Nota del editor: En marzo de 2026, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días publicó en la Biblioteca del Evangelio 10 breves videos de análisis dirigidos a las mujeres, los cuales presentan a las 10 miembros del consejo asesor general de la Sociedad de Socorro
Las miembros del consejo escribieron sobre los cinco temas de los videos para el Church News. Este es el cuarto de cinco artículos y trata sobre el tema “Mantenerse firme al afrontar ofensas, daños o pruebas”. Lea la primera parte sobre “Hallar fortaleza y alivio en Jesucristo” aquí y la segunda parte sobre “Gestionar prioridades en conflicto” aquí y la tercera parte, sobre “Desarrollar la resiliencia emocional” aquí.
A veces queremos que nuestros líderes nos ofrezcan perfección, y a veces exigimos esa misma perfección de nosotras mismas. Nos hemos dado cuenta de lo difícil que puede resultar esa expectativa — especialmente cuando es contraria al plan del Evangelio. El Evangelio nunca tuvo por objeto producir una perfección instantánea; por el contrario, invita al crecimiento, a la comprensión, a la paciencia y al amor mutuo.
Hermana Elaine Thornton: Aprendí esto a través de una experiencia difícil con un líder, la cual tuvo implicaciones muy dolorosas para nuestra familia. Durante un tiempo, me aferré con fuerza a la herida. Repasaba la situación una y otra vez en mi mente y luchaba por encontrarle sentido. Sin embargo, con el tiempo tuve que detenerme y mirar hacia mi interior. Recuerdo haber pensado: “Él es realmente hiriente; pero tal vez yo también he herido a otras personas. Tal vez he dicho o hecho cosas que han lastimado a alguien más”. Llegué a reconocer que yo también tengo mis propias imperfecciones.

Esa toma de conciencia ablandó mi corazón y me llevó de regreso a los cimientos de lo que sé. En muchos sentidos, aquella experiencia dolorosa me impulsó hacia el Señor de una manera más profunda y significativa. De no haber sucedido, tal vez no habría regresado de forma tan intencional a mis fundamentos espirituales.
A través de ese proceso, noté que crecía en mí el deseo de conocer a mi Padre Celestial y a mi Salvador de una manera más personal. Y la razón por la que deseo conocerlos es sencilla: quiero llegar a ser más semejante a Ellos.
Debido a esto, cuando pienso en nuestras reuniones en la Sociedad de Socorro y en la manera en que deliberamos juntas como mujeres, siento el impulso de extender una firme invitación para animarnos a todas a acercarnos un poco más.
Acérquense a la hermana que no piensa como ustedes. Acérquense a aquella que tal vez esté luchando con su testimonio. Acérquense a la hermana que ha pasado recientemente por un divorcio, o a aquella que se pregunta en silencio si todo esto vale la pena.
Si hacemos eso, creo que llegaremos a ser más útiles para el Salvador. Comenzaremos a aprender a hacer lo que Él hace.
Hermana Eme Martin: Al apoyarnos en nuestra hermandad y compartir parte de nuestro corazón unas con otras, hallamos un sentido de pertenencia y sanación. Cuando considero los momentos en los que mi corazón fue herido por una ofensa, busco primero recordar que nuestro Salvador y Redentor también sufrió “dolores, aflicciones y tentaciones de toda clase” (Alma 7:11). Jesucristo experimentó esta vida para conocer personalmente los desafíos de la mortalidad, a fin de que “sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:12). Al recordar el sufrimiento de nuestro Salvador, me esfuerzo por tener presente que no estoy sola con las cargas que llevo, y que tampoco lo están los hermanos y hermanas con quienes me encuentro.

El difunto élder Neal A. Maxwell, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió una perspectiva extraordinaria sobre este tema: “La Iglesia es ‘para la perfección de los santos’ (Efesios 4:12); no es un hogar de reposo bien abastecido para los que ya han alcanzado la perfección. Asimismo, algunos olvidan la realidad de que, en el reino, somos el ‘material clínico’ los unos de los otros; el Señor nos permite practicar los unos con los otros, incluso en nuestras imperfecciones” (véase “ofendido”, conferencia general de abril de 1982). En este laboratorio de aprendizaje que es la vida, experimentaremos e infligiremos dolor unos a otros de forma inherente; es una especie de riesgo laboral de nuestra condición mortal. Sin embargo, debemos determinar mediante la oración y, aunque resulte doloroso, cómo seguir adelante junto al Salvador.
El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, declara: “Ustedes y yo no podemos controlar las intenciones ni el comportamiento de otras personas. Sin embargo, sí determinamos cómo actuaremos nosotros. ... Uno de los mayores indicadores de nuestra propia madurez espiritual se revela en la manera en que respondemos ante las debilidades, la inexperiencia y las acciones potencialmente ofensivas de los demás. Una cosa, un acontecimiento o una expresión pueden ser ofensivos, pero ustedes y yo podemos elegir no ofendernos” (“Y no hay para ellos tropiezo”, conferencia general de octubre de 2006).
Cuando nos encontramos en el laboratorio de aprendizaje de nuestra comunidad de la Iglesia, podemos elegir recordar a nuestro Salvador y permitirle que nos socorra. Podemos elegir recordar nuestro círculo de hermandad y permitirle que nos sostenga. Podemos elegir recordar el consuelo que se halla en guardar nuestros convenios y permitir que las promesas nos fortalezcan a través de las dificultades, incluyendo los malos tratos. En lugar de lo amargo, podemos elegir la mejor parte.
— La hermana Elaine Thornton y la hermana Eme Martin son miembros del Consejo Asesor General de la Sociedad de Socorro.

