Mullah Ahmed — cuyo nombre ha sido cambiado — su esposa y sus nueve hijos huyeron de su hogar en Jalalabad, Afganistán, en agosto de 2021, poco después de la transición de gobierno.
Se mudaron a una casa en Kabul que fue abandonada por su propietario el cual huyó del país durante la toma del poder por parte de los talibanes. Muchas familias desplazadas viven en esos hogares y cuidan la propiedad con la bendición del dueño.
“Los inviernos son duros aquí cuando cae la nieve. No tenemos suficientes mantas y nuestra estufa es vieja”, compartió Ahmed.
Ahmed y su familia se encuentran entre los más de 800 000 afganos que fueron desplazados recientemente dentro de su propio país.
Los afganos constituyen una de las mayores poblaciones de refugiados del mundo: más de 40 años de conflicto, desastres naturales, pobreza crónica e inseguridad alimentaria han obligado a 6.3 millones de personas, casi el 16% de la población total del país, a huir de sus hogares, explicó Lacey Stone, director principal de alianzas en USA for ACNUR (en inglés).
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está apoyando a ACNUR [Agencia de la ONU para los Refugiados] para ayudar a las personas desplazadas en Afganistán, especialmente a las familias, ya que el 80% de los afganos desplazados recientemente son mujeres y niños.
Ahmed es una de las 836 000 personas necesitadas que recibieron ayuda financiera de ACNUR en 2021. Ahmed dijo que con el dinero pudo comprar mantas y comprar combustible.
“La ayuda financiera es muy importante porque mi trabajo se suspende en invierno porque no hay construcción”, dijo Ahmed. “Así que lo necesitamos para comprar comida y también ropa para el frío para los niños”.

ACNUR también se movilizó rápidamente después del terremoto del 22 de junio, distribuyendo a los sobrevivientes suministros y artículos clave para el hogar. La organización continúa brindando apoyo vital a las personas desplazadas por el desastre, dijo Stone.
¿Cómo trabajan juntos la Iglesia y USA for ACNUR?
Stone dijo que la Iglesia “es un socio de hace mucho tiempo, constante y generoso” con USA for ACNUR. La Iglesia y ACNUR han estado asociado desde 1991.
“Esta es una relación que USA for ACNUR no da por sentada”, dijo ella. “Es lo que nos sostiene mientras trabajamos por establecer nuevas asociaciones y sirve como un excelente ejemplo para otras organizaciones y fundaciones religiosas que están considerando apoyar nuestro trabajo”.
A principios de este año, la Iglesia donó 2 millones de dólares a ACNUR para ayudar a las personas desplazadas por la crisis humanitaria en Ucrania. Se proyectó que la donación ayudaría a unas 40 000 familias desplazadas. La Iglesia también incluyó nuevamente a USA for ACNUR en las Máquinas Expendedoras de Caridad de este año.
Pero no se trata solo de la cantidad de dinero, dijo Stone, sino de la consistencia de las donaciones y la dedicación para brindar ayuda a los desamparados.

La colaboración entre organizaciones religiosas y grupos sin fines de lucro funciona muy bien porque generalmente están alineados en su compromiso de ayudar a los necesitados, dijo ella.
“Las comunidades religiosas suelen ser las primeras en responder a las personas, las familias y las comunidades en las etapas iniciales de una crisis humanitaria”, dijo ella . “Responden en virtud de su presencia, conocimiento local, redes y activos en algunas de las áreas más aisladas y remotas”.
ACNUR ha tomado medidas para formalizar las mejores prácticas de colaboración con organizaciones religiosas como la Iglesia, con una declaración de principios llamada “Dando la bienvenida al extranjero”, proporcionando recursos para trabajar juntos.
Stone citó las palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi: “Mientras las guerras, los conflictos y la persecución continúan obligando a las personas a huir de sus hogares, buscamos el apoyo de los líderes religiosos y sus comunidades. Son fundamentales no solo para respaldar y apoyar a los refugiados durante su desplazamiento, sino para abordar las verdaderas causas que dieron lugar a su huida”.

El futuro en Afganistán
Stone dijo que la crisis humanitaria en Afganistán se prolonga y empeora.
“El hambre y la violencia están en todas partes. Más de la mitad de la población se enfrenta al hambre extrema”, dijo ella.
El acceso a la educación, la vivienda y el combustible para la calefacción es limitado. Afganistán también ha experimentado numerosos desastres naturales en 2022, incluyendo la sequía, un gran terremoto e inundaciones repentinas. Pero crisis como la de Afganistán “han quedado fuera del ciclo habitual de atención de los medios de comunicación”.
Stone dijo que cualquier donación salvará vidas y brindará esperanza a millones de refugiados en todo el mundo.
Con la llegada del invierno, Stone dijo que ACNUR ha intensificado significativamente su alcance con asistencia específica para ayudar a las familias a sobrevivir. La ayuda crítica incluye artículos para el hogar como mantas, estufas, lámparas solares, kits de insolación y refuerzos para la calefacción, ropa y suministros domésticos vitales.
“ACNUR está comprometido a permanecer y cumplir en Afganistán”, dijo ella.

