Por qué alguien elegiría sacrificar y consagrar su vida para apoyar a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?
Pregúntenle al presidente general de los Hombres Jóvenes, Steven J. Lund, y a su esposa, la hermana Kalleen Lund.
“La recompensa siempre vale la pena, siempre”, dijo la hermana Lund en un episodio reciente del podcast Church News.

El presidente Lund, quien fue anunciado como presidente general de los Hombres Jóvenes en la conferencia general de abril de 2020, y la hermana Lund han servido al Señor durante muchos años y en diversas funciones, incluyendo como líderes de la Misión Georgia Atlanta (2003-2006).
La pareja se refiere a su misión como un “programa de milagros diarios”.
“Ese es el milagro de la obra misional”, dijo el presidente Lund. “De hecho, vives justo donde la teoría se pone en práctica, donde la transformación está en marcha, donde las chispas del cielo se unen a las vidas humanas. Y es algo realmente asombroso de presenciar”.
Sin embargo, su legado de servicio y sacrificio comenzó mucho antes.
Aprendiendo a entregar todo al Señor
Cuando los Lund eran estudiantes recién casados y padres jóvenes, por fin estaban a punto de tener suficiente dinero para dar el enganche de una casa.
“Nuestros sueños se estaban haciendo realidad”, dijo la hermana Lund.
Mientras los Lund se preparaban para comprar una casa, su obispo se acercó a ellos y les pidió a la pareja que hicieran una donación para la reparación del órgano del barrio. La cantidad que pidió el obispo era prácticamente todo lo que los Lund tenían en su cuenta bancaria, dijo la hermana Lund.
“Y fue como, ‘Vaya,’” dijo ella. “Esperamos mucho tiempo para que estos sueños se hicieran realidad. Y, sin embargo, para mí, ni siquiera hubo una duda”.
El presidente Lund admitió que dudaba un poco más en donar sus ahorros.
Le dije: ‘Bueno, pensé que podríamos darle $100 dólares’. Y (la hermana Lund) dijo: ‘¿El obispo te pidió $500 dólares ¿y tú dijiste que podías darle $100? Yo creo que no. No creo que así vayamos a vivir nuestra vida’”.
Esa experiencia sentó un precedente en sus vidas.

“Estableció un modelo que ha sido importante en nuestras vidas”, dijo el presidente Lund, “de que nuestra vida, nuestra vida profesional, nuestra vida eclesiástica tiene que ver con algo más”.
Confiar durante las pruebas
Desarrollar esa confianza en el Señor resultó ser muy importante cuando Tanner, el hijo de 9 años de los Lund, desarrolló cáncer.
La pareja dijo que tenían fe en que su hijo pequeño sanaría. A pesar de ello, finalmente falleció.
El presidente Lund y la hermana Lund coincidieron en que esta experiencia les permitió aprender algo.

“No creo que (nuestro Padre Celestial) provoque el cáncer”, dijo el presidente Lund. Vivimos en un mundo caído. Así que Él no causa estas cosas, pero tampoco las desperdicia. Cuando Sus hijos sufren, Él les da sentido. Y si tan solo prestamos atención, ese significado puede animar nuestras vidas”.
Sirviendo a los jóvenes
Durante su mandato como presidente general de los Hombres Jóvenes, él y la hermana Lund han visto niveles similares de dedicación y fe en los jóvenes Santos de los Últimos Días de todo el mundo.
“Estos no son los futuros líderes de la Iglesia”, dijo el presidente Lund, “ellos están liderando ahora mismo”.

Para ilustrarlo, el presidente Lund relató la historia de una clase de Seminario en una zona remota de Misuri.
Una vez a la semana, el grupo se reúne a las 3:00 h, para ir al templo, realizar bautismos vicarios y regresar a casa, todo antes de ir a la escuela.
“Es una demostración asombrosa de discipulado, pero es emblemática de los tipos de devoción, la comprensión y la brújula interior que vemos en nuestros jóvenes de todo el mundo”, dijo el presidente Lund.
Reflexionando sobre el servicio
Ahora, al finalizar la asignación del presidente Lund como presidente general de los Hombres Jóvenes, él y la hermana Lund reflexionan sobre lo que han aprendido en los últimos cinco años.
El presidente Lund enfatizó el papel de los jóvenes en el recogimiento de Israel en preparación para la segunda venida del Salvador.
“Mi generación, las generaciones posteriores, están criando a esta generación, quienes a lo largo de su vida, su ministerio y su servicio verán crecer a la Iglesia no solo un orden de magnitud pero algo más que eso, y con una conclusión aún más grandiosa”, dijo el presidente Lund. “Porque Él viene. Y eso es lo que sé. Sé que Él viene”.
La hermana Lund también testificó sobre la Segunda Venida del Salvador.
“Sé con certeza que nuestras oraciones, colectivamente como Iglesia, no son en vano”, dijo. “Es esencial que oremos en cada oportunidad que tengamos para sostener esta gran obra, porque Dios viene. Él viene, y quiero estar allí. Quiero ser parte de ello”.


