hombre que funcione como Presidente de esta Iglesia’, continuó, tranquilizando a los santos que cuestionaban el origen divino del Manifiesto. ‘No es parte del programa. No está en la mente de Dios. Si yo intentara tal cosa, el Señor me quitaría de mi lugar’.
“Wilford luego bendijo a los santos y regresó a su asiento en el estrado”.
— “Santos, Tomo II: Ninguna mano impía”, capítulo 40
Declaración Oficial 2

“Estamos increíblemente agradecidos por la revelación al presidente Spencer W. Kimball que extendió las bendiciones del sacerdocio y del templo a todos los miembros varones dignos de la Iglesia el 8 de junio de 1978 (véase la Declaración Oficial 2).
“He prestado servicio con muchos de los Doce que estuvieron presentes y que participaron cuando se recibió esa valiosa revelación. Cada uno de ellos, en conversaciones personales, confirmó la potente y unificadora guía espiritual que el presidente Kimball y ellos experimentaron. Muchos de ellos dijeron que fue la revelación más poderosa que habían recibido antes o después de esa ocasión”.
— Élder Quentin L. Cook del Cuórum de los Doce Apóstoles, conferencia general de abril de 2020 (en inglés), “La bendición de la revelación continua a los profetas y de la revelación personal para guiar nuestra vida”
“Durante los primeros meses de 1978, el presidente Spencer W. Kimball estuvo tan preocupado por la restricción del sacerdocio y del templo de la Iglesia que a menudo le costaba conciliar el sueño. La protesta pública contra la restricción se había calmado en gran medida, pero seguía pensando en los innumerables santos dignos y otras buenas personas a las que eso afectaba. Su reciente viaje a Brasil le recordó los numerosos desafíos que ello planteaba a los santos de todo el mundo.
“Toda su vida, el presidente Kimball había sostenido la práctica de la Iglesia de negar el sacerdocio a las personas de ascendencia africana y raza negra, y estaba dispuesto a pasar el resto de su vida haciéndolo. Sin embargo, sabía que el Evangelio restaurado de Jesucristo estaba destinado a inundar la tierra, por lo que pidió a los santos que oraran para que las naciones abrieran sus puertas a la obra misional.
“Comenzó a pasar cada vez más tiempo en el Lugar Santísimo del Templo de Salt Lake, un santuario especial contiguo al salón celestial. Allí se quitaba los zapatos, se arrodillaba en oración y humildemente suplicaba al cielo.
“El 9 de marzo habló con sus consejeros y el Cuórum de los Doce Apóstoles sobre la raza y el sacerdocio. La reunión duró mucho tiempo. Revisaron las declaraciones de los presidentes de la Iglesia David O. McKay y Harold B. Lee en las que se indicaba que la restricción del sacerdocio terminaría algún día. Sin embargo, los Apóstoles acordaron unánimemente que la práctica no cambiaría hasta que el Señor revelara Su voluntad al profeta.
“Antes de que terminara la reunión, el presidente Kimball instó a los Apóstoles a ayunar y orar por el tema. Durante las siguientes semanas, los invitó a estudiar el asunto y a escribir sus reflexiones. Asignó a los élderes Howard W. Hunter y Boyd K. Packer la tarea de compilar una historia de la restricción del sacerdocio y documentar todo lo que se había dicho sobre el tema en las reuniones de la Primera Presidencia y los Doce. El año anterior, también le había pedido al élder Bruce R. McConkie que revisara la base para esa práctica existente en las Escrituras.
“Mientras tanto, el presidente Kimball continuó orando acerca de la restricción. Si bien seguía teniendo inquietudes al respecto, estas se volvieron cada vez menos importantes. Sintió una creciente impresión espiritual, profunda y duradera, de seguir adelante. Cuando el élder McConkie presentó un informe sobre sus hallazgos, concluyó que ningún pasaje de las Escrituras impedía a la Iglesia levantar la restricción.
“El martes 30 de mayo, el presidente Kimball compartió con sus consejeros un borrador de una declaración que extendía el sacerdocio a todos los hombres dignos, independientemente de su raza.
“Dos días después, el 1 de junio, la Primera Presidencia celebró su reunión mensual con todas las Autoridades Generales. Llegaron a la reunión en ayuno, como de costumbre, y al concluir, la Presidencia despidió a todos menos a los Apóstoles.
“—Me gustaría que continuaran ayunando conmigo —les dijo. Luego les habló de las numerosas horas que había pasado pidiéndole respuestas al Señor. Un cambio llevaría el Evangelio restaurado y las bendiciones del templo a innumerables santos (hombres, mujeres y niños) en todo el mundo.
“—Aún no sé cuál debería ser la respuesta —dijo él—, pero deseo saberla. Sea cual sea la decisión del Señor, la defenderé hasta el límite de mis fuerzas.
“Pidió a todos que compartieran sus ideas y, durante las dos horas siguientes, los Apóstoles hablaron por turnos. Un sentimiento de unidad y paz los invadió.
“—¿Les importa si los guío en oración? —preguntó el presidente Kimball.
“Se arrodilló ante el altar del templo, rodeado por los Apóstoles. Con humildad y fervor pidió al Padre que los limpiara del pecado para que pudieran recibir la palabra del Señor. Oró para saber cómo expandir la obra de la Iglesia y difundir el Evangelio por todo el mundo. Pidió al Señor que manifestara Su intención y voluntad sobre el tema de extender el sacerdocio a todos los hombres dignos de la Iglesia.
“Cuando el profeta terminó la oración, el Espíritu Santo inundó la sala y tocó los corazones de todos los presentes. El Espíritu habló a sus almas y las unió en total armonía. Todas las dudas desaparecieron.
“El presidente Kimball se levantó de un salto. Su frágil corazón latía con fuerza. Abrazó al élder David B. Haight, el Apóstol de menor antigüedad y luego a los demás, uno por uno. Los Apóstoles tenían lágrimas en los ojos. Algunos lloraban abiertamente.
“Habían recibido la respuesta del Señor”.
— “Santos, Tomo IV: Resonado en todo oído”, capítulo 18


