Las lágrimas corrían por las mejillas y las sonrisas llenaban la sala cuando los Santos de los Últimos Días, que antes habían cruzado océanos para recibir las bendiciones del templo, entraban a una casa del Señor en su propio país. Juliet Toro, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Fiyi, recuerda ese día que tanto anheló, cuando el Templo de Suva, Fiyi (en inglés), fue dedicado a principios del verano de 2000, convirtiéndose en la casa del Señor número 91 de la Iglesia en funcionamiento. Para Toro, la eternidad parecía más cercana a su familia.
El 1° de octubre de 2025 se conmemora el 25.º aniversario de un hito significativo que refleja visión profética, sacrificio y el gozo de pertenecer a través de los convenios. Ese día, menos de cuatro meses después de la dedicación en Fiyi, el Templo de Boston, Massachusetts (en inglés), se convirtió en la casa del Señor número 100 de la Iglesia en funcionamiento desde la Restauración del evangelio, uniendo corazones, naciones y generaciones en sagradas ordenanzas. Su legado continúa hoy, ya que los templos acercan a los hijos de Dios a Él, a su familia y a Sión.
Sacrificio y pertenencia a través de los convenios
Similar a la experiencia de Toro, antes de que se construyeran templos en sus países, muchos Santos de los Últimos Días hacían largos y costosos viajes para recibir las bendiciones del templo. Su fe ejemplificó las palabras del presidente Thomas S. Monson (en inglés) en la conferencia general de abril de 2011: “Ningún sacrificio es demasiado grande” para las bendiciones invaluables del templo. Las casas del Señor, dijo, “están llenas de fe y de ayuno. Se construyen con pruebas y testimonios. Se santifican mediante el sacrificio y el servicio”.

Algunas familias vendieron cosechas, antigüedades u otros bienes para hacer ese viaje único en la vida. Con un templo en su propio país, todo cambió. Los convenios se volvieron accesibles no solo para individuos, sino para familias enteras.
Para Toro, entrar al templo en su país fue más que una comodidad; fue una bendición. Ese mismo gozo resonó en todo el mundo mientras los santos hacían sacrificios para ver la construcción de los templos. Cuando se inauguraron los primeros 100 templos, las familias entraban a ellos con reverencia y paz interior. El recogimiento ya no era solo una idea, sino una realidad viviente de la promesa del convenio: una prueba diaria de que Dios recompensa el sacrificio con fortaleza, gozo y promesas eternas.

Visiones proféticas del recogimiento
Cuando el Profeta José Smith declaró en mayo de 1844: “Necesitamos el templo más que cualquier otra cosa” (Historia de la Iglesia 6:230), estableció una prioridad profética que ha guiado a cada generación de Santos de los Últimos Días.
Los templos son más que edificios de piedra, cemento y vidrio. Son el corazón del recogimiento de Israel. Dentro de sus paredes, las personas y las familias se unen a Dios y entre sí. Mediante las ordenanzas por los antepasados, generaciones enteras se reúnen en el otro lado del velo.
La historia de los primeros 100 templos es una historia de recogimiento: los santos se reúnen más cerca de casa, las naciones se reúnen en Sión y las familias se reúnen a través del tiempo. También es una historia de aceleración. Lo que la Iglesia tardó 150 años en lograr —50 templos dedicados— se duplicó en pocos años. Solo entre 1999 y 2000, se dedicaron 49 templos, ayudando a la Iglesia a alcanzar la meta profética de 100 templos en funcionamiento (en inglés) para octubre de 2000.
Hitos en la adoración del templo
La dedicación del Templo de St. George, Utah (en inglés), en 1877 marcó un hito importante. Por mandato del presidente Brigham Young, las ordenanzas sagradas —que hasta entonces se transmitían de memoria— se escribieron por primera vez. Esto garantizó la precisión, la coherencia y la preservación para las generaciones futuras.

Casi un siglo después, a medida que el evangelio restaurado se extendía por todo el mundo, se alcanzó otro hito. Antes de la dedicación del Templo de Berna, Suiza, en 1955 —el primer templo en Europa y el primero donde el inglés no era el idioma principal—, el presidente David O. McKay encargó al joven Gordon B. Hinckley (los tres en inglés) encontrar una manera para que los Santos de los Últimos Días recibieran las ordenanzas en su propio idioma. Su solución inspirada —presentar las ordenanzas en video— permitió que los fieles de diversas culturas e idiomas participaran plenamente en la adoración en el templo.

Templos más pequeños y el alcance mundial
En la década de 1990, la visión profética impulsó nuevamente la construcción de templos. El presidente Hinckley, entonces presidente de la Iglesia, introdujo un diseño de templo más pequeño (en inglés) que permitía una construcción más rápida y en más lugares. En 1998, fijó el ambicioso objetivo de tener 100 templos en funcionamiento a finales de 2000. Esta visión, que se hizo realidad, representó no solo un avance en la construcción, sino también el recogimiento del pueblo de Dios en convenios sagrados en todo el mundo.
Un crecimiento continuo
Veinticinco años después de la dedicación del centésimo templo de la Iglesia, el ritmo de construcción ha seguido aumentando. Actualmente hay 208 templos en funcionamiento y, sumados a los que están en construcción o anunciados, pronto se superarán los 400. La visión que comenzó con los primeros 100 se ha convertido en una realidad mundial. Desde Ghana hasta Guatemala, desde Filipinas hasta Perú, los santos se reúnen en lugares santos, y millones de antepasados se reúnen en el otro lado del velo.
El difunto presidente Russell M. Nelson enseñó en 2018 que el recogimiento de Israel en ambos lados del velo “lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad” (véase “Juventud de Israel”, Devocional mundial para los jóvenes, 3 de junio de 2018). Los templos —pasados, presentes y futuros— son fundamentales para este recogimiento.
La gran obra del recogimiento
El 25.º aniversario de los primeros 100 templos no solo recuerda lo que se ha logrado, sino que también da testimonio de lo que aún está por venir. Los sacrificios del pasado demuestran que el Señor magnifica cada ofrenda. El gozo de aquellas primeras dedicaciones de templos refleja el ímpetu espiritual del que habló el presidente Nelson.
“El ímpetu espiritual positivo aumenta a medida que adoramos en el templo y crecemos en nuestra comprensión de la magnífica amplitud y profundidad de las bendiciones que recibimos allí”, dijo en la conferencia general de abril de 2022.
Veinticinco años después de la dedicación del templo número 100, hay 208 templos dedicados en todo el mundo, y otros 174 en construcción o anunciados. Con la promesa de más templos por venir, la gran obra del recogimiento continúa: traer a los hijos de Dios de regreso a su Padre Celestial.

