Tres historiadoras compartieron historias de fe, sacrificio y amor divino durante una presentación en la conferencia de historia de la Iglesia titulada “‘Lo habían comprobado por sí mismas’: Mujeres Santos de los Últimos Días testifican del Salvador”, el sábado, 6 de septiembre.
Las presentadoras — Anne Berryhill, Rachel Cope y Jennifer Reeder (ambos en inglés) — se basaron en historias de los comienzos de la historia de los Santos de los Últimos Días, la Biblia y sus propias vidas.
El poder de recordar
En su presentación “‘Y se acordó Dios de Raquel’: Una nueva perspectiva de la historia de las mujeres”, Cope —profesora de historia y doctrina de la Iglesia en la Universidad Brigham Young— habló sobre la importancia de recordar a quienes a menudo son olvidados.
De niña, Cope leyó un artículo en la revista El Amigo del presidente Spencer W. Kimball (en inglés), donde afirmaba que la palabra más importante del diccionario era “recordar”.
Cope dijo que el artículo le impactó profundamente. Recordar se convertiría en un tema recurrente en su vida, especialmente cuando eligió especializarse en historia, a lo que ella llamaba la “obra de recordar”.

Recordar y ser recordada adquirió un nuevo significado para Cope cuando, tras una complicada cirugía, le diagnosticaron una afección médica grave y dolorosa que requirió múltiples intervenciones.
“El dolor que experimenté durante ese tiempo es indescriptible”, dijo Cope. “Ya no me sentía como una persona”.
Incluso después de las múltiples cirugías, Cope no se curó, ni física ni espiritualmente.
Tras una noche de sueño intranquilo, Cope contó que se despertó temprano por la mañana con las palabras “Y se acordó Dios de Raquel” resonando en su mente.
Las palabras provenían de Génesis 30:22, pero Cope —cuyo nombre de pila es Rachel (Raquel en español) — sintió que era un mensaje solo para ella.
“Cristo estuvo con Raquel en su dolor. Cristo estuvo conmigo, Rachel, en mi dolor”, dijo Cope.

Esta experiencia cambió la forma en que Cope abordaba la historia.
“Para mí, ser historiadora se ha convertido en una labor más sagrada, una obra de remembranza sagrada, una forma de discipulado, una invitación a valorar a la humanidad de maneras más profundas y amplias”.
La fe como poder
Berryhill, historiadora asociada del Departamento de Historia de la Iglesia, habló sobre el poder de la fe en una presentación titulada “‘Poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente’” (Moroni 7:33).
“Para las mujeres Santos de los Últimos Días, la fe no solo les brindó esperanza, sino que también las empoderó para actuar”, dijo.
Berryhill ilustró este principio compartiendo historias de las vidas de las primeras mujeres Santos de los Últimos Días, todas las cuales actuaron con fe durante las dificultades.

Una de esas mujeres fue Josephine Egbert Carter.
Poco después de la muerte de su hijo pequeño, Carter también perdió a su hijastra y esposo. Esto la dejó sola al cuidado de nueve hijos.
Berryhill explicó que, incluso en medio del dolor, Carter sirvió fielmente a la Iglesia, en particular solicitando dinero para el Hospital Primary Children’s de su comunidad rural de Idaho.
“Esta mujer creía en lo invisible, y su fe la impulsó a actuar”, dijo Berryhill. “Debo añadir que la impulsó a servir en una función a menudo ingrata. Sin embargo, su fe le dio una perspectiva que iba más allá de los elogios. Trabajó en silencio y con confianza en su fe”.
Después de compartir historias de otras mujeres, Berryhill resumió todas sus experiencias recordando a la audiencia que el poder de las mujeres provenía de su fe.
“Su fe las empoderó para hacer todo lo necesario: estar solas, seguir presentes, ser madres, perder a sus hijos, llorar y testificar”.
El encargo de explicar y exhortar
La presentación de Reeder, “‘Explicar las Escrituras y exhortar a la Iglesia’: Cómo las mujeres Santos de los Últimos Días del siglo XIX testificaron de Cristo”, se centró en la aplicación de las palabras de Dios a Emma Smith en Doctrina y Convenios 25.
Reeder, especialista en historia de las mujeres del siglo XIX del Departamento de Historia de la Iglesia, se centró específicamente en cómo la escritura y recopilación de himnos y la participación en la Sociedad de Socorro permitieron a las mujeres “explicar las Escrituras” y “exhortar a la Iglesia”.

“Estas actividades redujeron el espacio teológico entre las mujeres Santos de los Últimos Días y su Salvador, a medida que llegaron a confiar en Él y a colaborar con Él”, dijo.
Reeder dijo que la selección de canciones para el himnario original permitió a Emma Smith influir en la adoración de los Santos de los Últimos Días.
Como escriba, transliteró la palabra de Dios al pueblo. Como himnodista, tradujo la palabra del pueblo a Dios. Se convirtió en mediadora de la expresión de adoración hacia y desde Dios y sus hijos e hijas.
Participar en la Sociedad de Socorro también permitió a las mujeres compartir su testimonio y ministrarse mutuamente.
“Practicaron la salvación y se asociaron con Jesucristo”, dijo Reeder.
La presentación concluyó con una sesión de preguntas y respuestas, donde Cope instó a los oyentes “presten más atención a la gente común y corriente”.


