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Aimee Cobabe: Un instante memorable durante la filmación del video de Pascua, ‘Mayor amor’

Imagínense cómo sería —y cómo se sentiría— tener un encuentro personal con el Salvador

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

El video muestra diferentes episodios de la vida de Jesucristo —momentos en los que sanó, enseñó y ministró— y finaliza con la aparición del Salvador resucitado a María Magdalena afuera del sepulcro.

El sentimiento que tuve al mirar el breve video es muy parecido al que sentí cuando estuve en el lugar de la filmación en diciembre.

El rodaje de una de las escenas —Jesucristo sentado en un escalón junto a un hombre— que se extendió durante varias horas, me causó una profunda impresión. Ambos conversaban como dos amigos, a veces reían y a veces se ponían serios.

El objetivo de los directores del video era transmitir de qué manera Jesucristo mostró un mayor amor a lo largo de Su vida, Expiación y Resurrección. Y son los momentos como éste los que transmitieron perfectamente tanto el amor de nuestro Padre Celestial como el de Su Hijo por cada uno de nosotros individualmente.

Imagínense cómo sería —y cómo se sentiría— tener una experiencia similar con el Salvador

Con pesar, experimenté una profunda inquietud ante la idea de ese encuentro —al recordar mis muchos pecados y errores.

En su mensaje de la conferencia general de abril de 2025, la hermana Tamara W. Runia dijo que ella solía distanciarse de Dios y pensar, “Él debe estar muy decepcionado de mí”.

Después añadió: “He aprendido que, si uno espera hasta ser lo suficientemente puro o perfecto para acudir a Salvador, es que no ha entendido bien el punto principal. ... Testifico que, aunque a Dios le importan nuestros errores, le importa más lo que sucede después de que cometamos un error”.

La hermana Runia enseñó que Dios perdona sin avergonzarnos, sin compararnos con nadie o sin regañarnos porque hayamos hecho lo mismo de lo que nos arrepentimos la semana anterior.

“Venir a Cristo es decir, ‘¿Me ayudarás?’, con esperanza, con la certeza revelada de que Sus brazos están siempre extendidos hacia ustedes”, dijo.

Una representación de Jesucristo sentado con un hombre, hablando como amigos.
Una representación de Jesucristo sentado con un hombre, de la información de Pascua 2025 de la Iglesia. | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

La hermana Runia recordó en su discurso que la invitación al arrepentimiento es una expresión del amor de Dios y que decir “sí” a esa invitación es una expresión del nuestro. Esto me trae consuelo y me hace desear ese encuentro personal con el Salvador.

En la conferencia general de abril de 2025, el presidente Russell M. Nelson enseñó cómo nuestra confianza puede “fortalecerse en la presencia de Dios” (Doctrina y Convenios 121:45).

“En las propias palabras del Señor, ¡la caridad y la virtud hacen posible que tengamos confianza ante Dios!”, dijo él.

El presidente Nelson nos invitó a ser pacificadores, a rogar para que la caridad llene nuestro corazón y a adorar con frecuencia en el templo para así fortalecer nuestra confianza ante Dios.

También prometió que “comenzaremos a experimentar un poder espiritual que excede nuestras más grandes esperanzas”.

Estos sencillos pasos son otro consuelo mientras espero el día en que Jesucristo vuelva otra vez.

Mientras estaba en el lugar del rodaje del “Jerusalén” de la Iglesia, fue fácil verme a mí misma como parte de la vida milagrosa de Cristo. Podía imaginarlo caminando junto a Sus discípulos, enseñándoles con Su ejemplo y sanando a quienes acudían a Él.

La historia de los diez leprosos, registrada en Lucas 17, cuenta que alzaron la voz diciendo “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”

Yo también he clamado por el Salvador a lo largo de mi vida innumerables veces —e innumerables veces Él ha respondido. Cuando he puesto mi fe en Él, he confiado en Su poder y he honrado mis convenios con Él, he visto la mano del Señor en mi vida.

Por eso, cuando llegue el día en que Él vuelva y nos reunamos, espero estar entre los que, como el leproso, se volvieron para glorificar a Dios y se postraron a los pies del Salvador “dándole gracias” (Lucas 17:16).

Tal vez, en aquel día, nos unamos en una sola voz para cantar el himno “Asombro me da”.

Comprendo que Él en la cruz se dejó clavar.
Pagó mi rescate; no lo podré olvidar.
Por siempre jamás al Señor agradeceré;
mi vida y cuanto yo tengo a Él daré.
Cuán asombroso es que por amarme así
muriera Él por mí.
Cuán asombroso es lo que dio por mí.

— Aimee Cobabe es una reportera de Church News

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