En la exuberante isla tropical de Palaos, donde los paneles narrativos tallados son preciadas reliquias transmitidas de generación en generación, se desarrolla una historia sagrada, no en la madera, sino a través de la silenciosa redención de la vida de un hombre que regresa a sus orígenes.

Situado en el océano pacífico occidental, Palaos está formado por más de 300 islas coralinas y volcánicas y cuenta con unos 22000 habitantes (en inglés). Palaos (en inglés) tiene una rama y 421 Santos de los Últimos Días.

Era una tranquila tarde de domingo de 2025, en el estado de Ngaraard, una de las islas que conforman el país de Palaos, cuando ocurrió un encuentro que ninguna de las partes anticipaba, pero que, sin saberlo, habían esperado durante décadas.
Tobias Kuchad, conocido como Toby, que actualmente tiene 70 años, recibió en su casa a dos misioneros mayores —el élder Scott Lieber y la hermana Kristin Lieber— sin saber que ellos atesoraban fragmentos de su pasado, en el corazón y en su hogar.

El élder y la hermana Lieber comenzaron su servicio en la Misión Micronesia Guam en enero. El élder Lieber sirvió en esa misma misión hace casi 40 años y, como uno de los primeros misioneros en Palaos, escribió (en inglés) una introducción a la lengua (el palauano) y cultura de Palaos para apoyar a los misioneros.
Kuchad comenzó a tallar paneles narrativos cuando era un joven encarcelado. Durante esos años oscuros, dos jóvenes misioneros Santos de los Últimos Días visitaban la prisión con regularidad, informó la Sala de Prensa de Guam/Micronesia de la Iglesia.
No podía recordar sus nombres, pero el sentimiento que le dejaron esas visitas o lo que sintió al leer el Libro de Mormón por primera vez, nunca se borró de su corazón. Le trajo luz; le trajo a Cristo.
Años más tarde, ese mismo espíritu lo impulsó a bautizarse. Se transformó, no solo como hombre, sino también como artista. Su obra pasó de contar leyendas palauanas a representar historias de las escrituras, reflejando la verdad que una vez se le había revelado cuando estaba en una celda.
Mientras el élder Lieber escuchaba la historia de Kuchad, los recuerdos comenzaron a aflorar. Él sirvió como un joven misionero en Palaos entre 1983 y 1984. Su compañero en aquel entonces, el élder Kale Au, le había presentado a un joven tallador que estaba preso. ¿Podría ser él?
Curiosos y esperanzados, los Lieber se pusieron en contacto con su hija en Utah y le pidieron que revisara la parte de atrás de los paneles narrativos tallados que el élder Lieber había traído de su misión décadas atrás.
La respuesta llegó con una foto. En el reverso estaban grabadas las palabras: “Toby K.”.

Tan pronto como se dieron cuenta de quién era Toby K., las lágrimas brotaron de inmediato.
El domingo siguiente, los Lieber regresaron a la casa de Kuchad —esta vez, no solo con los recuerdos, pero con una foto del élder Lieber y el élder Au de cuando fueron misioneros, y
además, llevaron consigo uno de los tallados de Kuchad de los años ochenta. Cuando Kuchad los vio, los reconoció de inmediato, su rostro se iluminó y sonrió al revivir recuerdos que parecían olvidados.

Como preparación para la Santa Cena, cantaron la canción de la Primaria “Hazme andar en la luz”.
Al principio, Kuchad se mostró indeciso, pero se unió claramente en la segunda estrofa. La hermana Lieber dijo después: “[este] ha sido uno de los himnos más puros que he escuchado en mi vida”.

Entonces, como cerrando un círculo que solo el cielo podría haber trazado, el élder Lieber puso sus manos sobre la cabeza de Kuchad y le dio una bendición del sacerdocio —una que declaraba que su talento era un instrumento al servicio de la obra misional.
La bendición declaró que él “compartiría el evangelio de Cristo a través del talento de sus manos”.

Kuchad sintió paz, entonces dijo: “Esta bendición de hoy me demuestra que Dios está consciente de mí, y que esta es la verdadera senda”.
Entonces añadió cuatro palabras que parecían resumir la historia de su vida: “La redención es real”.

Lo que comenzó en la celda de una cárcel con unos versículos del Libro de Mormón se ha convertido en un legado de fe.
A lo largo de los años, las manos de Kuchad han creado imágenes de Cristo, sus milagros y parábolas. Sus tallados cuentan historias, pero más que eso, comparten su testimonio de Jesucristo.

