Recientemente conocí a la madre de un joven que expresó su preocupación por el interés cada vez menor de su hijo en participar en las actividades para los jóvenes.

Ella explicó que, debido a limitaciones físicas, él no puede participar en muchas de las actividades, incluyendo un próximo campamento. Percibía que quienes organizaban las actividades no se preocupaban por él. El joven no esperaba que los demás jóvenes cambiaran todo para adaptarse a él.
Sin embargo, quería ir al campamento, aunque no le fuera posible participar en todas las actividades, como la caminata de todo el día. Le preocupaba que el interés cada vez menor de su hijo en participar pudiera llevarlo a la inactividad en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Mi primer pensamiento al escuchar la situación fue la hermosa historia de Lucas 5 sobre el hombre paralítico que no podía entrar al lugar lleno de gente donde el Salvador enseñaba.
Varios de sus amigos hicieron un agujero en el techo para poder bajar al hombre de su cama y ponerlo donde Cristo pudiera ministrarle. Se necesitaron varias personas para lograrlo. Se necesitó creatividad y coordinación, pero sucedió, y el hombre fue llevado al Salvador.
Consideren qué podrían hacer en sus cuórums y clases para ayudar a todos a participar activamente.
Compartí con esta madre un sitio web que podría ayudar a los líderes y jóvenes de su barrio: disability.churchofjesuschrist.org. También la animé a comunicarse con su hijo, un miembro del obispado, y otros líderes adultos y jóvenes que trabajan con los jóvenes. Quizás no conozcan las opciones disponibles, como que un familiar asista al campamento y atienda sus necesidades, a la vez que le permiten participar en las actividades. También se podría pedir a las presidencias de cuórum que sugieran variaciones en las actividades que permitan a este joven unirse a la diversión.

La clave del éxito es la comunicación abierta entre todos y la disposición no solo a escuchar las necesidades del joven, sino también a trabajar juntos en un plan que logre los objetivos del grupo de jóvenes y permita que cada joven participe al máximo.
Con frecuencia, encontramos oportunidades para que otros jóvenes ministren a sus compañeros con amor y cariño. Estas experiencias pueden tener implicaciones transformadoras para nuestros jóvenes. Dediquen tiempo a invitar deliberadamente a los jóvenes a ministrar a los demás.
El Barrio Mount Mahogany 6 en Pleasant Grove, Utah, sabe cómo hacerlo. El miembro del cuórum Dakota “D.J.” Parker vive con parálisis cerebral y espasticidad muscular, pero le encanta estar al aire libre con otros jóvenes de su barrio.

Cuando planearon una actividad de aventura, D.J. y sus padres, Matt y Tanalyn Parker, se reunieron con los líderes del barrio y de los Hombres Jóvenes, y otros miembros del cuórum, para hablar sobre la mejor manera de involucrar a D.J. en las actividades. Esto requería que Matt y otros líderes o jóvenes caminaran uno al lado del otro o delante y detrás de D.J. durante las caminatas. Hubo momentos en que, literalmente, otros lo cargaban a cuestas.
Reflexionando sobre la increíble experiencia que todos vivieron durante esta actividad, Tanalyn Parker dijo: “La inclusión no es una obra de caridad ni un servicio especial. Se trata de reconocer que cada persona ya pertenece, no por lo que pueda o no pueda hacer, sino porque es un hijo de Dios. Nuestro papel es brindar apoyo y ver a la persona, no a la discapacidad. La inclusión fomenta la empatía, la compasión y el amor semejante al de Cristo. Puede fortalecer a todo el grupo”.
Al planificar campamentos y otras actividades para nuestros jóvenes, recordemos que mediante una comunicación abierta y honesta entre padres/cuidadores, líderes y jóvenes, podemos encontrar soluciones a los desafíos únicos que podamos tener en nuestros cuórums.
— El hermano J. Scott Nixon es miembro del consejo asesor general de los Hombres Jóvenes.
