La semana pasada, me senté en la Catedral Nacional de Washington y escuché atentamente al primer Profeta que habló en ese lugar.
La noche del 16 de septiembre, el presidente Dallin H. Oaks habló sobre la libertad religiosa e invitó a las personas a participar en la protección de los derechos religiosos de todos. Más temprano ese día, en vísperas del Día de la Constitución en los Estados Unidos, escuché a expertos en derecho analizar los orígenes del derecho de conciencia en el país.
Los discursantes reunidos en Washington, D. C., citaron a los presidentes de los Estados Unidos George Washington, Thomas Jefferson y James Madison. También repasaron los distintos niveles de participación religiosa de ellos y de otros Padres Fundadores de los Estados Unidos.
Las citas de discursos y cartas de esos líderes ilustraron sus creencias compartidas sobre la libertad de pensamiento. También mostraron que ninguno de ellos afirmaba saber exactamente cómo preservar esas libertades. Los mensajes de aquellos primeros líderes estadounidenses también mostraron cuán diferentes eran sus opiniones sobre el camino correcto a seguir.
Este año, los Estados Unidos celebraron su 250.º aniversario como país. Sin embargo, la Constitución de los Estados Unidos no fue ratificada sino hasta doce años después de que el país declarara su independencia. Y la votación para ratificarla no fue unánime.

En junio de 1789, poco después de ser elegido y tomar posesión como presidente de los Estados Unidos, Washington escribió una carta a las congregaciones hebreas de Savannah, Georgia.
“Que la misma Deidad obradora de maravillas, que hace mucho tiempo libró a los hebreos de sus opresores egipcios y los estableció en una tierra prometida —cuya intervención providencial se ha manifestado recientemente al establecer a estos Estados Unidos como una nación independiente— continúe regándolos con el rocío del cielo y haga que los habitantes de toda denominación participen de las bendiciones temporales y espirituales de aquel pueblo cuyo Dios es Jehová”, escribió Washington.
El presidente Oaks, en sus palabras en la Catedral Nacional de Washington, llevó este principio un paso más allá. Utilizó la palabra “todos” 21 veces: justicia para todos, libertad para todos, unidad entre todos, equilibrio para todos, respeto entre todos y paz entre todos.
Washington tenía razón al decir que el Padre Celestial ha bendecido a los Estados Unidos de América. Y el presidente Oaks ha trazado un camino que muestra cómo Dios también bendecirá a todos Sus hijos —dondequiera que se encuentren— a medida que se esfuercen por trabajar juntos por el bien común.
Los Estados Unidos, dijo el presidente Oaks, tienen sus raíces en personas que llegaron de diferentes países, que representan diferentes grupos étnicos y que apreciaban profundamente diferentes creencias. Al formarse el país, el objetivo no era homogeneizar esas características y creencias.
“Nuestra generación fundadora, a la que honramos en este 250.º aniversario, procuró estar unificada por una nueva Constitución y leyes”, dijo.
Llegar a acuerdos a veces puede ser difícil de aceptar cuando las personas sienten que sus posturas son absolutamente correctas. Admito que en ocasiones me he sentido así como esposo, padre, hijo y vecino. Llegar a acuerdos no siempre es fácil. Tampoco es algo inherentemente malo.
“Lejos de ser una debilidad, conciliar posturas opuestas mediante la negociación respetuosa y la formación de coaliciones es una virtud”, enseñó el presidente Oaks.
Dijo que este tipo de conciliación se logra demostrando respeto mutuo, procurando comprenderse unos a otros y negociando de buena fe.
Sentí cierta culpa al escuchar al Presidente de la Iglesia describir este proceso. No he sido lo suficientemente bueno al hacerlo. No he sido lo suficientemente paciente al hacerlo.
Y aquí estoy, una semana después, volviendo a leer las palabras del presidente Oaks. A veces tenemos que convivir con ese sentimiento de inquietud. A veces tenemos que dejar que una enseñanza difícil madure en nuestro interior o que arda un fuego purificador. Sentí ese calor esta semana. Estoy agradecido por un Profeta que estuvo dispuesto a impulsarme, y a todos nosotros, a ser mejores. Estoy agradecido por los ejemplos que dio y por el camino que mostró para ayudarme a encontrar la conciliación.
“Se trata de procurar comprender las necesidades profundas y los compromisos profundos de ambas partes y luego forjar soluciones que produzcan paz y justicia para todos”, dijo el presidente Oaks como parte de su conclusión.
Espero ser, de ahora en adelante, un oyente lo suficientemente bueno como para escuchar esas necesidades profundas y comprender los compromisos profundos de quienes ven las cosas de manera diferente a mí.
Porque todos los hijos de Dios merecen ese mismo trato.
— Jon Ryan Jensen es el editor de Church News.
